Berkeley en tiempos de plaga | Jack Spicer

Sólo de manera introductoria, porque a Jack Spicer (Los Ángeles, 1925–San Francisco, 1965) no le gustaban las etiquetas, podría decirse que este poeta formó parte de lo que algunos críticos denominaron “El Renacimiento de Berkeley”, que a su vez se convertiría en el “Renacimiento de San Francisco” luego de que el mismo Spicer, Robert Duncan y Robin Blaser (todos compañeros de la Universidad de California, en Berkeley) se mudaran a “Frisco” hacia 1950.

Aunque existe otro dato, no menos curioso. Jack Spicer fue uno de los fundadores de la famosa Six Gallery de San Francisco en la que Allen Ginsberg leyó Aullido por primera vez, y donde muchos autores de la generación beat se hicieron famosos, como Gary Snyder, Michael McClure y Phillip Lamantia.

Resultaban abominables para Spicer este tipo de lecturas y performances mediáticas: veía en ellas no sólo una usurpación territorial (los beats llegaban de otras ciudades), sino la extirpación de una tradición poética que se asocia más con rituales íntimos, órficos y personales.

Poeta de la imagen profunda, Spicer repudió no sólo la excitación estéril de los beats sino además el sensacionalismo psicológico de los poetas confesionales (Sylvia Plath, Robert Lowell y John Berryman, entre otros).

El objetivo de Spicer era “desterrar” la poesía y superar “la gran mentira de lo personal”, alejarla del ego poético.

En su última conferencia pública, “Poesía y política”, pronunciada en la Conferencia de Poesía de Berkeley el 14 de julio de 1965 –justo un mes antes de su muerte–, algunas de sus últimas palabras fueron: Don’t sell out as a poet” (“No te vendas como poeta”).

Juan Arabia


Berkeley en tiempos de plaga

La plaga se apoderó de nosotros y de la tierra debajo nuestro,
se levantó como un hervor, encerrándonos dentro.
Esperamos y los cielos azules se retorcieron por un tiempo
volviéndose negros de muerte.

La plaga se apoderó de nosotros y de las sillas debajo nuestro,
dio un paso con cautela al entrar a la habitación,
(estábamos discutiendo de Yeats); se detuvo por un momento
luego sonrió y nos hizo morir.

La plaga se apoderó de nosotros, se rió y nos reproporcionó,
nos hinchó hasta un vertiginoso y desacostumbrado tamaño.
Morimos prodigiosamente; dolió por un rato
pero dejó una cierta tranquilidad en nuestros ojos.

Bekerley In Time of Plague

Plague took us and the land from under us,
Rose like a boil, enclosing us within.
We waited and the blue skies writhed a while
Becoming a black with death.

Plague took us and the chairs from under us,
Stepped cautiously while entering the room
(We were discussing Yeats); it paused a while
Then smiled and made us die.

Plague took us, laughed and reproportioned us,
Swelled us to dizzy, unaccustomed size.
We died prodigiously; it hurt a while
But left a certain quiet in our eyes.

Extraído de Jack SPICER, One night stand & other poems, Publisher San Francisco : Grey Fox Press, 1980, p. 40 | Traducción de Juan Arabia | Buenos Aires Poetry, 2021.