Todo pasa en la sombra & otros poemas | León Felipe

El poeta español León Felipe Camino (Zamora, 1884 – México, 1969), es una de las más peculiares figuras del posmodernismo español, y de la poesía de ese país en el siglo XX. Y fue bastante más allá de la acción de Dante: León Felipe se hizo realmente boticario. En la Alcarria ejerció la profesión, pero fue también actor, emigrante en los Estados Unidos, donde en 1920 -ya después del mezzo del camin di nostra vita, que dijera el propio Dante- publicó su primer poemario: Versos V oraciones de caminanteque tendrá una segunda parte doce años después.

León Felipe es, como Unamuno -a cuya obra tanto le debe, por el tono reflexivo y admonitorio que los hermana-, un poeta tardío. De esos muy escasos que llegan a la poesía no en la juventud sino en la madurez y que, acaso por compensación, conservan el aliento del poeta hasta el mismo final de la vida. En los Estados Unidos va a trabajar, entre los incontables y muy diversos empleos que tuvo siempre, como lector de español en varias universidades norteamericanas.

Su primer libro de poemas tiene el acento en lo cotidiano que caracteriza a toda una zona del posmodernismo, sobre todo en Hispanoamérica: la del prosaísmo. En España es mucho más infrecuente y más tardío. Acaso porque no es tan fuerte en la península el énfasis esteticista que prodiga la poesía temprana de Darío, la de Azul… y Prosas profanas y otros poemas, frente a la cual el prosaísmo es una reacción. En León Felipe como en Moreno Villa, el prosaísmo aparece vinculado al tono del vanguardismo que apenas se ha iniciado por entonces. Acaso por ello, algunos estudiosos coloquen a estos dos poetas como integrantes de la generación del 27, a la que sin duda se vincularon, pero a la que realmente preceden por sus fechas vitales y por las de las ediciones de sus obras.

PIE PARA EL NIÑO DE VALLECAS DE VELÁZQUEZ

Bacía, Yelmo, Halo…,
éste es el orden, Sancho.

De aquí no se va nadie.
Mientras esta cabeza rota
del Niño de Vallecas exista,
de aquí no se va nadie. Nadie.
Ni el místico ni el suicida.

Antes hay que deshacer este entuerto,
antes hay que resolver este enigma.
Y hay que resolverlo entre todos,
y hay que resolverlo sin cobardía,
sin huir
con unas alas de percalina
o haciendo un agujero
en la tarima.
De aquí no se va nadie. Nadie.
Ni el místico ni el suicida.

Y es inútil,
inútil toda huida
(ni por abajo
ni por arriba).

Se vuelve siempre. Siempre.
Hasta que un día (¡un buen día!)
el yelmo de Mambrino
–halo ya, no yelmo ni bacía–
se acomode a las sienes de Sancho
y a las tuyas y a las mías
como pintiparado,
como hecho a la medida.
Entonces nos iremos todos
por las bambalinas.
Tú, y yo, y Sancho, y el Niño de Vallecas,
y el místico, y el suicida.

(Versos y oraciones del caminante. Nueva York, I: 1920, II: 1929)

III

Huyen. Se ve que huyen
Vueltas de espaldas a la tierra.
Nosotros no hemos visto todavía
los ojos de una estrella.
Para buscar lo que buscamos
(¿dónde está mi sortija?) una cerilla es buena,
y la luz del gas,
y la maravillosa luz eléctrica…
Nosotros no hemos visto todavía
los ojos de una estrella

(Versos y oraciones del caminante. Nueva York, 1929)

PERO DIRÉ QUIÉN SOY MÁS CLARAMENTE

Pero diré quién soy más claramente, para que no me ladre el fariseo
y para que registren bien mi ficha
el psicoanálisis,
el erudito
y el detective:
Soy la sombra,
el habitante de la sombra
y el soldado que lucha con la sombra.
y digo al comenzar:
¿Quién no tiene una joroba y un gran saco de lágrimas?
¿Y quién ha llorado ya bastante?
La luz está más lejos de lo que contaban los astrónomos,
y la dicha más honda de lo que cantabas tú, Walt Whitman.
¡Oh, Walt Whitman! Tu palabra happiness la ha borrado mi llanto.
La vida, arrastrándose, ha cubierto el mundo de dolor y de lágrimas.
Éste es el mantillo de la tierra,
el gran cultivo junto al cual la esperanza de Dios se ha sentado paciente.
De la amiba a la conciencia se asciende por una escala de llanto.
Y esto que ya lo saben los biólogos
lo discuten ahora los poetas.
Han llorado la almeja y la tortuga,
el caballo,
la alondra
y el gorila…
Ahora va a llorar el hombre.
El hombre es la conciencia dramática del llanto.
Antes que yo lo habéis dicho vosotros, ya lo sé.
Y yo digo además:
Esta fuente es mía… y no la explota nadie.
Nadie me engañará ya nunca:
mi llanto mueve los molinos
y la correa de la gran planta eléctrica.
De mi sudor vivió el rey,
de mi canción, el pregonero
y de mi llanto, el arzobispo.
Sin embargo, mi sangre es para el altar.
Sacad de los museos esa gran piedra azteca y molinera, afilad otra vez el navajón de pedernal,
rasgadme el pecho de la sombra
y dad mi sangre al sol.
¡Que hay algo que los dioses no pueden hacer solos!

(Ganarás La Luz. México, 1942)

TODO PASA EN LA SOMBRA

Y todo lo que diga el poeta maldito. Yo ahora aquí…
no son más que preceptos para caminar por la sombra.
Preceptos que no tienen vigencia… Ya lo sé… Pero
con ellos puedo moverme por ahora de algún modo…
No los traigo aquí para ganar adeptos ni para abrir disputas…
Los despliego como un mapa sobre mi mesa para determinar bien donde estoy.
Y estoy aquí…aquí… en este cruce sombrío de caminos… en las tinieblas… en las sólidas ……………tinieblas
Otros estarán más cerca de la luz…
Acaso alguno ha traspasado ya el muro negro y espeso…
y pisa ahora firme al otro lado del infierno…

(Del poeta maldito. México, 1941-1941-1944)

LA PALABRA

Pero, ¿qué están hablando esos poetas ahí de la palabra?
Siempre en discusiones de modista:
que si desceñida o apretada…
que si la túnica o que si la casaca…
la palabra es un ladrillo. ¿Me oísteis?…
…………….¿Me ha oído usted, Señor Arcipreste?
Un ladrillo. El ladrillo para levantar la Torre…y la Torre tiene que ser alta…alta…alta…
hasta que no pueda ser más alta.
Hasta que llegue a la última cornisa
de la última ventana
del último sol
y no pueda ser más alta.
Hasta que ya entonces no quede más que un ladrillo solo,
el último ladrillo, la última palabra,
para tirársela a Dios
con la fuerza de la blasfemia o la plegaria…
y romperle la frente… A ver si dentro de su cráneo
está la Luz…o está la Nada.

(Nuevos Poemas. México, 1947-1967)

Extraído de León Felipe. Nueva antología rota. Editores Mexicanos Unidos, S.A.: México. 1983 | Selección de Ignacio Olidén | Buenos Aires Poetry, 2021.