Entrevista Completa a Alan JENKINS – Buenos Aires Poetry n°5

ALAN JENKINS (SURREY, 1955) ESTUDIÓ EN LA UNIVERSIDAD DE SUSSEX Y TRABAJÓ PARA EL SUPLEMENTO LITERARIO DEL TIMES (TIMES LITERARY SUPPLEMENT) DESDE 1981, PRIMERO COMO EDITOR DE POESÍA Y LUEGO COMO DIRECTOR ADJUNTO. CRÍTICO DE POESÍA PARA THE OBSERVER Y THE INDEPENDENT, ENTRE SUS LIBROS DE POESÍA SE DESTACAN IN THE HOT-HOUSE (1988), GREENHEART (1990) THE DRIFT (2000), A SHORTER LIFE (2005) Y REVENANTS (2013). DRUNKEN BOATS, UNO DE SUS LIBROS MÁS ACLAMADOS, INCLUYE LA TRADUCCIÓN DE LA OBRA MAESTRA DE RIMBAUD ‘LE BATEAU IVRE’ (EL BARCO EBRIO), CON IMÁGENES DE RIMBAUD, VERLAINE Y BILL POWNALL. HACIA 1981 RECIBIÓ EL PREMIO ERIC GREGORY, Y EN 2006 EL PREMIO DE CHOLMONDELEY, ENTRE OTROS.

Juan Arabia

J. A.: Me gustaría que nos cuente sobre sus primeros años en la Universidad de Sussex… Y además sobre su formación extra-académica, en relación con la poesía.

Alan JENKINS: Pasé cuatro años muy felices en la Universidad de Sussex entre 1974 y 1979. Estudié inglés y literatura francesa; y en medio de esos años (como parte, por supuesto, de mi carrera de grado) pasé un año en Francia, en la Université Paul Valery de Montpellier. Ese fue un momento un poco menos feliz en varios aspectos – en el sistema de enseñanza francés todo pasaba por las lecturas, apenas había conseguido hablar alguna vez con un profesor; además, como estudiante no tenía nada de dinero, y Montpellier parecía una ciudad de clase media muy próspera – si bien me hospedé en los alojamientos universitarios donde había muchos estudiantes de diferentes partes del mundo, en el mismo estado que el mío… Y de alguna forma inventamos nuestras propias diversiones. Uno de ellos tenía un viejo Citroen, y cuatro de nosotros salíamos a recorrer el campo del sur de Francia durante los fines de semana. Y de hecho hice varios viajes a Marsella, para ver a una chica allí – un lugar fantástico, una gran ciudad, una antigua ciudad, una concurrida y moderna metrópolis, rodeada por el Mediterráneo… Mi novia me llevó a nadar en los arroyos y a visitar los pueblos a lo largo de la costa, y ahí comí cosas como erizos de mar, por primera vez – Y así empecé con una especie de historia de amor con el sur de Francia, todo era tan alegre y extraño, para este chico de Inglaterra… Lo increíble era que uno podía pasar un tiempo maravilloso en ese lugar, como si uno fuera un millonario o una estrella del cine. No sé si esto sigue siendo ahora de esta forma, así lo espero. De regreso a Sussex, los estudiantes vivían en Brighton, una ciudad que era mucho más pobre de lo que es ahora – bastante vieja y deteriorada, por lo que se adaptaba muy bien a la forma de vida del estudiante. Tanto en el mar, la costa sur, o cualquier otro lugar que uno visitara, había olor a agua salada, algas y paredes húmedas, además del chillido de las gaviotas. Yo había ido a Sussex porque había leído a tantos poetas ingleses como franceses, y no quería dejar de lado un idioma en pos del estudio del otro – Sussex ofrecía la posibilidad de estudiar ambos idiomas, y el sistema de enseñanza era muy inusual en Inglaterra para aquel entonces, bastante pionero. Y todos mis profesores me animaron a leer a todos los poetas que yo amaba, y por supuesto a leer literatura de períodos anteriores. Creo que la mayor revelación para mí (además de Shakespeare, al que no hace falta nombrar) fue la poesía de la Edad Media. Estaba realmente emocionado por los poemas medievales como Piers Plowman (Pedro el Labrador), Sir Gawain and the Green Knight (Sir Gawan y el Caballero Verde), y La Comedia de Dante. Yo ya me había dedicado a la poesía de T. S. Eliot, pero Stephen Medcalf y Gabriel Josipovici, que enseñaban estas obras medievales, me permitieron hacer la conexión entre Eliot –un gran poeta modernista– y las obras medievales que yo estaba leyendo por primera vez. Las cosas comenzaron a tener sentido de una forma más coordinada. Mi formación extra-académica en la poesía había comenzado mucho antes de llegar a Sussex – Empezó en realidad cuando tenía catorce años. Yo estaba en una clase de inglés y nuestro profesor nos había dado para leer “The Love Song of Alfred Prufrock”. Esto sonará pretencioso, ¡pero a partir de ese momento supe lo que quería hacer con mi vida! Así que en esos próximos cuatro o cinco años leí todo T. S. Eliot, que me llevó a Ezra Pound y a muchos otros poetas modernos, ingleses y americanos, y también franceses que influenciaron a Eliot – Principalmente Jules Laforgue, Tristan Corbiere y Rimbaud. Estos fueron los poetas que en aquel entonces significaron mucho para mí, y todavía lo hacen de muchas formas. Luego, cuando llegué a Sussex, leí Baudelaire y Mallarmé, y mi maestro de esos poetas fue George Craig – con el que también leí a Samuel Beckett. Así, de nuevo, yo me encontraba iluminado por él para vislumbrar las conexiones entre la extrañeza y la audacia del sentido de la nada (le neant) de la poesía que Mallarmé escribió a finales del siglo XIX; y la forma en la que Beckett tuvo que comenzar de nuevo desde la nada misma, desde la destrucción de todas las formas y creencias que había sufrido la Europa “civilizada” después de la Segunda Guerra Mundial. George era un maestro maravilloso, pero realmente descubrió el trabajo de su vida cuando se retiró de la enseñanza y se convirtió en el traductor de las cartas de Beckett, las cartas que Beckett escribió en francés – misma traducción que fue aclamada universalmente.

