A Hilaire Belloc | Gilbert Keith Chesterton

Gilbert Keith Chesterton nació en Londres, el 29 de mayo de 1874. Cultivó diversos géneros, como el ensayo, la novela, el cuento y la poesía. El siguiente poema es una dedicatoria a Hilaire Belloc y se encuentra en el prefacio de la novela El Napoleón de Notting Hill. Chesterton y Belloc fueron grandes amigos. Además de compartir ideas políticas y sociales, ambos eran católicos en un país mayormente protestante. Como a menudo se los veía juntos y porque representaban un pensamiento agudo y contracultural, los críticos de la época los llamaban la “criatura chesterbelloc”. Chesterton murió en 1936, en Beaconsfield, Buckinghamshire, Inglaterra.

 

A Hilaire Belloc

Dios hizo especialmente las estrellas;
Los bebés las contemplan asombrados
Y las ven enredadas en un árbol;
Vos veías la luna desde los Downs de Sussex,
Esa luna de Sussex, aún sin pisar,
Toda la luna solamente para el pueblo,
La mayor lámpara de Campden Hill.

Sí, el Paraíso está por todas partes en casa,
La gran gorra azul que siempre sienta bien,
Y así es (ten calma; ya llegan a la meta
Por fin mis ideas errantes),
Lo mismo ocurre con las cosas heroicas,
que no se acabarán con el fin del mundo
Y aunque se agiten las tétricas máquinas,
No te asustes demasiado, amigo mío. 

Esto no terminó en la tumba de Nelson,
Donde yace una Inglaterra inmortal,
Ni cuando tus jóvenes altos, uno a uno,
Bebieron muerte como vino en Austerlitz.
Y cuando los eruditos nos señalaron
Los fríos y mecánicos acontecimientos futuros,
Nuestras almas dijeron en la oscuridad,
“Quizás, pero hay cosas más seguras”. 

Es más seguro que a través de estos prados lejanos,
En estas estribaciones suaves y libres,
Los tambores toquen un vals de guerra
Y la Muerte baile con la Libertad;
Más seguro que se levanten barricadas
Sobre la matanza y bajo el humo,
Y la muerte, el odio y el infierno confiesen
Que los hombres han encontrado algo para amar.
Lejos de tus soleadas tierras altas,
Vi este sueño; las calles que pisé,
Las calles rectas y claras que se unen,
Las calles estrelladas que señalan a Dios.
Esta leyenda de una hora épica,
Un niño que soñé y que sueño aún,
Bajo una gran torre gris
Que golpea las estrellas en Campden Hill. 

To Hilaire Belloc 

For every tiny town or place
God made the stars especially;
Babies look up with owlish face
And see them tangled in a tree;
You saw a moon from Sussex Downs,
A Sussex moon, untravelled still,
I saw a moon that was the town’s,
The largest lamp on Campden Hill.

Yea; Heaven is everywhere at home
The big blue cap that always fits,
And so it is (be calm; they come
To goal at last, my wandering wits),
So is it with the heroic thing;
This shall not end for the world’s end
And though the sullen engines swing,
Be you not much afraid, my friend.

This did not end by Nelson’s urn
Where an immortal England sits–
Nor where your tall young men in turn
Drank death like wine at Austerlitz.
And when the pedants bade us mark
What cold mechanic happenings
Must come; our souls said in the dark,
‘Belike; but there are likelier things.’

Likelier across these flats afar
These sulky levels smooth and free
The drums shall crash a waltz of war
And Death shall dance with Liberty;
Likelier the barricades shall blare
Slaughter below and smoke above,
And death and hate and hell declare
That men have found a thing to love.

Far from your sunny uplands set
I saw the dream; the streets I trod
The lit straight streets shot out and met
The starry streets that point to God.
This legend of an epic hour
A child I dreamed, and dream it still,
Under the great grey water-tower
That strikes the stars on Campden Hill. 


Traducción de Felicitas Casillo para Buenos Aires Poetry, 2019.