Defender la palabra: 22 poetas de Costa Rica | Parte #2

Es una tarea compleja realizar una muestra o selección de poetas de tu país. Implica, si se está lejos de casa, el regresar; primero, al territorio tangible y limitado de un país latinoamericano pequeño y hermoso, ubicado en el istmo y puente que es Centroamérica y segundo, y quizá más complejo, regresar al territorio intangible de la poesía que se ha escrito en este país. Resulta ser un viaje conmovedor en el que es difícil establecer un orden y una sistematización de escogencia. Se intenta ser riguroso y encontrar un criterio de selección y de orden. Sin embargo, el criterio de selección se convierte en un camino de regreso a casa, como buscar las migas de pan de Hanzel y Gretel. Así, el orden en el que están incluidos los poetas costarricenses de esta selección, es únicamente cronológico, según los nacimientos, representando décadas. Ellos, simbolizan la grandeza de la palabra hecha poesía de un país, atravesado como muchos países latinoamericanos, de contrastes, paradojas y dobles discursos, abatido de conflictos y problemáticas dolorosas, como la violencia y la inequidad, en el que la tarea más noble es sobrevivir y defender la palabra.

Carolina Quintero Valverde


Silvia Piranesi (1979)

Publicó su primer libro No importa existe el viento (Ediciones Perro Azul, 2009; Editorial Germinal, 2013). Desde el 2011 empezó a incursionar en la poesía visual, la creación de collages y libros-arte. Publicó el libro de collages Many brilliant notions (REA Ediciones, 2013) y 52 poem requests (Ambigú, 2015, Editorial artesanal en la que es co-editora). En 2017 desarrolló el proyecto de poesía-collage en video “Caída Libre”.

Silencio por favor

Huesos que ya no están donde los dejaste. Clavos y demás herramientas no funcionan. Todo suena, los pájaros heridos, las ramas secas, los ojos viejos en medio del colchón, todo suena a esta hora. Debería escapar cuando jugás a cortarme en pedazos alguna carne para ponerla en el sartén. Sonidos secos, hechos con vidrio. Colocamos oídos en todos los rincones, dentro de los bombillos, detrás de la lavadora, en los cepillos para el pelo o los dientes, en cada interruptor y alcantarilla. Los traemos al centro de inmediato. En cada vértebra hemos colocado un dispositivo del futuro, hace un sonido constante que los reúne a todos, los almacena, los clasifica, pero no siempre escuchamos, no siempre mantenemos la postura. A veces son agudos, engañosos, pero eso no nos alegra. Eso sólo nos amortigua.

Alejandra Solórzano (Costa Rica-Guatemala, 1980)

Con una historia de vida marcada por el exilio y la migración política de su familia, Costa Rica, Guatemala, Nicaragua y México son los países que respiran en su poesía hilvanada a un constante sentir filosófico. Publicó: “De vez en cuando hablo con ella”, Folio 114 (Guatemala) y “Detener la historia”, Ediciones Espiral (Costa Rica). Es actriz y profesora de Filosofía en la Universidad Nacional de Costa Rica, país donde radica desde 2007.

Las aves no se suicidan

En otro mundo posible
la Muerte de las aves sobreviene con apariencia de gato.

Al filo de una rama.
La inanición, un desierto para soñar insectos, larvas y semillas.

Colisionar sobre el espejismo de una ventana indiferente.
Perturbadas por ventiscas,
desorden de alas disueltas a merced de la anunciación de invierno.
Cansadas de tiempo
escondidas en el interior de un tronco
hasta ser encontradas
por masas de hormigas y escarabajos.

Cual sea el destino
su Muerte
una figura agraciada con suavidad de otoño
espera para acompañar
la sombra cristalina de sus cuerpos
hacia una leve infinitud

Esto canta un pájaro a su Logia
seguro de la ciudad durmiente
mientras le escucho claro y distinto
apoyada en sigilo tras la ventana del cuarto

Oír el augurio de muerte de los pájaros
el sentido trino de su entidad secreta
de su canto existencial.
Enmudezco
Sin el deseo de haber hablado

………………………………………………………………………………….[¿Qué apariencia tendrá mi muerte?]

Me pregunto
sin Logia
sin poseer un canto
justo antes de la madrugada.

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Jonatan Lépiz (1981)

Editor y director de Ediciones Espiral. Ha publicado los libros Batallar contra la Noche con la Editorial Costa Rica en el 2007; el humo de las cosas con la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia en el 2014;  cuando fuimos inocentes (Premio Eunice Odio) con la Editorial Costa Rica en 2015; y desde un edificio en llamas con la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia.

