«Pregun-tas a Mark FORD», en Buenos Aires Poetry N°3

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El poeta británico, Mark Ford (1962), realizó sus estudios en la Universidad de Oxford y en la Universidad de Harvard, doctorándose con un trabajo sobre la poesía de John Ashbery.

Profesor de Inglés en el Departamento de Lengua y Literatura Inglesa (English Language and Literature at University College London) de la Universidad de Londres, colabora habitualmente en New York Review of Books, Times Literary Supplement y en London Review of Books.

Entre sus volúmenes de poesía se incluyen: Landlocked (Chatto & Windus, 1992; 1998) Soft Sift (Faber & Faber, 2001/Harcourt Brace, 2003) Six Children (Faber & Faber, 2011), Selected Poems (Coffee House Press, 2014).

Las siguientes preguntas intentan recobrar y presentar a los lectores de lengua hispana algunos de sus trabajos poéticos, así como perseguir la senda de las viejas y las nuevas tradiciones —devenidas, principalmente, de específicas y alternativas formaciones— de la poesía norteamericana: el diálogo —todavía existente— entre los Beats, los Confesionalistas, y la Escuela de Poesía de Nueva York.

J.A: Cuando John Ashbery respondió —en la entrevista publicada en el primer número de Buenos Aires Poetry— sobre las “Tres clases de poesía” propuestas por Ezra Pound, dijo que nunca había sido un gran lector de la obra de Pound, aunque sí consideraba “las tres clases…” como relevantes en el contexto y emergencia de la poesía contemporánea. Me gustaría saber su opinión respecto a las “tres clases”, específicamente en el campo de la crítica literaria contemporánea.

M.F: Te refieres a melopoeia, phanopoeia y logopoeia – ¡No serán tipos de términos que deja a la gente, ciertamente gente como John, “fuera” del ámbito crítica literaria!

Supongo que en el contexto del discurso académico y de enseñanza estos términos pueden ser muy útiles, pero sobre todo si uno está hablando de la modernidad. Logopoeia es, para mí, el más útil de ellos, particularmente para la comprensión de la poesía de Jules Laforge, a quien Pound originalmente aplicó el término, y también como una forma de seguir el trabajo de lo que ocurre en «Homage to Sextus Propertuis» o «Hug Selwyn Mauberley» – Pero realmente no quiero darle a sus lectores una lección temprana de Pound. Los no Poundianos quizá necesiten que se les diga por qué logopeia básicamente significa ironía, que phanopoeia refiere a lo visual – pétalos en una húmeda rama negra, etcétera – y melopoeia a los aspectos musicales de la poesía. Pero cuando uno escribe poesía no piensa en absoluto en estos tipos de clase, sólo en cómo obtener que la **** cosa suena bien; para mí, la crítica literaria y la poesía pertenecen, en general, a géneros muy distintos.

J.A: Como crítico literario, pero además como poeta, me gustaría preguntarle: ¿Cuándo comenzó su interés en el trabajo de los Poetas de la Escuela de Nueva York? ¿Cuál cree que fue la contribución de esta Escuela… en relación a los avances de la Generación Beat o los Confesionalistas?

Habrá sido en el verano de 1981, cuando tenía apenas 19 años, que me encontré por primera vez con el nombre de Frank O´Hara – El director de teatro Simon Ushed puso en escena tres de sus obras en el festival de Edinburgh Fringe – incluyendo Try! Try!, que me parece fabulosa y que incluí en mi selección para Knopf del trabajo de O´Hara. Yo estaba en una obra de pregrado en Edimburgo, The Bed Bug de Vladimir Mayakovsky, que era -por supuesto- uno de los escritores favoritos de O´Hara; y estaba dirigida por Cary Perloff, la hija de la gran crítica de O´Hara: Marjorie Perloff. Y por consejo de su madre fuimos a ver la obra. Un año más tarde encontré Houseboat Days en una librería y de forma inmediata quedé atrapado con sus ritmos e imágenes, y en la manera en que “La Otra Tradición” se veía más o menos como una meditación de los versos blancos de Wordsworth, pero además como algo completamente nuevo, insondable. Nueva York tenía un atractivo magnético para mí en ese momento, Warhol, the Factory, the Velvet Underground, Bob Dylan…

