Uno piensa en Martí cuando llega la noche (diez poemas) | Alfredo Zaldívar

Alfredo Zaldívar nació en Holguín, Cuba, en 1956, pero reside desde la adolescencia en Matanzas. Poeta y editor, incursiona además en la narrativa, el ensayo y la crítica literaria y de arte. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía: Concilio de las aguas (1989), La vida en ciernes (2002), Papeles pobres (2003), Contra la emoción (2005), Malentendido (2007), Esperando a Viernes (2009), Con mucha melancolía (2013), Cuchillos en el aire – Knives in the Air (2015, edición bilingüe, traducción de Peter Boyle), Trillos / precipicios / concurrencias – Pathways / precipices / spectators (2014 y 2016, ediciones bilingües, traducción de Margaret Randall). Ha ofrecido conferencias y cursos en universidades e instituciones culturales de Austria, Bolivia, Ecuador, España, Estados Unidos, México, Nicaragua, Suecia, República Dominicana y Venezuela. Ha sido Artista Residente en The Banff Center for the Arts, Canadá (1996). Fundador de la editorial Vigía, de gran reconocimiento dentro y fuera de Cuba, por sus altos valores literarios y artísticos; ejemplares de estas ediciones se atesoran en el MOMA y el Museo Británico, entre otras colecciones relevantes. Actual director de la Editorial Matanzas y de la Revista de Literatura y Arte Matanzas. Entre sus galardones se destacan, por obras específicas, los premios Bicentenario de José Jacinto Milanés (2014) y de la Crítica Literaria Cubana (2016); y por la obra de su vida, el Premio Nacional de Edición y la Distinción por la Cultura Nacional.

FRENTE AL PAISAJE

Qué hacer frente a un paisaje que no es mío,
frente a un paisaje que amo y he creído que puedo poseer.
He apretado puñados de tierra y he metido
mis manos en el agua,
con ese barro fresco he embarrado mi cuerpo,
me he sumergido en sus aguas más dulces
y he vuelto limpio ya
frente a una hilera de palmeras silvestre
que me anima a buscarlo.

Quiero encontrar la boca del paisaje,
quiero besar los labios que tendría,
poner junto a su pecho mi oído y descubrir
los ruidos, los silencios del corazón que late.

Pero nada me es dado.
Soy el viajero que no ha vuelto
ni va a ninguna parte,
menos que el forastero suelo ser.

Ahí va el río hacia el mar,
ahí están las palmeras destellantes,
ahí las rocas y el viento,
los dos cielos, mi espalda.
una ajena silueta recortada,
Simple telón de fondo también yo,
frente a un paisaje que amo
del que apenas soy nada,
como el paseante que vaga en la postal
sin mirada ni aliento.

LA VIDA EN CIERNES

I

Nunca creí en las despedidas.
Siempre viajé en la cáscara,
me quedaba al partir
me iba de viaje sin saberlo
contra mi voluntad y contra todo.

El que se va de viaje guarda todos los libros
y empieza a escribir uno.
Apócrifos se vuelven los que viajan.

Mi última ausencia dura todavía.
Estoy de viaje aún
todavía estoy llegando
disimulando la caída
haciendo contorsiones que amortigüen el golpe.

………….(ponme la mano aquí, Macorina
………….pon pon pon, Macorina)

II

He sobrevivido más de cuarenta años.
Me enamoré a primera vista
y se me va a ir la vida esperando por ti
guarecido en tu indicio
dependiente del ron del dominó del béisbol.

………....(ponme la mano aquí, Macorina
………….pon pon pon, Macorina)

III

Aquí estuvimos a los veinte
en este mismo bar
aquí te espero cuando rindas viaje
cuando atardezca
cuando bajen los toldos.

………….(ponme la mano aquí, Macorina
………….pon pon pon, Macorina)

Estaremos
con tu camisa blanca de la buena suerte,
con la manía de mi pie derecho
diciendo adiós
llegando.

………….(ponme la mano aquí, Macorina
………….pon pon pon, Macorina)

Todo en un santiamén
en una sola fiebre
o dilatándose.

Ya sin preguntas.
Sin ninguna respuesta.

Toda la vida en ciernes.

POETA QUE LEE A OTRO POETA

Cuando soy el poeta que lee a otro poeta
soy el subtexto
los espacios en blanco
los márgenes
las lindes.

Cuando soy el poeta leído por el otro poeta
soy la página en blanco
predispuesta.

Cuando me lee un poeta
se me olvida quien soy
pero jamás quién es.

Cuando leo a un poeta
se me olvida quien es
pero jamás quién soy.

