Patrick Quillier nació en Toulouse en 1953. Luego de estudiar música y literatura, dejó su ciudad natal para viajar extensamente por Europa, África y el Océano Índico, entre otros como docente de letras clásicas en La Reunión, Normandía, Portugal y Austria. Fue fellow del Collegium Budapest en 1994-1995, donde llevó a cabo una investigación sobre el lingüista Iván Fónagy, y posteriormente, de 1995 a 1999, fue lector en la Université Eötvös-Loránd de Budapest y director adjunto del Centre Interuniversitaire d’Études Françaises de dicha institución. Entre 1999 y 2021, enseñó Littérature Générale et Comparée en la Université de Nice Sophia-Antipolis, ahora Université Côte d’Azur, donde actualmente es profesor emérito. Su investigación académica se centra en la escucha de y en la literatura. A este respecto, fue profesor invitado de octubre de 2005 a febrero de 2006 en la Freie Universität de Berlín para un curso sobre las relaciones entre poesía y música en Francia en el siglo XX.
Políglota, es traductor y editor de Fernando Pessoa en Pléiade, y traductor de poetas latinos, griegos (antiguos y modernos), portugueses, brasileños, angoleños, mexicanos y húngaros.
En los años 80 y 90, involucrado en el teatro universitario, dirigió una docena de puestas en escena (Lisboa, Viena, Budapest): Ghelderode, Marivaux, Mishima, Aristófanes, Kundera, Camus, Marcel Aymé, Audiberti, Maquiavelo, Pessoa, Tardieu, Vian, Armando Llamas…
Tras escribir (entre 1988 y 2018) un “tríptico del susurro” de carácter a la vez lírico y épico, compuesto por Office du murmure, Orifices du murmure (publicados por Les Éditions de La Différence) y Nature vive (inédito), se ha dedicado desde principios de los años 2010, convencido de la urgencia de un discurso del nosotros, a la poesía épica. Voix éclatées (de 14 à 18), dedicado a la tragedia de la Gran Guerra cuyas consecuencias seguimos pagando, apareció en 2018 (ediciones Fédérop) y ese mismo año recibió el Premio Kowalski de poesía de la Ciudad de Lyon. D’une seule vague (chants des chants I), publicado en 2023, es el primer volumen de un ciclo de cuatro títulos, en preparación, que es acogido en las ediciones de La Rumeur libre, y que abarca el mundo entero y todas las épocas.
Residiendo desde el año 2000 en el pequeño pueblo de Aiglun en la comuna de Grasse situada en el departamento Alpes-Marítimos, ha invitado a numerosos poetas franceses y extranjeros para lecturas. Desde hace algunos años, estos poetas se reúnen anualmente en el verano para las “Rencontres de Paroles”, durante las cuales conversan, comparten textos y se escuchan mutuamente durante tres días.
HUBO UN TIEMPO EN QUE NOS CONTABAN EL QUIJOTE
António Osório, in memoriam
(pensando en su culto a Camões)
Era el abuelo, el padre o el tío,
Según la ocasión, quien contaba la historia del Quijote
(La abuela, la madre y la tía a veces
Zurcían puntada propia en el relato).
Sobrinos de Rameau o de Wittgenstein,
De Diderot o de Thomas Bernhard,
Somos todos sobrinos de Cervantes
O de Laurence Sterne, de Tristram
Shandy, de don Quijote y de Sancho,
Sin olvidarse del valiente Rocinante.
Gilgamesh, Hunahpú, Teseo, Hércules,
Y así, sucesivamente, desde la noche de los tiempos,
La tristeza vence a todo vencedor de monstruos,
Los reales, así como los molinos de viento,
Pues al final los monstruos son hidras
Que esclavizan a los hombres y a la tierra,
De carnicería en carnicería, de bomba en
Bomba, de crimen contra la naturaleza
En crimen contra la naturaleza, y la
Tristeza está en el corazón de todo adversario
De monstruos, porque en su fuero interno sabe,
A pesar del punto ciego de su visión oblicua
Tan pronto como se mira a sí mismo, que
El monstruo está allí, acechando y observándolo.