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tal vez, sí debimos conocernos

esta noche no veré al hombre caminar sobre la luna
nadie enfocará sus ojos, los lentes, los binoculares
el pensamiento, el telescopio, el astrolabio
en la silueta que nunca estuvo

beberé el agua del florero
como el cliché de la chica loca y boba
seré la flor mustia en el jardín sin verjas de la casa en los suburbios
en los minutos que nos queden te llamarás Jackie
y sostendrás en tu regazo la cabeza destrozada de tu esposo

tu vestido rosa salpicado por la sangre
su cerebro colgando de los cabellos
en medio del humo de las balas

pero habrá otra historia, Jackie
y ya los minutos se han ido
serás un paramédico sin nombre
verás por última vez a una mujer llamada Norma
tendida sobre el piso
contendrás tu aliento ante la tristeza
el tiempo se detendrá por este segundo
oculto en la nevera
junto a la carne congelada

ya el segundo pasó, Jackie
ahora volverás a tener tu antiguo nombre
nadie se acordará de lo que hiciste o dejaste por hacer
el agua cae sobre las calles
y brilla bajo los focos de los carros

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David Cruz  (1982)

En 2015 fue incluido en la antología El Canon abierto, última poesía en español, donde fue seleccionado como uno de los mejores poetas hispanoamericanos menores de 40 años. Ha publicado 3 libros. Su libro A ella le gusta llorar mientras escucha The Beatles ha sido traducido al inglés. Actualmente es editor de la revista Rio Grande Review de The University of Texas At El Paso. Su obra también se encuentra recogida en diversas antologías costarricenses e iberoamericanas. Ha sido traducido al inglés y parcialmente al japonés, portugués, italiano y francés.

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TRACK 19, LADO B

Los lindos saben que son lindos,
y salen con su mirada erguida en autos elegantes.
Tienen trabajos lindos, ropas caras que disimulan
lo poco feo que pueden tener.
Miran a los feos que caminan
por las aceras en busca de otros feos.
Los feos saben que son feos y cada mañana
sus miradas cansadas contaminan las oficinas,
las tiendas, los edificios en construcción.
Miran las revistas de moda con desconfianza.
Los lindos tienen otros amigos más lindos y eso los deprime.
Viajan a otros países y allí se sienten feos.
Entonces regresan.
Los feos cada fin de semana inundan los parques.
Miran a otros feos con más hijos que ellos
y se alegran por comprar un granizado a los suyos.
Llevan comida en tazas plásticas y la recalientan.
Los lindos saben que sus parejas los engañan
con los feos que son sus empleados.
Entonces resignados todos creen que son felices.

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Esteban Andrés Aguilar Ramírez (1983)

Filósofo, académico e investigador de la Escuela de Filosofía y del Centro de Estudios Generales de la Universidad Nacional de Costa Rica. Doctorando en Filosofía, específicamente en Ética y Política por la UNED de España, Máster en Derechos Humanos y Educación para la Paz y Licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional de Costa Rica, productor audiovisual y miembro fundador de la editorial costarricense “Ediciones Espiral”.  Ha realizado y participado en diversos cortometrajes y largometrajes documentales, publicado diversos artículos y ponencias sobre decolonialidad, comunicación, derechos humanos, derecho a la ciudad, cine comunitario y educación.  En 2014 publicó su primer y hasta el momento único libro de poesía, “Películas de Nadie”, con la editorial Guatemalteca Metáfora Ediciones.

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Decadent Trip

Hoy enfoco el lente en una imagen sin terminar;
hoy intento escribir
y nada sale;
quizá nada importe,
quizá
todo parece bien…

Ubico el lente y el lápiz,
ninguno funciona;

Un taxista llora y fuma,
una vendedora de chances busca un refugio bajo la lluvia;

Cada escena parece un cuadro separado:

Periódicos mojados en el suelo…

Un borracho tararea una canción de Juan Gabriel
como si maldijera a quien le abandono junto a la botella;
una piedrera le grita que no sea maricón,
mientras orina sentada sobre la línea del tren.

Apenas es sábado y temprano;
intentar cantar con el borracho
no parece una opción.

Todo indica que dormí bien,
que no pasa nada,
que soy,
lo que normalmente se llamaría feliz.

Es temprano
y he fumado tanto que me duele la garganta;
no entiendo a esa señora
que reza el rosario mientras espera el autobús.

Hoy el paisaje cambia
y el lente esta empañado,
los escombros en la calle me dicen que no estoy en un buen lugar,
no se escucha nada más
que el tarareo y los lamentos…

… no se escucha más que la canción de Juan Gabriel
en la áspera garganta de un borracho.

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William Eduarte Briceño (1983)

Productor audiovisual y escritor.  Ha publicado EnCuarentena (Editorial Costa Rica, 2006) y Frecuencia de manicomio (Editorial Perro Azul, 2006). Premio de Poesía Eunice Odio 2012 de la Editorial Costa Rica, con el libro La disección de una casa (Editorial Costa Rica, 2013). Su obra se encuentra en algunas antologías como Judas 12+1 poetas nacidos en Costa Rica después de 1970 (Editorial Catafixia, Guatemala 2013) 4M3R1C4 2.0 Novísima poesía latinoamericana (Ediciones Liliputienses, España, 2017).

