Poeta Loquitur | Algernon Charles Swinburne

Algernon Charles Swinburne (1837-1909), poeta inglés célebre por sus asuntos libertarios y su virtuosismo estilístico. Swinburne nació en Londres y estudió en la Universidad de Oxford. En 1860 publicó los dramas en verso La reina madre y Rosamunda. Se estableció en Londres e inició una larga relación con el poeta y pintor Dante Gabriel Rossetti y los escritores William Morris y George Meredith.

La vida hedonista y su adicción al alcohol hicieron que en 1879 su salud se resintiera delicadamente. Se trasladó al hogar de un amigo, el crítico y poeta Walter Theodore Watts-Dunton en Putney, donde se recuperó y allí se quedó el resto de su vida. En la última parte de su carrera dedicó sus energías a la crítica (en The Spectator, destacándose su trabajo sobre Baudelaire y Gautier) y a la poesía. 


Poeta Loquitur

Si una persona acaso concibe la opinión
de que mis versos son material apropiado,
o que también mi musa tiene una pluma en su ala,
no por ello ese juicio deja de ser banal.
Mi lógica, política, ¡mi libre pensamiento!
no tienen más valor que tres saltos de una mosca,
y las ideas mas huecas que pensarse pudieran
son las mías en la mar.

Dentro de un laberinto de murmullo monótono
donde la razón yerra por la rima arruinada,
en una voz que no es más seria ni más firme
que las sonajas que hay en el gorro de un loco,
un hombre reflexivo en parte pretencioso,
poseedor de una musa que es preciso arrancar,
hace que lengua y métrica se vuelvan ofensivas
con rimas para el viento.

Una tirada larga cual procesión de frases
con primor ataviada, aunque sensual y noble,
se abalanza y decanta predicando alabanzas
en una canallesca batalla por la rima,
reflejada en empuje de la tinta en mis páginas:
pero el lector que debe de estar desesperado
se imagina que yo soy uno de los sabios
que dirige el timón por los mares del tiempo.

Las locas mezcolanzas de afrancesados restos
con insultos al credo de doctrinas cristianas,
la cegata blasfemia, la mofa infantil, todas
me alaban cual si fuera un genuino zoquete.
Me concibo a mí mismo obviamente como a alguien
cuya audiencia no puede jamás disminuir
mas la tarea del párvulo tiene que ser extraña
si su maestro es el viento.

Veo como en mis poemas, con encantador éxtasis
me golpea la tormenta, me acaricia y escuece:
mas rara vez soy ave que tú atrapar pudieras
a campo abierto en fronda de cosas similares.
Prefiero así estar fuera del alcance del daño
cuando la tempestad hace temblar los árboles,
y el viento gracias a su movimiento invencible
vuelve en jabón la mar.

Con firmeza aguantando los andrajos ajenos,
de quien antes que yo mejor lo hizo, trato
de poder verlos como mis hermanas y hermanos,
aun cuando yo sepa cuán bajo es mi nivel.
¡Me hace gritar la simple mirada de una iglesia,
cual chiquillo pateado en partido de fútbol!
¡Mas la causa se pasa ayudando al que cree
que el viento es su evangelio!

Cualquier marca genuina, roja, pasado pálido
está cubierta siempre por hechos condenables;
pero el dulce y materno misterio del futuro
se manifiesta libre de coronas y credos.
La verdad alborea en la ruina del tiempo,
sonora, franca, drástica, aromática y libre:
y aparentemente todo ello es la obra
del viento en la mar.

Suele adular la fama ante el engreimiento
cuya arboladura es flagrantemente fina:
y no es ni necesario tener que mencionar
que es este el lugar que a mí me corresponde.
Algunos rimadores transigen complacientes,
aunque pecaminosos, pecan altruistamente:
mas los que ser podrían mis maléficos versos
nada son sino viento.

[Para que la franqueza se pavonee y dibuje
de una forma más chusca que lo hace el escolar,
para sentirse atraído por sus brillantes próceres,
mientras él va ondeando la bandera de un tonto,
puede a mí parecerme el deber de un poeta,
¿pero en qué lugar fuera de Bedlam se halla aquél
que pueda imaginarse que al luchar por mostrarlo
no estoy ya en la mar?].

[Puedo pensar lograr el honor y la gloria
a la velocidad del cometa de una estrella,
difamando a la Musa de un poeta laureado,
o denunciando acaso las correrías de un Zar.
Mas esos rimadores risueños son útilmente
(como dicen los niños en el fútbol) pateados,
cuando su Musa ya -lo harán esas hetairas-
navegue junto al viento].

Poeta Loquitur

If a person conceives an opinion
That my verses are stuffthat will wash,
Or my Muse has one plume on her pinion,
That person’s opinion is bosh.
My philosophy, politics, free-thought!
Are worth not three skips of a flea,
And the emptiest of thoughts that can be thought
Are mine on the sea.

In a maze of monotonous murmur
Where reason roves ruined by rhyme,
In a voice neither graver nor firmer
than the bells on a fool’s cap chime,
a partly pretentiously pensive,
with a Muse that deserves to be skinned,
makes language and metre offensive
with rhymes of the wind.

A perennial procession of phrases
Pranked primly, though pruriently prime,
Precipitates preaching on praises
In a ruftianly riot of rhyme
Through the pressure of print on my pages:
But reckless the reader must be
Who imagines me one of the sages
hat steer through Time’s sea.

Mad mixtures of Frenchified offal
With insults to Christendom’s creed,
Blind blasphemy, schoolboylike scoff, all
These blazon me blockhead indeed.
I conceive myself obviously some one
Whose audience will never be thinned
But the pupil must needs be a rum one
Whose teacher is wind.

In my poems, with ravishing rapture
Storm strikes me and strokes me and stings:
But I’am scarcely the bird you might capture
Our of doors in the thick of such things.
I prefer to be well out of harm’s way
Whem tempests makes tremble the tree,
And the wind with omnipotent arm-sway
Makes soap of the sea.

Hanging hard on the rent rags of others,
Who before me did better, I try
To believe them my sisters and brothers,
Though I know what a low lot am I.
The mere sight of a church sets me yelping
Like a boy that at football is shinned!
But the cause must indeed be past helping
Whose gospel is wind!

All the pale past’s red record of history
Is dusty with damnable deeds;
But the future’s mild motherly mystery
Peers pure of all crowns and all creeds.
Truth dawns on time’s resonant ruin,
Frank, fulminant, fragrant and free:
And apparently this is the doing
Of wind on the sea.

Fame flatters in front of pretension
Whose flagstaff is flagrantly fine:
And it cannot be needful to mention
That such beyond question is mine.
Some singers indulging in curses,
Though sinful, have splendidly sinned:
But my would-be maleficent verses
Are nothing but wind.

[For freedom to swagger and scribble,
In a style that’s too silly for school,
At the heels of his betters to nibble,
While flaunting the flag of a fool,
May to me seem the part of a poet,
But where out of Bedlain is he
Who can think that in struggling to show it
I am not at sea?].

[l may think to get honour and glory at
The rate of a comet of a star,
By maligning the Muse of a Laureate,
Or denouncing the deeds of a Czar.
But such rollicking rhymesters get duly
(As schoolboys at football say) shinned,
When their Muse, as such trollops will truly:
Sails too near the wind].


Traducción de Miguel Angel García Peinado (Universidad de Córdoba).