¿Cuál es este tropismo, indomable y
Loco, de despoblar para mejor repoblar?
Las voces que cuentan la historia, inalterables,
Amugronan, en sarmientos entrelazados,
Palabra con palabra, la voz, hasta el alma misma,
(En la brasa echábamos albahaca,
Romero y otras hierbas).
Libro encuadernado en piel oscura,
Vibrando aún con el verbo del animal,
En el espíritu la historia, en letras de oro
Refulgentes, seguidas por la densa manada
De personajes reunidos, yendo
Adelante, cruzando bastiones y colinas,
A los confines de la vida. Escuchábamos.
Atrapados por la emoción en la garganta.
Mordaza invisible para nuestro propio bien,
Contemplábamos la andadura de los héroes,
El caballero de la triste figura
Encaramado en el macilento jamelgo
Y en la punta afilada de cada instante
El hombre rollizo inscripto en el tiempo
(La línea de fuga de Dulcinea
Dibujaba algunos trazos de eternidad).
Insectos, sí, eso decíamos nosotros:
El capricornio, el escarabajo, y
La mantis religiosa. Es en lágrimas,
Nuestras, de todos los que nos contaban,
De Cervantes, en las que nos echábamos al vuelo.
PARFOIS LE QUICHOTTE NOUS FUT CONTÉ
António Osório, in memoriam
(en pensant à son culte de Camões)
C’était le grand-père, le père ou l’oncle,
Selon les temps, qui contaient le Quichotte
(Grand-mère, mère et tante quelquefois
Rentrayaient un accroc dans le récit).
Neveux de Rameau ou de Wittgenstein,
De Diderot ou de Thomas Bernhard,
Nous sommes tous neveux de Cervantès
Ou de Laurence Sterne, de Tristram
Shandy, de don Quichotte et de Sancho,
Sans oublier la brave Rossinante.
Gilgamesh, Hunahpu, Thésée, Hercule,
Et ainsi de suite en la nuit des temps,
La tristesse vainc tout vainqueur de monstres,
Les réels comme les moulins à vent,
Car à la fin les monstres sont des hydres
Asservissant les hommes et la terre,
De carnage en carnage, de bombe en
Bombe, de crime contre la nature
En crime contre la nature, et la
Tristesse est au cœur de tout adversaire
Des monstres, car il sait qu’au fond de lui,
Malgré l’angle mort de sa vue biaisée
Dès lors qu’elle se porte sur lui-même,
Le monstre est là qui guette et le regarde.
Qu’est-ce que ce tropisme, indomptable et
Fou, de dépeupler pour mieux repeupler ?
Les voix disant le conte, inaltérables,
Provignaient, en sarments entrelacés,
Mot sur mot, la parole, à même l’âme,
(Dans la braise on jetait du basilic,
Du romarin, et d’autres aromates).
Livre relié de basane sombre,
Vibrant du verbe encor de l’animal,
Dans l’esprit le récit, aux lettres d’or
Enluminées suivies du troupeau dense
Des caractères rassemblés, allait
De l’avant, traversant bastions et buttes,
Aux confins de la vie. Nous écoutions.
Saisis à la gorge par l’émotion,
Invisible bâillon pour notre bien,
Nous contemplions l’errance des héros,
Le chevalier à la triste figure
Juché sur le canasson efflanqué
Et sur la pointe aiguë de chaque instant,
L’homme arrondi inscrit dans la durée
(La ligne de fuite de Dulcinée
Dessinait quelques traits d’éternité).
Des insectes, c’est bien ça, disions-nous :
Le capricorne, le scarabée, et
La mante religieuse. C’est en larmes,
Nôtres, des conteuses et des conteurs,
De Cervantès, que nous nous envolions.
Traducción de Patricio Ferrari y León García Jordán | Buenos Aires Poetry 2024
