Nietzsche | Stefan George

Stefan George (1868-1933) es el poeta de lengua alemana cuya producción manifiesta con mayor claridad las necesidades míticas de una época determinada, época que se caracteriza, además de por la proliferación inusitada de grupos y comunidades artísticos, por la creación de nuevos movimientos religiosos y por una cierta predisposición a nuevas formas de espiritualidad fruto de la muerte de Dios, cuya ausencia había favorecido la construcción de mitos privados. La religión ya no era consecuencia de una revelación divina, sino producto de una comunidad que crea su propio dios.
En este contexto aparece George, poeta y maestro –maestro en medio de la consciencia de la crisis cultural ya comentada–, además de personaje controvertido e incómodo, decisivo para la intelintelectualidad alemana de la primera mitad del siglo XX, tanto, que durante los dos primeros decenios del siglo XX no hubo gran autor en lengua alemana que no manifestase su atracción o repulsa con respecto a su literatura y personalidad.
Su obra, en principio en la estela de Mallarmé, se inició en el esteticismo simbolista y se adscribió a la tradición alemana del arte como religión, en coherencia con su aversión hacia el materialismo de una época y una civilización ensoberbecidas en su racionalización política, jurídica y económica, que ponen en tela de juicio el valor de lo aurático, de lo divino. Si a los seres humanos se les priva de la divinidad, todo asume el mismo rango, el mismo valor. Ya lo había postulado Friedrich Hölderlin: solo el poeta mantiene aún vínculos con lo sagrado.

Nietzsche

Nubes amarillas sobrevuelan la colina
Y frías montañas – ora emisarias de otoño
Ora de temprana primavera .. ¿Este muro
Cercaba al Tronador – a él que el único era
Entre miles que de humo y polvo había en redor?
Desde aquí envió a las tierras llanas el centro
Y a la ciudad muerta postreros relámpagos sordos
Y de larga noche partió a la noche más larga.
Abajo marcha estulta la masa · ¡no la espantes!
¡Qué a la medusa sería un picor · al hierbajo un corte!
Que todavía un rato reine devota calma
Y las sabandijas que con elogios le ensucian
Y que en vahos de podredumbre cebándose continúan
El que ayudó a ahogarle ¡que sean ya muertos!
Mas luego tú te alzas radiante ante los tiempos
Cual otros profetas con corona ensangrentada.
¡Tú salvador! De los hombres el más infeliz –
Con el ímpetu de los aislados henchido
¿Sonreír no has visto al país de la melancolía?
¿Has creado dioses sólo para derribarlos
Nunca te alegró una tregua u obra construida?
Mataste lo más próximo que había en tu interior
Para ansiándolo otra vez temblar por su partida
Y doliéndole la soledad izar un grito.
Vino demasiado tarde quien rogando dijo:
No quedan ya caminos entre riscos de hielo
Y nidos de espantosas aves – ahora es preciso:
Proscribirse al círculo que el amor encierra ..
Luego cuando la voz severa y atormentada
Resuene cual alabanza en noche azul
Y marea clara – lamentaos: ¡esta alma nueva
Tendría que haber cantado y no haber hablado!
Extraído de Stefan George, Nada hay donde la palabra quiebra. Antología de poesía y prosa. Edición de Carmen Gómez García, Editorial Trotta, Madrid, 2001 | Buenos Aires Poetry, 2020.