Cuando no soy poeta
ni leo a nadie
debo ser el poema.
El poeta
debiera ser un mal lector.

OTRA PARÁBOLA

No sabe si el instante en que sus manos
entraron en sus manos
sobre su pecho
fue verdad.
No sabe si el instante en que su boca
fue su boca
sucedió.
Sabe que perderá los ojos
cuando vuelva a entreabrirlos.
Sabe que cuando abra sus manos
no estarán en sus manos.
Pero no sabe si cambiará la historia
ni si tendrá palabras.

Las tormentas a veces
llegan sin anunciarse.
Las tormentas se anuncian
y quizás nunca lleguen.

Todo camino es una ingenuidad.
Todo pronóstico es sólo otra parábola.

CONTRA LA EMOCIÓN

He pecado, Señor.
Esta mañana recité una alabanza en los oídos de mi joven amante.
Llegué a rimar diez octosílabos
más de diez veces creo.
Lo hice con vehemencia.
El sonsonete de un antiguo italiano me llevó hasta un soneto.
Intenté disuadirlo
mas salían en versos blancos
tan líricos
que decidí parar.

Y heme aquí, Señor mío,
atormentado.
No fui capaz de contenerme
y escribí un encendido elogio del paisaje
me arrobé ante los últimos reductos de la tarde
y lo peor
lo hice ante una ventana.

Este acto, Señor,
se ha repetido varias veces.

En las noches percibo el olor de un jazmín
y he corrido hacia él
lo he descrito con fruición.
Yo, bajo las estrellas del jazmín
espero que amanezca,
canto feliz de haber nacido
y al goce de los albos atributos del día
he compuesto mis salmos.
Salmos, Señor, he dicho.

A veces me he hecho acompañar de amigos
en estas deleitosas correrías.
Le he señalado los encantos del río que fluye hacia la mar
y he visto en sus miradas aguas enternecidas.
Los he inducido a la consternación.
Yo, Señor, lo confieso.

He usado en mis poemas las palabras
sublime, ensoñación, nostalgia, isla,
añoranza, criatura, pez, blanquísima…
Señor, el verbo amar
ha aparecido en todas sus conjugaciones,
en todos sus sinónimos.
A la vuelta, en el bosque, encontré un cervatillo moribundo.
Y he llorado por él y por mí
y por todo.

He llorado, Señor,
Hoy he dispuesto mi arrepentimiento.
Debo autoflagelarme.

SUITE DE GINEBRA

1

Se ha bebido en su cama
trago a trago
sin copa sin compañía
sin cuerpo
una botella de ginebra perfumosa
la que jamás ha tolerado
y ha pensado en Martí.

Uno piensa en Martí cuando bebe ginebra
sin compañía sin copa
sin cuerpo
escudriñando el techo de su cuarto vacío.

Espantado de todo
asido a una botella que nadie lanzó al mar
única tabla de salvación
hija suya amante suya
se refugia en ella
a quien jamás había amado
y ya no le parece tan intolerable.
Ya tiene fe en el mejoramiento
en la adicción a la ginebra perfumosa
en Martí
en los dos tomos de su poesía completa
ahora solo despojado despejado desnudo
sin su cuerpo
con sus manos aferradas a sí
escudriñando el techo y la vida futura
en el fondo de una botella perfumosa.

2

Uno piensa en Martí cuando llega a Ginebra
sin sacudirse el polvo del camino
y sale a caminar sobre el Ródano sobre el Léman
hacia una convención hacia el podio de Cuba
a los conciertos desconcertantes de la tierra
al clamor de las naciones que se alejan
a los acuerdos que se alejan.

Uno lo ve alejarse.

Luego es un hombre pequeño que regresa
y cruza sobre el río sobre el lago
y se pierde por las calles estrechas
en los efluvios de sus bares
un hombrecito vestido de negro
que compra una botella de ginebra
y se va confundiendo fundiendo
con el vaho y la noche.

3

Uno piensa en Martí cuando llega la noche
y entra a una de sus patrias
o es ella la que viene hacia uno
y nos cubre lo cubre todo
al hombrecito que quizás ahora llore
–no logro precisarlo entre tanta penumbra–
a la botella de ginebra vacía
a la patria intangible
a ti.

4

Solo despojado despejado desnudo
sin su cuerpo
piensa en Martí cuando mira el grabado
de la bella Ginebra que se escapa
la esposa infiel del rey Arturo
que arde por Lancelot
en la pared más alta de su cuarto.

Brinda por ellos
los amantes
por la bella Ginebra
por el rey solitario en su mesa redonda
por el hombre vacío que mira su grabado
por todo lo que en su vida escapa
y te recuerda
y le recuerda a Cuba.

