Poesía Parnasiana | Léon Dierx

Al igual, como en otras tantas cosas, que Leconte de Lisle, Léon Dierx (1838-1912) provenía de la Isla de Reunión. Se trasladó muy joven a París, y allí, con apenas veinte años, publicó Aspirations (1858), poemario romántico y sentimental del que pronto renegaría. Activo miembro de los salones parnasianos, sus Poèmes et poésies (1864), dedicadas al maestro de los Poèmes barbares, se sirvieron exclusivamente de su estilística a lo largo de una serie de composiciones que traducen una visión pesimista de la historia. Más tarde, en 1867, daba a la imprenta Les Lévres closes, su obra maestra, y en seguida Paroles d´un Vaincu (1871), el poema dramático La Rencontre (1875) y por último Les Amants (1879). Dierx gozó en todo momento de un lugar privilegiado en el seno del Parnaso, aunque nunca obtuvo el reconocimiento masivo del público. Era, por así decirlo, un poeta para poetas, “le plus pur poète, l´âme la plus irréprochable de toute une génération”, en opinión de su amigo Catulle Mendès. Paralelamente a la de Heredia, su obra continúa la manera de Leconte de Lisle sin decaer nunca, y él mismo asintió con orgullo ante quienes le señalaban entre los más fieles de sus pupilos. Con el paso del tiempo, Léon Dierx fue rebajando su altivo historicismo para, en muchos pasajes de Les Lévres closes y sobre todo en Les Amants, impregnar sus versos de una sutil emotividad crepuscular que anticipaba una buena parte del mejor simbolismo. En este sentido, Dierx ensayó ritmos innovadores y efectos puramente musicales – estribillos, aliteraciones, juegos de palabras-, conjugados con una serie de sugestiones y sensaciones delicadas que los simbolistas verían con muy buen talante: de ahí que a la muerte de Mallarmé fuese nombrado unánimemente “Príncipe de los poetas”. Pese a todo, su pasión por la filosofía y la historia, omnipresente en una lírica de contornos severos y explícito mensaje, impidió que el parnasiano que fue siempre traspasara las puertas del simbolismo: “Léon Dierx -según explicaba Mendès- n´a rien de commun avec les artistes récents (…) qui cherchent un nouveau mode d´expression poétique en un verbe obscur et fuyant, en la sonorité de rythmes imprécis où la pensée se disperse jusqu´à devenir, pour la plupart des lecteurs, insaisissable. (…) Ce qu´il a voulu dire, il le dit en effet, et tous le peuvent comprendre”.

M. A. F.

La noche de junio

La noche se desliza lenta por la espesura,
y sobre el agua muerta de reflejos metálicos
el ocaso despliega su chal de terciopelo.
Del tapiz de las flores melancólicas mana
un cálido perfume que baña la floresta
y aletarga el ambiente con su lánguido vaho.
Su rítmica marea cargada de embriaguez
va pasando indolente, trasegada en la noche
por un vago suspiro que la mece y ondula.
Azulan los hierbales enigmáticos brillos;
como un raro letargo pesa sobre los bosques;
las ramas caen colgando como largos caireles
y ni un solo rumor asciende al cielo puro.
Sólo un alma en el aire flota sobre las cosas,
y sumisa al anhelo que la sigue apurando
de ella misma a sí misma transmigrase por siempre.
Palpita y se estremece, como una mariposa,
y a cada instante nace de un destello fugaz
su misteriosa forma puramente de luz
que brilla y que se apaga, vuelve y desaparece.
Por el claro del bosque vagan voces ahogadas
que espiran moribundas como una larga queja.
Cada impulso vital ralentiza su savia,
y todo se sosiega, quedo, menos los sueños,
que en su delirio rondan desesperadamente
el sopor de los cuerpos con bordoneos de enjambre,
y aletean, huyendo, por la fronda y los prados
rasgueando el espacio con sus mágicas alas.
Esbelta, con un porte radiante y altanero,
y arrastrando sublime como una reina el manto
solemne de sus largos cabellos por la hierba,
allá, bajo los árboles, a paso lento vaga
una mujer. Se le abren los pliegues del vestido
ceñido a sus caderas como un negro abanico:
Ella es la noche…
………………Mansa, va rozando las hojas
con la mano y prosigue, sin pajes ni sirvientes,
su sendero alfombrado de flores y perfumes.
Como asomara un hombro carnoso del satén,
de las nubes nocturnas la luna ya se asoma
para elevarse toda serenada y desnuda.
Y por el entramado de las ramas y el soto
se filtra su reguero de luz y de relente,
que acaricia las formas preciosas de la dama
cuyos ojos oscuros se vuelven hacia mí.
Envuelta viene entonces en húmeda aureola,
ya se me acerca y lleno de un ambiguo terror
al ver sus ojos grandes, oh mundos apagados
siento que se me fuera con un sollozo el alma.
La mano dulcemente posa en mi corazón;
su quietud me seduce y a la vez me perturba;
y rígidos mis nervios de un pujar sobrehumano,
yo que de ella no sé, ella que me posee,
allí permanecemos, dos espectros unidos,
mirándonos, callados, fijamente a los ojos.¹