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Bandas elásticas de pelo

Abrís la llave.
Te apartás a la espera
de la resistencia
mientras te desnudás. 
Cerrás esa suerte de puerta
transparente que te separa del baño.
Y te dejás bajo la ducha,
que está calentando, apenas.
El agua baja por tu cara
y te hace mantener los ojos entreabiertos.
Una de tus manos busca la llave,
disminuye la intensidad
para que esa resistencia funcione.
Pero encontrás algo escondido,
apartado del mundo por mucho tiempo.
El vapor empaña lentamente
los reflejos en este cuarto blanco,
en este momento en el que
sabés qué es eso que tocás
como si fuera otra persona
bajo el agua ya caliente.

Otra persona dividida
en tu memoria por la distancia,
el paso de los años, el silencio.
Te apartás a la espera
de una resistencia.
Dos cuerpos desnudos
tiemblan por culpa

de otro tipo de frío

y son disueltos
por la humedad
en el ambiente.

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Pablo Segreda Johanning (1985)

Publicó Antes éramos moviola (poesía), Editorial Perro Azul (Costa Rica, 2016). Realizó estudios en Historia, Filosofía y Ciencias Médicas en la Universidad de Costa Rica. Cuenta con diversas publicaciones en revistas y suplementos literarios nacionales e internacionales, como Revista Panenka (España), La Tinta (Argentina) y Hermano Cerdo (México).

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Cielo visto en anamórfico

El cielo como invento antiguo
indigente
cruzado por aviones y plegarias
el cielo presente entre las sábanas
incendiario
abriendo surcos
derramándose en las grietas
el cielo como vestigio del aliento
paladar ausencia grito
cruzando fronteras y epigramas
el cielo como calamidad
como fantasma
el cielo respirando en tus pulmones
neumotórax
dedicándose a la muerte
abrazando el fin
el cielo haciendo eco en tu diafragma
agitando excusas y caídas
el cielo como proverbio:
dejad que los niños vengan a mí
sin alas abiertas
a la espera
de sueños imposibles
el cielo acosado
por zepelines lentos
y preguntas
el cielo
así
de repente
tan colosal
tan sospechoso
como papalote levitando entre tus ojos
conspirando contra una cursilería
olvidada en el viento
el cielo soplando en tus entrañas
murmurando una mañana
en tus axilas
el cielo aquí y allá
tan poca cosa
tan distinto de nosotros
como el aire mismo
hecho eternidad

Sebastián Arce Oses (1986)

Estudió la Licenciatura en Filología Española y la Maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Costa Rica. Ha publicado los poemarios Emigrar hacia la nada (2010) y Variantes de una herida (2016). Aparece en la antología de poesía centroamericana Deudas de sangre (Anamá Ediciones, Nicaragua).

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Secretariat

A menudo
usamos la metáfora
de que somos
caballos de carrera

me aterra la idea
de pasar una vida
corriendo sin saber por qué

creo en el movimiento
pero las apuestas
que pesan sobre nuestro número
me arrebatan la cordura

no me imagino
como un caballo al que Bukowsky
apuesta su próxima botella
ni siquiera me imagino
atando mis tenis para correr por el barrio

tampoco declaro
que sea dionisiaco
el tipo que asume su barriga
como portavasos

tan solo digo
que me cuesta asumir
el mandato de las riendas
la competencia que te arroja
como una granada

Ignoro el lugar donde explotaré

no quiero llevar a nadie
en mis espaldas
si no habla mi lenguaje
de oprimidas libertades

si corro
que no sea en un circuito
de billetes y expectativas

que solo baste el reloj
tranquilo de mi respiración
el viaje sin ruta aparente
como el paseante que sale sin mapas
para perderse
en una ciudad nueva

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Juan Carlos Olivas (1986)

Autor de más de una decena de poemarios entre los que destacan En honor del delirio (2017), La Hija del Agua (2018), y El año de la necesidad (2018). Sus libros han obtenido múltiples reconocimientos como el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría de poesía 2011, Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero 2017, en Ecuador; Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador 2018, en España. Parte de su obra ha sido traducida a más de 18 idiomas.

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MEDITACIÓN DEL CUERVO

A veces me persigue un cuervo.
Como a Poe, en su vuelo me dice nunca más,
toma mi carne por comida y consecuencia
y justo cuando pienso que se fue
lo miro enfrente,
graznando desde el fondo de un violín,
oteando con sus ojos este fuego.

