José Rogelio Chavez Gómez es un poeta mexicano nacido en la Ciudad de México. Comunicólogo de profesión, poeta y escritor por maldición. Cuando joven descubrió en la palabra un mecanismo para comprender la vida y a sí mismo. Ha publicado poemas y cuentos en diversas revistas electrónicas y antologías de poesía.
DIONISIO
Viene y va en suspiro cauto,
imaginación de los días de inocencia,
regando en todos los hijos,
semillas de árboles frondosos y prado verde,
a la sombra de la tierra prometida.
Prepárate para el ocaso,
asoma la luna coronada en ausencia,
sus labios son el fulgor que alumbra
la oscuridad que rodea,
cayendo lentamente en su sueño,
pestilente es el estómago de la bestia.
Abre tus ojos,
suelta tu deseo,
la faena que dure cien años,
sin contemplación o temor,
semillas de amor,
semillas de fuego,
un mundo que arde sin razón.
No todo es una advertencia,
bajo la tutela de voces roncas o claras,
en casa de los amantes de invierno,
dónde quedaron las rosas, las uvas, la carne,
los días condenados,
los secretos a escondidas,
esos años frágiles en la memoria,
vertidos como el mejor vino.
Marca las paredes con sangre,
de otro cuerpo y ya,
un pétalo de orquídea espera caer,
en favor de tu corona opaca,
escribe con cera quemada,
la suavidad de tus ojos,
tan superficial y templada.
Descienden las temporadas,
con ardor, temple o ventisca,
a manos llenas con el tiempo,
una historia infinita de alas rotas,
abanicos de este mundo,
coro de corazones vacíos repitiendo:
“es todo imaginación,
las semillas de amor,
las semillas de fuego,
las curvas de una sonrisa
que arde sin razón.”
PSICOPOMPO
Habré dormido en alas de un ángel,
cuando mis párpados no se abran
a la luz nunca más.
Habré esperado hasta la medianoche,
para mirar los ojos del cegador.
El sol detenido por la eternidad,
más allá del abismo,
guía inequívoca de mi destino,
aun si resulta un sueño,
una fantasía vana…
He perdido mis piezas,
fuera del tablero,
de esta vida tan momentánea,
los parpadeos, las risas,
bajo el agua,
rasguñando las capas
del silencio,
largas e inconclusas.
Dormido en esta habitación,
resbalan mis lágrimas hacia la almohada,
acallando para siempre la voz,
los suspiros, los gritos,
quiero sanar con su frondoso racimo,
los segundos que se deslizan
hacia la nada.
Vida,
vida que adoro,
cuánto duele mi corazón,
tras un arrebato de cólera,
postrado en esta cama,
lo que siempre deseé
un cielo negro,
las sábanas húmedas,
arrancándome los ojos,
las tripas,
las alas,
el éxtasis
en un suspiro.
A dónde vamos,
con una mano sobre la otra,
a la deriva,
en el brillo tras su
inefable aleteo…
LA PIRÁMIDE
Escúchame,
si me distingues en el eco,
mírame,
esperando al pie de la escalera,
colérico e invidente,
una luz viene en reversa,
desde el suelo al cenit,
en colores que no son.
En su cresta,
la pirámide aguarda un secreto,
arena, tesoro, palabra,
la corona dorada,
este corazón desea,
temor y furia,
corriendo de punta a punta
las extremidades,
este corazón obtendrá
una estrella que cae,
con su punta sobre la tierra.
Es la carne frágil recipiente,
para el espíritu,
con ánimo de perderse,
donde la noche respira,
sucumben los sentidos
al calor de la negrura,
frente a mil opciones,
el mismo camino…
descenso.
Pirámide que respira,
ominosa,
cúspide de luz,
aciaga bestia de fuego,
pirámide que respira
y está abierto,
abierto,
su tercer ojo.

UN ACOGEDOR PÁRAMO DE CONVENIENCIAS
Buenos Aires Poetry, 2026
86 pp.; 13,34 cm x 20,32 cm.
ISBN 978-631-6688-56-9
Poesía México