5

Piensa en Martí cuando llega la noche
frente a esta botella vacía de ginebra
que no pudo ni comprar ni beberse
en el viaje que no hizo
el que quizás no haga
a la ciudad en la que él nunca estuvo
sólo sin convenciones sin convicción
en un cuarto sin techo
sin pared donde colgar el grabado de la bella Ginebra
busca su cuerpo a pico de botella vacía
busca tu cuerpo perfumoso en el suyo
busca en tus dos tomos de su poesía completa
y se aferra a su cuerpo con tu mano
con fruición con fricción
a la botella que no pudo
ni comprar ni beberse
pero que es toda suya
y se aferra a su cuello
con fruición con fricción
y se derrama
muy lejos se derrama de fe
en el mejoramiento humano
en la vida futura
en la utilidad de la virtud
y en ti
en ti
en ti
en ti

NUNCA PUDE ESCRIBIR UN POEMA A ESTA CIUDAD

I

sólo yo veo el ave que en la Plaza Mayor intenta alzar el vuelo
sólo yo veo el adoquín sobre sus alas
la roca empecinada encima de su pecho

una piedra que pisan los que suben en las escaleras mecánicas del Corte Inglés, en los ascensores del Madrid de los Austria, en los rolls-royce que trepan los puertos hacia la Granja de San Ildefonso, en los decibeles de la Joy Eslava, en los aviones que remontan los cielos de Barajas
………………………………………………………………………………………………………………….en todo lo que sube…

sólo yo veo cuando vuela bajo

los gitanos anuncian sus argollas baratas
los moros sus alfombras
los mexicas su plata

los hindúes su incienso
y los turcos su sésamo
y los chinos sus bálsamos

los negros sus collares
y los incas su quena
y el ave de la plaza vuela en su flébil pena

viene volando bajo
desciende al metro y halla
aquel aliento maternal de la tierra
se refugia en su seno
se esconde acurrucado en su regazo
en sus entrañas

pero los trenes siempre se detienen, los túneles se acaban, las portadas se cierran, la piedra terca pesa, aprisiona sus alas pisoteadas, y busca un asidero, una corriente, un río, un torbellino, una luz que lo ice

II

sólo el agua le ampara
nunca la turbia holganza del Manzanares
nunca la parca lluvia del cielo de Castilla
sólo el agua vulgar que sale de sus grifos
inédita
fragante
como del mismo manantial de Clío

la empozaba en el cuenco de sus manos
para ver su bonanza
salpicaba sus alas
bebía para olvidar
se embriagaba

el olvido
la abulia
el agobio
la ausencia
hartos del agua lucia
se empañaban

la humildad de los grifos era un bálsamo
un elixir capaz de coronarle
rey del agua común
y dios de las bañeras

ileso
inmaculado
inmune a los ensalmos y ficciones
dueño del agua noble
el ave se curaba

III

nunca pude escribir un poema a esta ciudad
sólo el ave podía dedicarme sus rémoras
nunca pude decirle mi casa es alta y está abierta
desde aquí se ve el mar
allá se yergue el valle
este río murmura y aquel trina

sonaban los teléfonos
herían
había frío en los guantes
las bufandas
los chales

aquí tampoco el ave viviría

IV

abandoné mi casa
me fui a vivir con él bajo la piedra
viajamos en los trenes de la mañana y del atardecer
y en los que buscan el final de la noche

y compramos argollas para el cante
sésamo para el hambre

collares para el rito
alfombras para el frío

bálsamos para el tedio
incienso para el miedo

plata para la calma
la quena para el alma

pero los trenes se detienen siempre, los túneles se acaban en un punto donde no empieza nada y la música calla, y confiere al silencio, al ruido, la mansedumbre ambigua de su espejo

V

yo intentaba vivir con él bajo la piedra
soportar las pisadas de los giris
la mueca del que sube
el desdén del señor

pero él renegaba de mi sombra
mi ambrosía solidaria era un bochorno
no soportaba mi traición inútil

dejé la piedra
mi filantropía
abandoné mi estigma
deje al ave en su celda
y me fui libre

VI

nunca pude escribir aquel poema
en aquella ciudad
a esa ciudad

como el esclavo que ha comprado su suerte
¿qué puedo hacer con ella?
¿estoy libre de qué?
¿salvo de qué?

TRILLOS (fragmentos)

XXXI

Escribo sobre páginas escritas.
/La hoja en blanco es un mito.

XXXII

Corro
con un papel secreto
una carta de amor
por la noche cerrada
corro
con los ojos cerrados
por un camino que no es camino aún.

