Simbolismo Belga s. XIX [parte #1] | Maurice Maeterlinck – Theo Hannon

Alucinación, revuelta y vanguardia: Simbolismo belga de fines del siglo XIX

 

Anclada en el norte de Europa en el carrefour de tres grandes culturas dominantes —la francesa, la anglosajona y la alemana—, la literatura belga se convirtió a fines del siglo XIX un potente instrumento de identidad nacional del joven reino, que declaró su independencia en 1830, y la cuna de movimientos poéticos vanguardistas que influyeron luego en el resto del Viejo Continente. De aquella época, al menos tres grandes nombres trascendieron sus fronteras: Maurice Maeterlinck (Premio Nobel de Literatura en XXX), Georges Rodenbach (autor del célebre Brujas la muerta) y Émile Verhaeren, considerado uno de los padres del futurismo. Junto a ellos, autores menos conocidos fuera de Bélgica, pero no por ello menos originales o talentosos, como Max Elskamp o Charles Van Lerberghe (autor de la maravillosa Canción de Eva), formaron parte de un grupo de poetas y escritores de una enorme vitalidad artística y un permanente intercambio con sus pares, sobre todo en Francia. Sus órganos de difusión y vidriera fueron revistas literarias de mayor o menor longevidad, con sede en Bruselas u otras ciudades como Lieja, entre ellas La Jeune Belgique (1881-1897), L’Art Moderne (1881-1914) o La Wallonie (1886-1892) que reflejaron el pasaje del parnasianismo al naturalismo y el simbolismo y las tensiones y batallas estéticas, filosóficas y sociales entre sus referentes a lo largo de, sobre todo, las últimas dos décadas del siglo XIX, aunque también el inicio del siglo XX.

“La prueba de que el fin de siglo fue aquí una vanguardia la aporta la recepción de los simbolistas de Bélgica. El brillo del simbolismo franco-belga en las literaturas extranjeras fue excepcional, en el sentido en el que se trata no de una influencia pasiva sino de una recepción que tuvo por efecto estimular la creación literaria en Europea”, afirma el crítico y académico Paul Gorceix en la introducción general titulada “Estudio sobre la poética al final del siglo” de su libro Fin de siècle et symbolisme en Belgique, referencia en el tema (1). Allí Gorceix enumera la extensión de esa influencia. Desde los Jeunes-Vienne, entre los que se encontraba Rainer Maria Rilke, al movimiento expresionista alemán y el Portugal de Fernando Pessoa. Kandinsky incluía a Maeterlinck entre los “videntes” a los que se refiere en su búsqueda de los espiritual, recuerda Gorceix.

En el prefacio de Les Campagnes hallucinées y Les Villes tentaculaires, Maurice Pinon indica que la irrupción belga de los últimos años del siglo XIX es “un fenómeno que cambió el curso histórico de la literatura francesa”, ya que a partir de allí ésta ya no se confundiría más con la literatura de Francia y ampliaría sus horizontes (2). Sin dudas una de las grandes originalidades de la poesía belga de fines del siglo XIX proviene del uso tan personal que dieron al idioma francés varios autores de orígenes flamencos, como los propios Maeterlinck, Verhaeren o Elskamp. Su conocimiento y manejo del francés era eximio, pero la convivencia con el flamenco les permitió en muchos casos desafiar las estrictas reglas del idioma en el que escribían. “Si Rimbaud y Lautréamont fueron los primeros irregulares, esta evolución iniciada toma un giro más radical entre los simbolistas de 1886 en Bélgica. Fueron unánimes en denunciar su desacuerdo con el sistema normativo de reglas y de códigos que les imponía la lengua académica”, explica Gorceix.

