Verano de Exilio — Waldo Rojas

Nacido en Concepción el 22 de agosto de 1944, Waldo Rojas es poeta, ensayista y profesor universitario. Asistió al Instituto Nacional entre 1954 y 1962, y fue director de la ALCIN (Academia de Letras Castellanas del Instituto Nacional). Más tarde, estudió en la Universidad de Chile, donde ejerció como traductor, redactor y crítico literario del Boletín de la Universidad de Chile.
Como autor, pertenece a la Generación de poetas de 1960, a la cual él mismo bautizó como “Promoción Emergente”, entre cuyos integrantes se encuentran autores como Gonzalo Millán, Floridor Pérez, Jaime Quezada, Óscar Hahn, Omar Lara y Federico Schopf. Según Rojas, “el grupo de poetas jóvenes de los años 60 no configuraba, como ya se ha dicho muchas veces, una partida fundacional en el sentido de una actitud vanguardista, rupturista, en ningún caso. (…) Lo que teníamos en común era, primero que nada, la actitud hacia lo que llamábamos ‘tradición’, o sea, las sucesivas generaciones de poetas chilenos que configuraban ya por los años 60 un panorama extraordinariamente rico y que nada predisponía a desaparecer en una jubilación prematura. Entonces, las relaciones amistosas sin complacencias ni complicidades de tipo tribal y una permanente apertura hacia lo que otros jóvenes vendrían más tarde a agregar, era lo más importante.”

Tal como escribe Enrique Lihn en el prólogo de El Puente Oculto de Waldo Rojas (Lar, 1961): “Poesía atraída por la posibilidad de convertirse en una poética, poesía sobre la poesía, que traiciona su condición de lenguaje artificial, complaciéndose y condoliéndose de ella”.

Verano de Exilio

Bajo un sol que se embriaga de saberse adorado y el desdén
de sus siervos,
recién convertido mi cuerpo a su culto imprevisto
ya no sabe aceptar la vergüenza de estar sano y salvo.
Pies desnudos en tomo remontan la dirección del viento,
se comprueban eternas las aguas en su férrea inquietud.
Cuerpos de muchachas frescamente dispersos
pero cuanta distancia de esas sangres que entibian la arena
a mi sangre furtiva que gusta en SÍ misma su peso,
su lacto escondido y floral.
Licencias que concede el azar a los regateos de la muerte
o de la vida.

Frente al espejeo de fondo de un mar balneario
mi sobrevida se trueca al precio de escasos doblones
de un viso irreal.
Realidad dividida en dos aguas,
como haría un velamen reseco de sal mi memoria se rasga.
Otro sol, entretanto, y a su sombra
bajo el signo que cubre Verdugo
alguien estará mordiendo el dolor de un silencio
………………………………………………………………………………..-¿ya inútil?-

Realidad dividida en las trizas de un grito
esos copos de su sangre todavía cayendo
con gravidez de vuelo.
Pero el viento contagia su forma difusa,
me concede su engaño el rebrote de la viva estación.
Recrudece el Verano aquí en la tierra del Torso Mutilado
mientras tuerce mi exilio otra vuelta de niebla
sobre el país-naufragio.
La memoria entrecierra el invierno de mi tierra dañada,
nuestra patria del largo cadalso en la longitud del mar.

Extraído de El Puente Oculto de Waldo Rojas (Lar, Madrid, 1961)