Vuelvo
corro otra vez
con la respuesta,
otra carta de amor
por la noche cerrada
con los ojos cerrados

XXXIII

y voy haciendo el trillo
la vereda cerrada hacia la noche
en la noche cerrada que no me espera
que debo abrir
aunque tan solo tenga
una carta secreta
y sea de amor.

XXXIV

El amor es un niño que corre con los ojos cerrados apretando los párpados, apretando las manos, con un mensaje en blanco, por una vereda que no existe. El amor es un trillo que no existe por el que corre un niño hacia lo blanco. El amor es un blanco que espera por un niño en la noche cerrada, con los ojos cerrados. El amor es la noche cerrada, los ojos apretados y la vereda blanca.

XXXV

“Esto es mío”, gritaba con firmeza. “Esto es mío”, gritaba con dolor. “Esto es mío”, cantaba. Mientras lanzaba la mala yerba lejos y mi sudor, mi llanto, mi saliva, mi semen, abonaban la tierra/tierra de promisión, vereda, trillo/ a donde fui confinado por algo/para algo/por alguien/por mí mismo.

XXXVI

Dentro del río sería la corriente.
Dentro del mar, la ola.
Sobre el puente, los pasos.
Sobre la tierra firme, una hoja que vuela…

XXXVII

Formas de ser
de estar
de asirme.

PRECIPICIOS (fragmentos)

1

He comprado un pescado esta mañana
y he sentido un temor ancestral
ante sus ojos.

2

Cuidando de no herirme
he guardado las piedras del vecino
bajo los vidrios de mi techo.

6

Para mi huida
tendieron un radiante puente de plata
sobre el foso.
Luego sabría
que yo era el enemigo.

11

He sido el río y su sonido.
Siempre he traído piedras.
También he sido la piedra y su rumor.

13

Fui una piedra
y rodaba y rodaba hacia el oriente.
Fui otra piedra
y rodaba y rodaba hacia el poniente.

No sé cómo han llegado a la piedra que soy.

21

Acudí a tu llamado y te salvé la vida.
Acudí cuando no me llamaste y te maté.
Ahora estoy preso y sordo.

30

El anciano,
en la noche absoluta,
sobre el silencio roto de los graznidos,
en la paz dominante de su intensa mirada,
cría sus cuervos ciegos.

32

Fui el árbol caído.
La leña bajo el filo del hacha.
Alimenté la hoguera que abrasó los asados y calentó las manos.
Fui el hombre poderoso y su sonrisa cálida frente al fuego,
atizándolo.
Uno y otro, hasta ser la ceniza.

33

Secaba mis lágrimas.
Quería ser aún el surtidor en que me había transfigurado.
Suspiraba.
Quería ser la fuente en la que hubo un surtidor.

40

Días
en los que cruzo a nado los océanos.
Días
en que me ahogo en el vaso de agua.

ENTONCES

Si las visiones en aquel teodolito aún siguen invertidas
Si todavía estoy detenido en el puente
Si tu balsa todavía no llega
Si el Palenque o el Pan no son dos lomas donde alguien va a morir
Si no aprendí a tocar el clarinete
Si la bala quedó en el aire, silbando
Si todo era verdad, si todo era mentira
Si ayer me fui a mirar en el espejo y vi tu rostro
Si la Isla se acaba en la punta de tu dedo índice
Si mi casa se cae y yo me arrugo
Si nunca me monté en esa bicicleta
Si nunca me he bajado de esa bicicleta
Si todos los que buscan un calmante necesitan una poca de agua
Si mi abuela a sus ciento dos años decidió que moriría en campaña
Si el pueblo que más quiero es una inundación de Tomás Sánchez
Si mi casa natal es un rastro en la tarde
Si mi Maria Bonita se quedó en un pañuelo
Si en Acapulco nadie me recuerda ni yo recuerdo a nadie
Si escribo poesía porque un día mi padre me metió en la cabeza un
………………libro de aritmética
Si el verso más hermoso de esta vida es la luna de Li Po en el fondo
………………del río Bitirí
Si voy contigo a donde nadie va
Si me muero por verte muriéndote por mí
Si las puertas son siempre para entrar y salir y salir y salir
Si me despierto en Illescas 20, 6to. C y no te encuentro
Si me quedé por la champola de guanábana
Si no consigo armar la antología
Si todavía me pierdo en la Calle del Medio
Si prohibir e irradiar son una misma cosa
Si no mato ni escribo
Entonces para qué

Colaboración enviada por Víctor Rodríguez Núñez | Poesía Cuba | Buenos Aires Poetry, 2020.