Aquí entramos en un segundo rasgo distintivo belga, que podríamos denominar como el de la libertad de las periferias frente al control del centro. Bélgica fue tierra hospitalaria para autores cuyos textos desafiaban las normas morales o éticas imperantes en Francia y eran ya sea perseguidos o censurados. Charles Baudelaire publicó en Bruselas los poemas de Las flores del mal prohibidos en su país. En imprentas de esa ciudad siempre cosmopolita vieron también la luz dos libros que cambiarían para siempre a la literatura francesa y de Francia: Una temporada en el infierno de Arthur Rimbaud (en 1873, en la Alliance typografique de J. M. Poot et Compagnie) y Los cantos de Maldoror de Isidore Ducasse, el Conde de Lautréamont (1869, Albert Lacroix) . Es más, fueron justamente los poetas de La Jeune Belgique a quienes se puede considerar como “descubridores” de Ducasse. Los Cantos de Maldoror, más allá de unos ejemplares entregados al autor, nunca llegaron a ponerse en venta hasta 1874, cuando un nuevo librero y editor, J.B Rozez, recuperó el stock impreso por Lacroix y lo lanzó con un cambio de portada. En 1885, un volumen llegó a manos de Max Waller, por entonces director de la revista, y de inmediato Iwan Gilkin comprendió que se trataba de una obra fuera de lo común. Un extracto de Maldoror fue publicado el 5 de octubre de 1885 en el número 10 del quinto año de La Jeune Belgique. Los poetas belgas lo compartieron poco después con Léon Bloy y otros colegas franceses.

Una tercera característica de la poesía belga, particularmente de su movimiento simbolista, fue el extrañamiento y la alucinación, como indica Donald Flanell Friedman en An Anthology of Belgian Simbolist Poets. “Mientras que el grupo simbolista francés evocaba infinitos paisajes oníricos artificiales, somnolientos, jardines encantados habitados por cisnes, princesas y cosas por el estilo (estas también están presentes en el simbolismo belga, pero en menor extensión), los más poderosos de los poetas belgas buscaban los aspectos oníricos de su propio entorno del norte para demostrar la sutil y ambigua influencia de la atmósfera sobre aquellos que la absorben” (3). Una vez más, se podría decir que su originalidad proviene de la combinación de lo francófono o latino y lo flamenco o germánico. O es resultado de la permeabilidad de esta frontera cultural, lingüística y geográfica. Este fenómeno tuvo una duración limitada, ya que en el siglo XX, con la recuperación y revalorización de la cultura flamenca, aplastada anteriormente por la élite francófona, los autores del norte de Bélgica comenzaron a escribir en su lengua materna, abandonando el francés.

Esta selección incluye a cinco autores y busca reflejar esos rasgos distintivos. Desde Maeterlinck a Max Elskamp, pasando por Théo Hannon, Émile Verhaeren y Jean Delville, surge con nitidez la identidad de una poesía diferente, anclada a un territorio particular muy diferente al francés y que navega llena de misterio entre dos universos.

Mariano Rolando Andrade

(1) Paul GORCEIX (Editor), Fin de siècle et symbolisme en Belgique, Oeuvres Poétiques, édition établie et précédée d’une étude par Paul Gorceix, Editions Complexe, Bruselas, 1998.

(2) Emile VERHAEREN, Les Campagnes hallucinées – Les Villes tentaculaires, Éditions Gallimard, París, 1982.

(3) Donald Flanell FRIEDMAN (Editor), An Anthology of Belgian Symbolist Poets, edited and translated by Donald Flanell Friedman, Peter Lang Publishing Inc., Nueva York, 2003.

Invernadero cálido, de Maurice Maeterlinck

¡Oh, invernadero en medio de los bosques!
¡Y tus puertas cerradas para siempre!
¡Y todo lo que hay bajo tu cúpula!
¡Y bajo mi alma en tus analogías!

Los pensamientos de una princesa que tiene hambre,
el hastío de un marinero en el desierto,
una música de cobre en las ventanas de los incurables.

¡Ve a los ángulos más tibios!
Parece una mujer desvanecida un día de cosecha;
hay postillones en el patio del hospicio;
lejos, pasa un cazador de alces, convertido en enfermero.

¡Examinen en el claro de luna!
(¡Oh, nada allí está en su lugar!)
Parece una loca ante los jueces,
un navío de guerra a toda vela en un canal,
aves de noche sobre lirios,
un tañido fúnebre hacia el mediodía,
(¡Allá bajo esas campanas!)
una parada de enfermos en el prado,
un olor a éter un día de sol.

¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Cuándo tendremos lluvia,
y nieve y viento en el invernadero!

Serre chaude

Ô serre au milieu des forêts !
Et vos portes à jamais closes !
Et tout ce qu’il y a sous votre coupole !
Et sous mon âme en vos analogies !

