desearía ser dos perros, así podría jugar conmigo (nota de la traductora sobre las ‘bacantes’ de Eurípides) | Anne Carson

Anne Carson (1950, Toronto, Ontario – Canadá) es una poeta, ensayista y traductora. De estilo peculiar, inventivo y erudito, su poesía está en constante diálogo con el ensayo, la crítica literaria y otras formas de prosa. Entre sus títulos, se destacan: Eros the Bittersweet (Princeton University Press, 1986), Plainwater (Knopf, 1995; New Directions, 2000), y Nox (New Directions, 2010).

Extraído de Bakkhai de Eurípides, Un nueva versión de Anne Carson. Traducción de Bernardita Bolumburu, La Pollera Ediciones, 2020.

desearía ser dos perros, así podría jugar conmigo

(nota de la traductora sobre las ‘bacantes’ de Eurípides)

Dionisio es dios
del comienzo
antes del comienzo

¿Qué hace
especiales a los comienzos?
Piensa en

tu primer sorbo de vino
de una muy buena botella.
La página de inicio

de una novela policial.
El arranque
de una idea.

El cosquilleo al enamorarse.
Los comienzos tienen su propia
energía,

ética,
tonalidad,
color.

Verdoso-violeta-azulado
Fresco y húmedo rocío
casi transparente,

como una uva madura.
Tono en transformación,
las cosas a punto de cambiar

ya parecen diferentes.
Precipitada, imprudente
energía

disparada
como un rayo. Ética
fantásticamente egoísta.

Él es un dios joven.
De oscura mitología,
siempre llegando

a un nuevo lugar
para alterar el status quo,
con un asomo de sonrisa.

Los Griegos lo llamaron “extranjero”
e invadieron con montajes
polis tras polis

con historias como esa
en las Bacantes de Eurípides.
Una obra estremecedora.

Dando clases en Japón
se le pidió a Stephen Hawking
que no mencionara que el universo

tuvo un comienzo
(y por lo tanto, probablemente un fin)
porque afectaría

al mercado de valores.
Especulación aparte,
todos necesitamos una prehistoria.

De acuerdo a Freud,
no hacemos más que repetirla.
Los comienzos son especiales

porque la mayoría son falsos.
La nueva persona en la que te conviertes
con ese primer sorbo de vino

ya estaba allí.
Mira a Penteo
girando alrededor con un vestido,

tan satisfecho con su disfraz de niña
al borde de las lágrimas.
¿Debemos creer

que este deseo es nuevo?
¿Por qué guardaba
ese vestido en el fondo

del closet, por cierto?
El disfraz es carne.
Mira a Dionisio:

arrancado prematuramente
del vientre maldito de su madre
y cosido

en el muslo de Zeus
para luego volver a nacer.
La vida es un ensayo

para la vida.
He aquí un secreto bien sabido
sobre Dionisio:

pese a todas sus leyendas
de “dios nuevo”
importado a Grecia desde Oriente,

su nombre ya estaba presente
en las tablillas de la Lineal B
del siglo XII A.C.

La anterioridad
es algo que un dios puede manejar
bastante bien (el “tiempo”

una ficción para él)
pero no así
los mortales.

Miren a esas pobres mujeres apasionadas
que veneran a este dios,
las Bacantes,

destructoras del ganado,
de la gente del lugar
y de Penteo, el rey.

Alguna vez ellas tuvieron una existencia previa.
El pastor las describe
recostadas sobre las montañas en paz

“calmas como botones en una camisa”.
Este es el mundo antes de los hombres.
Entonces llega la cuadrilla

y la violencia se desata.
¿Qué nos dice esto?
El impacto de lo nuevo

tendrá su propia revelación
en modos antiguos y brutales.
Dionisio no

explica ni se lamenta
por nada. Él está
complacido

si puede lograr que lleves a cabo,
a pesar de tu plan,
a pesar de tus políticas,

a pesar de tu neurosis,
a pesar incluso de tus teorías dionisíacas sobre el ser,
algo bastante anterior,

el deseo
antes del deseo,
el lamido del comienzo para saber que no sabes.

Si la vida es un escenario,
ese es el espectáculo.
Sale Dionisio.