Para mí fue un privilegio increíble estar en Sussex, haber pasado tanto tiempo y cada semana con estos maestros – algo que ahora no podría suceder, a no ser de contraer una deuda por miles de libras. Sin embargo, como dije antes, ya había entendido que el significado de la vida llegaría desde la escritura de poemas. Además, sabía que, de resultar capaz de escribir poemas –finalmente– necesitaría algún tipo de coartada en la vida. En aquel entonces pensaba que la enseñanza universitaria sería mi coartada, pero no funcionó de esa manera.

J. A.: ¿Qué papel tiene su propia experiencia en su trabajo poético, por ejemplo, en libros como A Short History of Snakes o A Shorter Life?

Alan JENKINS: Casi todos mis poemas, en esos libros y otros, surgen a partir de mi vida y mi experiencia. El “mi” debería leerse en el sentido más amplio, sobre todo en lo que refiere a mis primeros poemas – Algunos basados en experiencias que había escuchado en una conversación o leído en algún sitio, y que por alguna razón más tarde terminaron resonando en mi propia experiencia o memoria. En los últimos años, y en los trabajos más recientes, he tendido a partir de las experiencias más cercanas (frases o “tonos” más familiares), resulten éstas o no reales. Supongo que lo que estoy tratando de decir es que, si bien, la mayor parte de mis poemas incluyen una dimensión o experiencia personal, a menudo pueden apartarse de eso, y en cualquier caso espero que no estén limitadas por eso; de la misma forma que espero que sean capaces de tocar experiencias o sentimientos de personas con diferentes modos de vida. Creo que todos los escritores tienen puestas las esperanzas en algo así, ¿cierto? Muchos de mis poemas no contienen mi propia “voz” o experiencia – poemas y breves monólogos dramáticos – y me gustaría escribir más de este estilo. En una secuencia del poema The Sailor´s Return y en mi último libro, Marine, escrito en colaboración con John Kinsella, hay una persona / personaje, the Sailor (el Marinero), que es una especie de arquetipo en realidad, aunque está basado en recuerdos y experiencias personales. Me gustaría hacer algo más con él. Pero uno no puede determinar estas cosas, ni manejarlas a voluntad de uno, desafortunadamente.

«Sabía que, de resultar capaz de escribir poemas necesitaría algún tipo de coartada en la vida. En aquel entonces pensaba que la enseñanza universitaria sería mi coartada, pero no funcionó de esa manera».

J. A.: A finales del 2014 viajé a Charleville, y luego hice la traducción de un libro completo (poemas de 1872) de Rimbaud… Por eso mismo, me gustaría preguntarle sobre su traducción de Drunken Boats… ¿Dónde y cuándo surgió su interés por el trabajo de este poeta?

