Clara Schoenborn| Entre líneas

Clara Schoenborn. Nacida en Cali, Colombia. Ganadora del Encuentro de Poetas Colombianas Museo Rayo, 2011. Finalista IV Concurso Red de Bibliotecas Públicas Cali, 2009. Finalista Premio Carmen Conde, Ediciones Torremozas, Madrid, España, 2012. Mención de Honor Concurso Poesía De Los Objetos, Casa Silva, Bogotá 2012. Finalista Concurso Literario Internacional Ángel Ganivet, 2017.

Libros publicados: Búsquedas y encuentros (Caza de libros, Bogotá,2011), Los oficios en clave de Atenea (Ediciones Embalaje, 2011 y Apidama Ediciones, 2013, Bogotá), Huecos en la luz, (Ediciones Torremozas, España, 2014). Antología Ganadoras Gran Premio Ediciones Embalaje Encuentro de Poetas Colombianas (Uniediciones, Bogotá, 2018).

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A mi mano

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Es una mano sencilla
–sus huesos como flores-
su palma plena de agua de mar.

Al escribir sopla el vidrio.

Mano que a ratos se hunde en el lodo,
como un cangrejo herido
agita sus tentáculos obscenos,
muriendo en varias carnes.

Es una mano pensante.
Sufre de múltiples personalidades,
de inundaciones.
La atacan enfermedades lunares,
tras lo cual,
taconea en instrumentos de cuerda.

Siente el estruendo de sus nervios,
algo así como un cerebro rasgándose.
Un cruce eléctrico de agujas
la pone a vibrar como piraña.

Esto sucede si llega otra mano a acariciarla.
Se convierte en boca,
en bailarina deshilachando piel,
en un carnaval de uñas.
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Entre líneas

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Recuerdo el día en que
me enseñaron la línea recta.
Su inaplazable forma.
Su único camino.

Miré en sus ojos y
tenía aire a poema sordomudo,
paralizaba mis neuronas
y caí arrodillada.

Desde entonces,
me asustan las líneas rectas,
las desprecio con el soterrado odio
con que se venera y se teme a un dios.

Luego conocí las líneas curvas,
su exaltado planeta.
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Declaración de identidad

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Tengo el pie roto y soy mujer.
Guardo baratijas en el bolsillo y soy mujer.
Mujer soy -eso dicen.

Me levanto a las seis,
no preparo el desayuno.

Una tarde me olvidé de mi hija pequeña en el colegio.

Soy mujer,
odio los bolsos -su peso sobre mi hombro-
ese tener que cepillar mi pelo a diario.

Las faldas me estresan.
No me gusta disfrazarme de mujer.

No quiero mucho a los hombres
-apenas a unos pocos-

Soy mujer.

No sé qué haría si fuera presidente de un país.
No sé si me importarían los niños,
las mujeres.
No sé si pensaría diferente a un político común.

Soy mujer
y no sé qué hay por inventar,
si hay guerras justas.
No sé si vive una mujer en mí.
No sé si tenga género esto que soy,
o soy un desecho de algo,
un invento,
un ser viviente condenado.

Soy mujer.
Debo actuar en consecuencia.

Tengo mala suerte con las plantas,
mi armario es un desastre,
lo arreglo a veces para que no me ataque.

Alguien aseguró algún día que soy mujer.

Lo que me gusta
es escribir y leer poemas.
me gusta besar y el sexo mañanero.
El amor a estas alturas aburre.

Soy mujer.

Adoro cocinar
y pensar en la vida tan ridícula
en los seres tan ridículos que somos.

Hace una semana me atracaron.
Estuve en peligro de muerte
y ni siquiera entonces recordé que soy mujer.

A lo mejor me hubiera servido para algo.
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Padre

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Para Kurt Schoenborn


Ahora que estás deshecho
en esquirlas flotantes
tan parecidas a la libertad,

quiero que sepas
que he aprendido
a traspasar
el más allá,

he aprendido a trocarme en onda,
en murmullo magnético,
y a morirme un instante a cada rato
para estar allá en la muerte,
…………………contigo.
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Entre el vaso y el agua

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Para servir un vaso con agua,
se necesita primero andar el universo,
entender los huecos negros y sus diluvios,
mirar bien al interior de una mirada húmeda,
tocar el punto más temible de su tristeza,
descifrar la lágrima, su alfabeto astringente.

Para llenar un vaso se requiere
comprender el agua desde su atarraya oscura,
saber nadar hasta ahogarse
y haber salvado a otros náufragos.

Se llena un vaso con agua
y eso significa vislumbrar el casi-amor
de dos átomos de hidrógeno con uno de oxígeno,
su estrategia para invadir planetas,
preñarlos y enloquecerlos.

Servir un vaso con agua
es también saber de barcos y marinos,
de los túneles donde se dan citas a ciegas
para cantar salmos de vino y madera.

Mucho llega con el agua hacia su vaso.
Se necesita más que nada,
un guerrero regresando seco,
sin siquiera su cadáver.

Un simple vaso con agua
es resumir todo el misterio
y para que nazca con su sacramento
basta un deseo incontenible

y arriesgarse.


Buenos Aires Poetry | 2019