Un bar frente a la mar océana (y otros poemas) – José Luis DÍAZ-GRANADOS

JOSÉ LUIS DÍAZ-GRANADOS. Santa Marta, Colombia, 1946. Poeta, novelista, periodista y profesor universitario. Comentarista bibliográfico de Lecturas Dominicales de El Tiempo (1979-2000). Ha publicado en poesía: El laberinto (1968-1984), La fiesta perpetua. Obra poética, 1962-2002 (2003) y Poesía completa (3 tomos, 2015). Su obra narrativa está reunida en los volúmenes: Los papeles de Dionisio. Cuentos, 1968-2012 y Las puertas del infierno y otras novelas (2015). Otros libros: La muñeca nocturna (obra teatral, 1996), El otro Pablo Neruda (2003), Gabo en mi memoria (2013) y El escritor y sus demonios (2015), así como de varios libros para niños y jóvenes, reunidos en un volumen titulado Juvenilia), entre los cuales sobresalen: Cuentos y leyendas de Colombia, El diluvio inolvidable y El zoológico insólito.
Ha sido: presidente de la Casa Colombiana de Solidaridad con los Pueblos (1992-2000); presidente de la Unión Nacional de Escritores (UNE) (1996-1997); colaborador de Radio Habana Cuba y Prensa Latina (2000-2005); jurado de Novela del Premio Casa de las Américas (La Habana, 2001); profesor de la Universidad Javeriana de Bogotá (2005-2006); actualmente es miembro del Consejo Nacional de Cultura y delegado de la Ministra ante dicho organismo (2013-2018). Viajó por la Unión Soviética, Europa Oriental, Cuba y China Popular. Presentador del programa de TV Ventana al Libro (1993-1997).
Premio de Poesía “Carabela” (Barcelona, España, 1968); Su novela Las puertas del infierno (1985) fue finalista del Premio “Rómulo Gallegos” (1987). Premio Nacional de Periodismo “Simón Bolívar” (Mejor entrevista en prensa) (Bogotá, Colombia, 1990). Medalla de la Amistad del Consejo de Estado de Cuba (2001), Medalla de Honor Presidencial “Centenario Pablo Neruda” (Gobierno de Chile, 2004), Mención de Honoris Causa de la Universidad La Gran Colombia (Bogotá, Colombia, 2006), Embajador de la Paz (París/Ginebra, 2008).

JÚBILO

No faltarán palabras para cantar el júbilo,
siempre tendré un murmullo.
Para abrir el silencio,
para herir la clausura de la noche
siempre tendré en mis labios un balbuceo,
un canto, una balada,
nunca un eco que roce mi boca o mi destino.
Nunca vendré de nadie para alabar tu cáscara,
sobrarán los instantes para besarte íntegra.
No faltarán las sonrisas
ni goces en las ceremonias improvisadas.
Todo se hará a su tiempo y será pronto.
Ahora, abandonémonos a este ocio invisible.

ALBA

Para mi loca vida, al mediodía
un día más día que todos el sol regó la lluvia
y el alba al mediodía aún era alba,
más sutil que un minuto transparente
y más minuto que un océano eterno.

Cisterna pura donde cabe mi ser entero,
mar de rocío que me acaricia incesante,
patria perenne de mi corazón,
jaula donde descansa para siempre mi alma.

Alba-luz, Alba-sol, Alba-marina,
Alba-día, Alba-siempre, Alba-del-alma,
Alba hoy, Alba-azul, Alba-de-julio,
Alba-amor, Alba-esposa, Alba-dormida,
Alba-verso, Alba-única, Alba-mía.

Navío, vasija, cueva, balandra de mis sueños,
gaveta donde guardo todos mis pensamientos,
cofre donde se esconde mi sonrisa,
donde moran mis ansias y mis recuerdos.

Alba, norte presente, norte eterno,
carne mía, mi sombra, mi gemela,
mi compañera loca, mi pulsera,
mi mágico aposento, mi pequeño castillo,
donde habita el amor.

(Este poema fue musicalizado por Iván Benavides en 1982 y grabado por el dúo musical “Iván y Lucía”).

VOYEUR

Desde este poema deseante
—ojo de la cerradura—
mi ojo te está mirando
y tú siempre estás desnuda.

