Neal Moriarty (Quito, 1988) es fundador de la revista Matapalo, firmante del Movimiento Terror Latinoamericano, periodista de Grupo El Comercio. Su obra ha ganado la Categoría Dolores Veintimilla del Premio Benjamín Carrión, Primera Mención de Honor en el Concurso Nacional David Ledesma (Ecuador), Segunda Mención Honrosa en el Concurso Gonzalo Rojas Pizarro (Chile), y apareció en publicaciones de Argentina, Chile, México, Canadá y Venezuela. Master en Creación Literaria (Universitat Pompeu Fabra).
El trino del diablo es un artefacto poético singular dentro de la literatura ecuatoriana y latinoamericana contemporánea. Neal Moriarty (Quito, 1988) construye un sofisticado mecanismo metaficcional —mediante el uso deliberado de neologismos y fórmulas rítmicas— que no solo rinde homenaje a la tradición oculta y mística de su país, sino que además ofrece una liturgia de la desolación caracterizada por un lirismo sombrío, un riguroso saber esotérico y una imaginería visual que entabla un diálogo explícito con las atmósferas de Lautréamont y Georges Bataille.
—Juan Arabia
SALTERIO DEL ESPASMO
Eglogación lakia (primera visión)
En el templo de las deidades ctónicas. En el templo de los
tiranos.
Veo un cielo ennegrecido, un conjunto de nubes que no
obedece a patrones,
los sacerdotes de la náusea se congregan en rebaños: huele a
estiércol-amatista.
Se saludan entre ellos haciendo con sus cuerpos un doblez
contranatura
que encanta a las criaturas presentes hasta volverse un infinito
cordón de espasmos,
como nudos de cabello de hembra y alfabetos cuneiformes,
como un ojo que implosiona y se pudre
en un alarido proveniente de una dimensión sin cópula,
hasta que vitrales de rosetones góticos se hacen polvo,
como cenizas para ser inhaladas por fosas nasales de tordos
de sal
convertidos en autómatas. La montaña erupciona plomo
fundido
y se recogen las limaduras de estaño, las hebras y virutas de
piel humana
hasta conseguir un corazón de espanto, de noche rota y
aguacero de vulva.
Hasta que un reloj de arena sea puesto en duda cuando caen
ovejas petrificadas.
Tremores, tuétano de penumbra, de papel de arroz y cáscara
de mercurio.
El ébano reina y los enanos se persignan por la pesadilla que
es invocada.
Plinio de Moloch (segunda visión)
Balbucea quien preside la misa. Es Plinio, fraile dulcinista:
«Cuenta hacia atrás, como caminan los invertidos y los cangrejos:
los asistentes esperan. ¿Qué hace el cierzo viniendo del sur?
Un perenne quejido de garganta, algodón entrelazado (arterias
de pez erizo).
Provenimos del abismo, de la palma agujereada de un buda
agónico
que mastica el universo en una espiga que esparce copos de
tierra.
Escupe éter místico cuando los sellos dibujados en el aire se
materializan
y los colores pierden sus nombres si son nombrados por los
animales.
Así, el eco se hace secreto y el caos emerge al invocarlo con
ayuda de gemidos.
Así es como se canta la melodía oscura que arrulla al cosmos.
Así, voces primigenias en la mente adormecen al deformado
por la caricia de un alfarero sumerio, resucitado por este rezo
de un grimorio pagano, y las historias se convierten en
laberintos,
en símbolos sagrados, porque las pupilas son de cuarzo
y los párpados son hierro que hierve en la boca del centauro.
Piernas quebradas en un celeste altar de esfinges,
demonios cabros y rodillas pellizcadas en un canto pesado».
Ulucordio lilósfero (tercera visión)
Un terso trino sale de una garganta rota, también cordones
sucios,
representan a todos los gallos madrugadores que transparentan
una fórmula alquímica.
Todo va apelotonándose hasta ser un círculo de imanes de la
India.
Raíces exprimidas, guardadas en un cuenco de cal
dentro de un orbe pestilente de vidrio.
Aullidos guturales escritos en un pentagrama sónico,
que se asemeja a un mapa indescifrablemente hermoso.
Ciencia arcana que contiene variaciones y enigmas,
melodías para sordos,
que perecen en el estertor de la vida microscópica,
que multiplican máscaras andróginas de insectos disecados,
y dividen cuerpos licuados. Un infinitésimo espacio oscuro.
La melodía se vuelve una permutación eterna:
es la condición de posibilidad ineludible,
hasta que cualquier belleza imaginada por un cerebro
coagulado
se reduzca, intratablemente, a una compleja disonancia
Grotones gangrelios (cuarta visión)
Lo vi, sin querer. Los ojos casi brotan de sus cuencas.
En el fondo del mar se retuercen las alimañas abisales
que alimentan las pesadillas de todos los herejes.
Lagos de un líquido para embalsamar cadáveres y remojar
bocas:
orificios que eructan, que hablan en idioma de alfabeto
excomulgado,
que chillan como un espanto abandonado en un desierto.
Todo se ordena en una secuencia de puntos suspensivos,
de plasta de araña que queda como rastro de miga de pan,
una simetría que puede estamparse en el aire
con tal de generar luz y sombra en una dimensión de llamas
fatuas.
Un reino en el que está enterrada la primera mujer
quemada en una hoguera por brujería:
cuerpo que tienta, que no se puede matizar,
sino convertirse en eco,
en deseo sexual de una imaginación siniestra,
una visión que florece en mortecinas manos.
El trino del diablo
Buenos Aires Poetry, 2026
84 pp.; 13,34 cm x 20,32 cm.
ISBN 9798177672250
Poesía Ecuador