Les pensées d’une princesse qui a faim,
L’ennui d’un matelot dans le désert,
Une musique de cuivre aux fenêtres des incurables.

Allez aux angles les plus tièdes !
On dirait une femme évanouie un jour de moisson ;
Il y a des postillons dans la cour de l’hospice ;
Au loin, passe un chasseur d’élans, devenu infirmier.

Examinez au clair de lune !
(Oh rien n’y est à sa place !)
On dirait une folle devant les juges,
Un navire de guerre à pleines voiles sur un canal,
Des oiseaux de nuit sur des lys,
Un glas vers midi,
(Là-bas sous ces cloches !)
Une étape de malades dans la prairie,
Une odeur d’éther un jour de soleil.

Mon Dieu ! mon Dieu ! quand aurons-nous la pluie,
Et la neige et le vent dans la serre !

Extraído de Maurice MAETERLINCK, Serres chaudes, Paul Lacomblez Éditeur, París, 1902.

Nostalgias, de Theo Hannon

En las oscuras selvas de la invencible África
donde el sol no puede, con su pupila de oro,
penetrar la espesura insondable y trágica,
no más que la mirada del águila o del condor,
en las oscuras selvas de la invencible África,
,,,,,,,,,,,,,,en el corazón de los trémulos matorrales
se aman, libres y orgullosas, las fieras todopoderosas.

Lejos de los hombres crueles, su magnífica pasión
brota y se abre como grandes flores,
ardientes floraciones que encienden la hierba
donde la aurora sembró sus diamantes en lágrimas.
Lejos de los hombres crueles su magnífica pasión
,,,,,,,,,,,,,,se manifiesta en gritos largos y roncos
que envidian el eco de los picos y los valles.

Pero un día el cazador llega a tenderles sus trampas,
arrojando a esos reyes en calabozos de hierro…
Juguetes de espectadores que tiemblan en sus butacas
mueren pronto de vergüenza en su infierno.
Porque un día el cazador les ha tendido sus trampas,
,,,,,,,,,,,,,,tigres, panteras y leones,
¡a pesar de sus aullidos de rabia y rebeliones!

mi alma está cautiva igual que las panteras.
Es en vano que quiere, a fuerza de alas profundas,
echar a volar más allá del Océano y las tierras.
¡Desgracia! Tropieza con nuestros límites.
Porque mi alma está cautiva igual que las panteras:
,,,,,,,,,,,,,,el prejuicio, detrás de sus barrotes,
¿la encarcela, entregada a los siniestros verdugos?

Nostalgies

Dans les sombres forêts de l’invincible Afrique
Dont le soleil ne peut, de sa prunelle d’or,
Pénétrer l’épaisseur insondable et tragique,
Non plus que le regard de l’aigle ou du condor,
Dans les sombres forêts de l’invincible Afrique,
,,,,,,,,,,,,,,Au cœur des halliers frémissants
S’aiment, libres et fiers, les fauves tout-puissants.

Loin des hommes cruels, leur passion superbe
Germe et s’épanouit comme de larges fleurs,
Ardentes floraisons venant embraser l’herbe
Où l’aurore a semé ses diamants en pleurs.
Loin des hommes cruels leur passion superbe
,,,,,,,,,,,,,,S’exhale à cris rauques et longs
Que jalousent l’écho des pics et des vallons.

Mais un jour le chasseur vient leur tendre ses pièges,
Précipitant ces rois dans des cachots de fer…
Jouets de spectateurs qui tremblent sur leurs sièges
Ils trépassent bientôt de honte en leur enfer.
Car un jour le chasseur vous a tendu ses pièges,
,,,,,,,,,,,,,,Tigres, panthères et lions,
Malgré vos cris de rage et vos rébellions!…

Or, mon âme est captive à l’égal des panthères.
C’est en vain qu’elle veut, à coup d’ailes profonds,
S’envoler par delà l’Océan et les terres,
Hélas! elle s’en vient buter à nos plafonds.
Car mon âme est captive à l’égal des panthères :
,,,,,,,,,,,,,,Le préjugé, sous ses barreaux
L’emprisonne, livrée aux sinistres bourreaux?

Extraído de La Jeune Belgique, Año 9, Tome VIII, número 3, Bruselas, Marzo-Abril de 1889.