ALGARABIÓNICA

Sombra pesada pasada voy a demolerte
a torcerte como a un trapo mojado
para volverte añicos y sacarte luz.

Y no sé cómo eres yo que sé que existes
yo que sé lamer los ríos de ariquipe
escuchar el incienso en locos templos
desbaratar comodidades dominicales
angelicar satanases inverosímiles
ladrar a los perros que aúllan
perecear con el father de las luces
sacrificar un mundo para pulir el universo
nerudiar hasta el fin de mis días
mamasantear y okey y el poder para qué
besarte el bezo allá en el besadero.

Entretanto yo atisbo bonaeréo canto
chiflo diciembro emerjo fantaseo
garcho huelo imagino jodo kirio
locomoto llovizno malbarato
nicaraguo ñequeo oberturo
pajéome quitopesares repentizo
sartrocamío tiro unjo veintinuevo
walquirio xifoido yugulo zarzamoro.

Tu dulce habla, ¿en cúya oreja suena?
Tus claros ojos, ¿a quién los volviste?
Una cosa es California y otra fornicar en Cali
gaudeamus igitur juvenes dum sumus
s’io ti fiammeggio nel caldo d’amore
trágate tu babita atarbancito
omnia mecum porto llevo todo lo mío
conmigo oh misterio descíframe
la gracia no está en orinar
la gracia está en hacer espuma
allí donde tocar es sabrosísimo
cóndor quetzal volvereta crisálida
poema antipoema gobledegook murmurio.

Doncel no yo ni émulo del ídem
en apetencia muda de tu guedeja oscura
todo por tí deidad mujer idolatrada
hurí odalisca diosa proterva o pudibunda
alhaja ágria de bombachos gualdas
fembra descolorida coima de Teusaquillo
adorada mi ninfa presea infanda boba
zagala mía saliva de sílfide peluda
monstruo gacela ménstruo impía la susurra
fámula primorosa de patas provocativas.

Comunícote ahora concubina en potencia
en momentos más inesperados besarete
lugar mancha nombre no acordarme
oh dulces prendas por mi bien halladas
tuyo del alma firmo original y copia.

EN UN BAR FRENTE A LA MAR OCÉANA

A Javier Bozalongo

Una vez, hace cuarenta y cinco años,
me refugié en un café mientras llovía.
Dos hombres jóvenes hablaban de literatura,
Disertaban de temas y de autores
Sobre los que sólo yo pensaba que tenía dominio.

Me acerqué sin pudor y discutí con ellos.
Me recibieron con simpatía, me invitaron
A un trago; al rato, todo había concluido.

Me ocurrió muchas veces, en Bogotá,
En La Habana, en Gera, en Leningrado
—donde veía a una muchacha rubia leer en el Metro
O a un joven escribiendo en un café
O a un anciano tranquilo leyendo Moby Dick—.

Algo anotaba yo, me sumergía en sus mundos,
Imprudente, sin pedirles permiso,
Manifestaba algo haciéndome notar,
Como queriendo decirles a todos:
Yo conozco los temas de su interés preciso,
Yo leo, también escribo, por favor,
Dénme paso para seguir avanti,
Yo también he afinado mi flecha
Y he apuntado hacia un blanco
Al que siempre he acertado a equivocarme.

Pero aquí estoy ahora, frente al mar de Almuñécar,
Contemplando su bahía
—tan parecida a la de Santa Marta—,
En un bar donde un hombre joven de barba incipiente
Le lee a su bella novia un párrafo de MacBeth,
Y les digo en silencio: acepten un minuto
De interrupción, pero es que necesito
Que sepan que yo existo, que hago parte del orbe,
Que también he inscrito las huellas de mi alma
En palabras que a lo mejor leerían
Y algo les podría encantar o hechizar o cautivar.

Sí, por favor, no me espanten tan pronto,
No soy Melville, ni Shakespeare, ni Neruda,
Pero algo he soñado para que ustedes sueñen
Y sé que alguna línea mía derrotará la muerte.

Almuñécar (Andalucía) España, 17 de mayo de 2014.

Selección de José Luis Díaz-Granados para Buenos Aires Poetry, 2017