Alan JENKINS: Leí por primera vez algunos de los poemas de Rimbaud cuando tenía dieciséis, diecisiete años – ¡la misma edad en la que él los había escrito! Y un poco más tarde renunciar a la poesía definitivamente – Pero, por supuesto, los poemas que escribió en ese corto lapso, son algunos de los más notables en francés o en cualquier otro idioma. De la misma forma que una gran cantidad personas leyeron a Rimbaud de joven, yo estaba completamente cautivado – el soberbio realismo, el detalle alucinatorio, la fuerza de su disgusto o tristeza… Tal vez a diferencia de algunos, no sólo fui cautivado, sino castigado por este talento. ¡Pero no fui castigado lo suficiente como para no tratar de traducirlo! Una terrible presunción, de la que sólo puedo decir que cuando comencé a intentarlo todavía yo era muy joven, muy inmaduro. La primera vez que intenté conseguir unas pocas líneas de “El barco ebrio” en inglés yo tenía unos veinte años. Durante esos próximos años había progresado hasta dos o tres estrofas, siguiendo de a poco con la traducción de unas pocas líneas. Nunca se me había ocurrido “terminar” la traducción de este poema, tampoco abandonarlo; aunque definitivamente no estaba trabajando para publicar esta traducción. Esto sucedió después gracias a un buen amigo mío, Dan Gunn, un novelista que también estudió en Sussex – a pesar de que nos conocimos una vez que los dos terminamos la universidad – y que se había convertido en profesor en París y comenzó con un centro de traducción en su universidad. Además, había empezado a editar y publicar una serie de folletos cortos con el nombre de Cahiers Series – Un proyecto muy notable, por cierto, con traducciones de textos fascinantes, y de una calidad hermosa de producción e impresión. Él me pidió algo para contribuir con la serie, y yo, que me sentí muy halagado por su pedido, admití tener una traducción de “El barco ebrio” – aún no terminada, y con piezas sueltas sin traducción – y él me incentivó a terminarla para poder publicarla en Cahier. Así que lo hice, y mientras trabajaba para terminar con la traducción escribí simultáneamente dos poemas de la misma forma que el poema de Rimbaud -veinticinco cuartetos rimados, en hexámetros (alejandrinos) – con la idea de que podrían hacer un grupo, una especie de tríptico sin bisagras pero de conexión flexible entre los poemas. El personaje del “Marinero” (Sailor) hace su primera aparición en esos poemas, por lo que ahora recuerdo… Y además recuerdo que se trataba de una época maravillosamente fértil para mí: estaba absolutamente perdido en mi traducción. Era invierno, y me tomé el tiempo libre de mi trabajo… Y me senté día tras día frente a estos poemas con una sensación de libertad, y me dejé llevar por los anhelos de Rimbaud y del marinero.

Y me senté día tras día frente a estos poemas con una sensación de libertad, y me dejé llevar por los anhelos de Rimbaud y del marinero.

J.A: Desde sus propios proyectos y experiencias… ¿Ha encontrado obstáculos para convertirse en poeta?

Alan JENKINS: El único de los obstáculos que encontré fue el de no sentirme  capaz, por una falta de habilidad o disciplina, de crear los poemas que en realidad me hubiera gustado escribir – No me refiero a una cuestión de cantidad, sino a aquellos poemas que me perseguían y que podía oír en mi cabeza… No creo que nada, ni nadie, ni cualquier combinación de circunstancias, personales, históricas, sociales ni políticas, hubiera podido hacer una diferencia al respecto. Por ejemplo, no creo  que el hecho de tener un tiempo ilimitado para escribir poesía sea realmente algo bueno para un poeta.  Yo fui muy afortunado con mi vida de trabajo – Un trabajo al que dediqué la mayor parte de mi vida, y que no sólo hice con mucho placer, sino que además aprendí con el algo nuevo todos los días – y desde el momento en que empecé a mostrar mi trabajo y a publicarlo, no recibí más que ánimos y agradecimientos. Por supuesto, se podría decir que esta situación de por  sí ha sido perjudicial de alguna manera. Ahora que las universidades y la industria de la escritura obtuvieron éxito en establecer a la poesía como una opción de carrera, y que la gran mayoría de los poetas piensan en sí mismos como profesionales, o aspiran a eso. Así ahora escuchamos de poetas que se jactan de su estatus “profesional” – y se podría decir que es un mal momento para la poesía. Sin embargo, de forma indudable, no hay ningún obstáculo para “convertirse en un poeta”, independientemente del talento, la dedicación, o alguna otra cosa; y casi cualquier persona podría llamarse a sí misma poeta, cualquiera sea la naturaleza o la calidad de lo que haya escrito. Y en lo que a mí respecta, como dije antes, nunca existió realmente un obstáculo, excepto aquellos que perviven dentro de mí, y que debo que superar para escribir poesía. Pero estos se vuelven más difíciles de superar con el paso del tiempo y la experiencia, y no más fáciles. Como dijo Auden, “es más bien  un privilegio / en medio del afluente tráfico / servir a este arte impopular”. De hecho, es un privilegio servir a cualquier arte, sean cuales sean los obstáculos. Sin duda, no hubiera querido hacer ninguna otra cosa con mi vida.