Hay un cuervo en cada paso de mi vida.
Estuvieron ahí la vez que estuve enfermo,
se colaban en la sed de la morfina,
descansaban en los hombros de las monjas.
Estuvieron ahí cuando creí perderme
y la gente en la ciudad vestía con sus plumas,
brillaban contra el sol y me dejaban ciego.

Vi cuervos arrogantes en la tumba de mi madre
y en lugar de piedras,
sólo pude lanzarles
unas míseras palabras
que devoraron sin dejarlas caer.

Hubo cuervos cuando fui
hasta lo alto de una azotea
y pensé en las posibilidades del vacío.
También cuando fui feliz,
cuando reía hasta partirme el cráneo,
cuando dije amarlo todo
y lo escribí sobre la piedra.
Había un cuervo que rondaba en soledad
y sus garras me robaban la voz.

Ahora sé que no se irá
aunque finja dormir en estas horas altas,
en las que escucho sus latidos
más adentro del sueño.

Este cuervo ha envejecido junto a mí
y ya es tiempo de enterrarlo en la nieve;
abrirme con una tijera el corazón
y sacarlo de esta celda en la que ha estado preso,
donde día tras día compartimos agua y pan.

Juntos cantaremos nunca más;
y así la vida cumplirá sus promesas,
y así lo que ahora duele
no habrá dolido en vano.

(de El año de la necesidad; Ediciones Diputación de Salamanca 2018)

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Carmen Quintero Valverde (1988)

Finalizó sus estudios en Medicina en la Universidad de Costa Rica en 2014. Ha participado en las lecturas del Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, desde el 2006 al 2013. Perteneció al Taller Literario Netzahualcóyotl desde el 2004 hasta el 2008. Ha participado en festivales y encuentros de poesía en Nicaragua y Guatemala. Sus poemas han aparecido en diversas revistas, como el suplemento La MalaCrianza del Semanario de la Universidad de Costa Rica. En el 2014 publicó su primer libro El año de la muerte de Tim Burton con Ediciones Espiral.

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A 100 km/hora

Los faros se prenden
en el mar de secreciones nocturnas.
Sobre la arena del desierto
trepa la luna azul.
¿Viste la sombra?
En la pizarra está mi sueño:
el muchacho con cuernos
lame mi frente.
Despierto asustada con
cuerpos rotos en el firmamento.
Apegados al pecho de los perros,
nos duele morder y
succionar.
Hace unos años,
desde el último piso,
vi la ciudad desierta,
insignificante…
El pájaro termina su cena,
acaricia su cuerpo.
Lacerado por alambres,
en la cima, él le dijo
—Todo esto te daré—,
pero… ¿cómo lo iba a desear?
¡La tierra parece más seca!
Vimos los grandes reinos,
pero todo está muerto.
Bajé del monte,
me acerqué a un cementerio.
La tumba de mi abuelo era la más pequeña,
la más pobre,
la tierra trenzaba sus mandíbulas.
—Todo esto te daré, si postrado me adorares—
Pero, ¿cómo lo podría desear?
Sueños de ángeles de collage
adheridos a su cabello.
Lo encontré
en el suelo de un baño público
y mis manos llenas de mugre.
Yo, joven y terco,
hombre mujer,
vi mi género arrancado
y los ángeles violándolo.
En la mesita de noche está escrito
a 100 km por hora
ha caído el hijo,
¡perdido!
en una bolsa de escarcha,
¡hasta asfixiarse en brillo!
Se corroe mi farsa,
mis labios de cobre.
Cien años a 100 km por hora.
¿Qué me queda?
¿Vas a lanzarte?
¡Ese es el número!

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Nathalie Crum (1987)

Ingeniera en Biotecnología del Instituto Tecnológico de Costa Rica, empresaria y gestora ambiental. Ha participado del XV Festival Internacional de Poesía de Costa Rica (2016) y del Festival de Poesía de Aguacatán, Guatemala (2017). Es coeditora y reseñista en RepertorioAmericano.Org, plataforma web para la difusión de las artes latinoamericanas (2017-actualmente). Su primer libro CeEmeYeKa se publicó el pasado marzo (2019) en la colección Quetzal de Amargord Ediciones Centromérica.

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Quemar las naves

A Carmen

Albatros de ceniza alcanzarán
el oído negado de la noche.

Sostendrán mis nervios
con el primer puñado de tierra
sobre el féretro.

Paralizados un instante,
los dejarán mezclarse
infinitamente
en la fisiología del sueño.

Como si cada bocanada nos devolviera
al principio una y otra vez.

No huiremos más del veneno
de las arañas que anidan
entre las alas de un elfo.

Ese mismo que me chupa
la frente y se recuesta
entre los prados conmigo.
Desde el bosque umbrío
las naves simulan hogueras.

Aquí he llegado para no regresar.


Defender la palabra: 22 poetas de Costa Rica | Parte #2 | Selección y prólogo de Carolina Quintero Valverde para Buenos Aires Poetry, 2019.