Poesía Inédita – de Carlos Osorio Granado

Carlos Osorio Granado. Caracas, Venezuela, 1955. Poeta, traductor, artista plástico y músico. Es licenciado en Educación, Mención Artes Plásticas, por la Universidad de Carabobo. Trabajó en el Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo. Fue Subdirector de la revista POESIA y perteneció al Comité Organizador del Encuentro Internacional Poesía Universidad de Carabobo (EIPUC). Ha publicado los libros Saravá (1988), Albricias (1992), Caminería (1998), Vaivén (1999), Amatoria (2004), Azimut y El camino (2013). Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés y al portugués. Ha recibido varios premios tanto por su poesía como por su obra plástica.

LA MONTAÑA que vemos desde el valle
no será la que vimos hace un rato.
Su figura depende del movimiento en el entorno
aunque su corazón siempre sea el mismo.

¿Qué semejanza tiene en lo variable e impermanente
de sus caras, con nuestras vidas cuando vemos
que el mundo externo a ella nos habita dentro?

EL MAR desde su orilla nos intimida
a pesar de lo libre de la infancia
que se deja batir contra la arena.

Los barcos se desplazan a la velocidad
de la aguja horaria del reloj.

Más allá del reventón de olas
no se alcanza a llevar el cuerpo
sin la tecnología necesaria.

Aunque la superficie ofrezca sus presagios,
nos damos cuenta tarde
de estar inmersos en un sueño análogo.

EL CIELO nublado nos aísla y nos cubre haciendo de nosotros
la soledad de vernos omnipotentes y no tan frágiles llegado el día
a la noche, desnudando mundos que no sabemos nuestros.

Cielo configurado en recinto para las almas que se portaron bien.

Esperanza de ver algo allá arriba que no torture y lave las culpas.

EL VIEJO

Hace falta el agua al recibir el día.

Ya no ven los ojos levantarse el rostro
aún a lo que espera.

Por la sequedad del sueño
ni la piel conserva su frescura.

Ni aromas, ni recuerdos.

Habrá que aprender
a leer los presagios,
seguir los consejos de abuelo
en abuelo para no perder el hilo.

Ya roza el espanto de encontrarse
atado a lo inevitable.

Quien aquí nos trajo
sufre la culpa
aunque no la tenga.

 

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