¹Primera publicación: Le Parnasse contemporain (1866). Formó parte de Les Lévres closes (1867), con una dedicatoria “À José-Maria de Heredia”.

La nuit de juin

La nuit glisse à pas lents sous les feuillages lourds,
Sur les nappes d’eau morte aux reflets métalliques,
Ce soir traîne là-bas sa robe de velours;
Et du riche tapis des fleurs mélancoliques,
Vers les massifs baignés d’une fine vapeur,
Partent de chauds parfums dans l’air pris de torpeur.
Avec l’obsession rythmique de la houle,
Tout chargés de vertige, ils passent, emportés
Dans l’indolent soupir qui les berce et les roule.
Les gazons bleus sont pleins de féeriques clartés;
Sur la forêt au loin pèse un sommeil étrange;
On voit chaque rameau pendre comme une frange,
Et l’on n’entend monter au ciel pur aucun bruit.
Mais une âme dans l’air flotte sur toutes choses,
Et, docile au désir sans fin qui la poursuit,
D’elle-même s’essaye à ses métempsycoses.
Elle palpite et tremble, et comme un papillon,
A chaque instant, l’on voit naître dans un rayon
Une forme inconnue et faite de lumière,
Qui luit, s’évanouit, revient et disparaît.
Des appels étouffés traversent la clairière
Et meurent longuement comme expire un regret.
Une langueur morbide étreint partout les sèves;
Tout repose immobile, et s’endort; mais les rêves
Qui dans l’illusion tournent désespérés,
Voltigent par essaims sur les corps léthargiques
Et s’en vont bourdonnant par les bois, par les prés,
Et rayant l’air du bout de leurs ailes magiques.
-Droite, grande, le front hautain et rayonnant,
Majestueuse ainsi qu’une reine, traînant
Le somptueux manteau de ses cheveux sur l’herbe,
Sous les arbres, là-bas, une femme à pas lents
Glisse. Rigidement, comme une sombre gerbe,
Sa robe en plis serrés tombe autour de ses flancs.
C’est la nuit! Elle étend la main sur les feuillages,
Et tranquille, poursuit, sans valets et sans pages,
Son chemin tout jonché de fleurs et de parfums.
Comme sort du satin une épaule charnue,
La lune à l’horizon sort des nuages bruns,
Et plus languissamment s’élève large et nue.
Sa lueur filtre et joue à travers le treillis
Des feuilles, et, par jets de rosée aux taillis,
Caresse, en la sculptant dans sa beauté splendide,
Cette femme aux yeux noirs qui se tourne vers moi.
Enveloppée alors d’une auréole humide,
Elle approche, elle arrive, et plein d’un vague effroi,
Je sens dans ces grands yeux, dans ces orbes sans flamme,
Avec des sanglots sourds aller toute mon âme.
Doucement sur mon coeur elle pose la main.
Son immobilité me fascine et m’obsède,
Et roidit tous mes nerfs d’un effort surhumain,
Moi qui ne sais rien d’elle, elle qui me possède,
Tous deux nous restons là, spectres silencieux,
Et nous nous contemplons fixement dans les yeux.


EXTRAÍDO DE ANTOLOGÍA DE LA POESÍA PARNASIANA. CÁTEDRA, MADRID, 2016. TRADUCCIÓN DE MIGUEL ÁNGEL FERIA.