«Balada de los esqueletos», de Allen Ginsberg

Balada de los esqueletos de Allen Ginsberg sirve para dignificar la buena intención del poeta beat dejar un mensaje claro, humanizador y transparente.

Juan Arabia

 

 

Balada de los esqueletos fue publicado por primera vez en 1995 en la revista The Nation, y podría decirse que fue el último intento de Allen Ginsberg (1926-1997) ―ya estaba muy delicado de salud, y moriría casi al año siguiente― de dejar por escrito algo sencillo y a la vez representativo de su visión fundamentalmente crítica y contracultural de los valores imperantes de su época.

Para su mejor fortuna, en términos de circulación y reproducción, en octubre del mismo año Ginsberg visitó a Paul McCartney y su familia en su casa en Inglaterra. Recitó el poema mientras una de las hijas de McCartney lo filmaba. Ginsberg mencionó que tenía una lectura programada en el Royal Albert Hall de Londres y que estaba buscando un guitarrista que lo acompañara. “¿Por qué no me pruebas?”, dijo McCartney, “me encanta el poema”. Tras la lectura, a la que el músico asistió de forma entusiasta, McCartney le dijo que si alguna vez lograba grabarla, se lo hiciera saber. 

La grabación, finalmente, fue producida por Philip Glass y Lenny Kaye, guitarrista del Patti Smith Group, quien había reunido a un grupo de músicos para interpretar la canción en un evento benéfico de Tibet House en abril de 1996.

El poema está configurado como una serie de diálogos entre arquetípicos “esqueletos” (inspirados en la festividad mexicana del Día de los Muertos) que representan diferentes facetas y divisiones de poder en la sociedad. El símbolo más potente del poema es, por supuesto, el propio esqueleto. No es solo una representación de la muerte, sino un crudo recordatorio de la decadencia moral y espiritual de la sociedad.

A partir de estos diálogos, Ginsberg construye un entramado de correlaciones fundamentales entre la base económica y la superestructura cultural, focalizándose principalmente en los Estados Unidos, y en donde términos como “publicidad”, “medios de comunicación”, “Fondo Monetario Internacional”, “Banco Mundial”, “CIA”, “Poder ejecutivo” y “Corte Suprema”, resultan intercambiables. Todos, en definitiva, se reducen a la misma forma esquelética: “Dijo el esqueleto neoconservador:/ En la calle ni un solo pordiosero./ Y dijo el esqueleto del mercado:/ Que los hagan puchero.”; “Dijo el esqueleto del Banco Mundial:/ ¡A talar la espesura!/ Y dijo el esqueleto del Fondo Monetario:/ Más comida a la basura.”; “Dijo el esqueleto del New York Times:/ No puedo publicar el reportaje:/ Y dijo el esqueleto de la CIA:/ ¿Captaste mi mensaje?”; “Dijo el esqueleto de los grandes canales:/ Hoy mentiremos más./ Y dijo el esqueleto de las publicidades:/ ¡Que no aprendan jamás”. 

Las cuestiones de género y raza, ecologismo, derechos humanos, así como el uso de drogas, son otras de las constantes defensas promulgadas por el autor, ya presentes en su poema más famoso ―Aullido aunque ahora abordadas de una manera más amplia y directa: “Dijo el esqueleto homófobo/ A los gays dales fuerte./ Y dijo el esqueleto del patrimonio histórico:/ Negros, qué mala suerte”.

La reciente edición, en traducción de Andrés Neuman, tiene el plus de gratificación del que, sin traicionar los sentidos del poema original, logra emular y adaptar (considerando la limitación léxica de nuestro idioma, comparándolo al menos con el inglés) las rimas y otros juegos auditivos de Balada de los esqueletos.

 

Allen Ginsberg: ‘The Ballad of the Skeletons’ | The Nation

 

Teniéndolo todo, en cierto sentido potencial, Balada de los esqueletos como canción (y como libro) no logró mayor repercusión, ni se consolidó como parte indispensable del canon de la literatura beat. 

Un posible error de la contracultura es pensar o creer que puede ganar una batalla en función de lo que dictamina o funciona en el mismo mercado. Como si la literatura beat se hiciera más fuerte por enajenarse con la beatlemanía y sus aspectos más estériles (hasta el mismo Lennon había vislumbrado los cercos de ese árbol). 

Posibles errores, o no, el libro no es lo suficientemente fuerte (como Kaddish o Aullido) salvo por su utilidad, que sirve para dignificar la buena intención de Ginsberg de dejar un mensaje claro, humanizador y transparente.

 

 

 

Texto publicado en Revista Ñ,  «Allen Ginsberg baila con los esqueletos», 3 de enero de 2026 | Allen Ginsberg, Balada de los esqueletos. Traducción de Andrés Neuman, La Bella Varsovia / Anagrama, 2025, 96 p.