Y respecto a tu segunda pregunta, ¡llevaría varios libros responder a eso! O´Hara se juntaba bastante con los Beats, de hecho, pero desde luego no le gustaba Lowell – Siempre pensé que fue debido, en parte, a la alusión un tanto homofóbica de “decorador de hadas” en Skunk Hour. El trabajo de Ashbery, O´Hara, Schuyler y Koch fue inmensamente influyente en América, y de hecho en todo el mundo, como un catalizador para la imaginación, y por tanto como estímulo y paradigma. Me parece que parte del Americanismo -“¡Tú también puedes hacerlo!-, lo que los une con el padre de la poesía Americana, Walt Whitman. Supongo que la gran diferencia entre los Beats y los Confesionalistas, es la despreocupación de la Escuela de Nueva York, la comunicación de que la poesía puede ser moderna y divertida, en lugar de ser tortuosa, melodramática o histérica o bien la manera de señalar que uno tiene las creencias políticas correctas.

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∇ «Preguntas a Mark FORD», por Juan Arabia — Entrevista completa en Buenos Aires Poetry N°3 — To Mark Ford from Buenos Aires Poetry – N°3

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To Mark Ford from Buenos Aires Poetry – N°3

J.A: John Ashbery, when asked in an interview published in the first number of Buenos Aires Poetry, about Ezra Pound’s“Three kinds of poetry”, replied that he had never been a great reader of Pound, but considered “the kinds” relevant in the context and emergence of contemporary poetry. I would like to know your opinion about these “three kinds” in the field of contemporary literary criticism.

Mark FORD: You mean, melopoeia, phanopoeia and logopoeia – aren’t those just the sorts of terms that put people, certainly people like John, ‘off’ literary criticism altogether! I guess in the context of academic discourse and teaching they are quite useful, but mainly if one is talking about modernism. Logopoeia is, to me, the most useful of them, particularly for an understanding of the poetry of Jules Laforgue, to whom Pound originally applied the term, and also as a way of working out what’s going on in ‘Homage to Sextus Propertius’ or ‘Hugh Selwyn Mauberley’ – but I really don’t want to give your readers a lecture on early Pound. Non-Poundians may need to be told that by logopoeia he basically means irony, phanopoeia relates to the visual – petals on a wet black bough etc. – and melopoeia to the musical aspects of poetry. But when you’re writing poetry you don’t think about these kinds of things at all, just how to get the ***** thing sounding right; for me, literary criticism and poetry belong, in the main, to quite separate genres.

J.A: As a literary critic, but also as a poet, I would like to ask you: Where and when began your interest in the work of the New York School of Poets? Which do you think has been the contribution of this School in relation of the advances of the Beat Generation or Confessional Poetry?

Mark FORD: It would have been the summer of 1981, when I was just 19, that I first came across the name of Frank O’Hara – the theatre director Simon Usher staged three of his plays at the Edinburgh Fringe – including Try! Try!, which I think terrific and put into my Knopf selection of O’Hara’s work. I was in an undergraduate play in Edinburgh myself, The Bed Bug by Vladimir Mayakovksy, who was of course one of O’Hara’s favourite writers; this was being directed by Cary Perloff, the daughter of the great O’Hara critic Marjorie Perloff, and, on the advice of her mother, we went to see these plays. A year or so later I picked up Houseboat Days in a bookshop and was immediately hooked on its rhythms and imagery, and the way that, say, ‘The Other Tradition’ looked roughly like a blank verse meditation by such as Wordsworth, but also seemed completely new, and unfathomable. New York had a magnetic appeal to me at that time as well, Warhol, the Factory, the Velvet Underground, Bob Dylan … As to your second question, it would take several books to answer that! O’Hara hung out with the Beats quite a bit, in fact, but certainly didn’t like Lowell – I’ve always thought partly because of the somewhat homophobic allusion to a ‘fairy decorator’ in ‘Skunk Hour’. The work of Ashbery, O’Hara, Schuyler, Koch has been immensely influential in America, and indeed all over the world, as a catalyst for the imagination, as both encouragement and paradigm. That seems to me part of its American-ness – ‘You too can do it!’ – which is what allies it with the work of the ur-father of American poetry, Walt Whitman. I suppose the big difference from the Beats and the Confessionals is New York Poetry’s insouciance, its communication of the idea that poetry can be hip and fun, rather than tortured or melodramatic or hysterical or a way of signaling one has the right political beliefs.