La Biblioteca Juan L. Ortiz, impulsada por las universidades del Litoral y de Entre Ríos, reeditará los catorce libros del poeta entrerriano. Los primeros volúmenes son La mano infinita y El Gualeguay.
Juan L. Ortiz escribió un único Libro, En el aura del sauce, que reúne cincuenta años de trabajo poético ininterrumpido y que logró publicar en 1971, hacia el final de su vida.
Este Libro está compuesto, a su vez, por una colección de libros. Los diez primeros fueron publicados de manera casi artesanal, en pequeñas tiradas que Juan L. distribuía entre sus amigos, y para la edición de su poesía reunida se sumaron tres y uno quedó inconcluso. Estos catorce libros, la manera en que fueron escritos y su aparición en el tiempo, con su autonomía y su cadencia, participan de la definición de su estilo. La colección Biblioteca Juan L. Ortiz, un proyecto de las editoriales de la Universidad Nacional del Litoral y la Universidad Nacional de Entre Ríos, se propone entonces volver a editarlos acompañados por prólogos y notas a cargo de especialistas. Una «Biblioteca» que permitirá mostrar una fisonomía desconocida y necesaria del poeta.
ELLOS…
Ellos están allí entre las altas barrancas.
En lo hondo. Ellos están allí.
Ellos viven, viven? junto al arroyuelo
de aguas pobres que quisieran ser puras
y que sólo el mediodía, el diáfano mediodía, viste de azul y plata.
—La sombra de las barrancas en casi todo el día
les roba esta única, esta celeste gracia…
El camino blanco en la alta luna
fosforece y fluye para nadie
entre una soledad rasgada, aunque espectral, de ceniza…
Pero el hilo de estaño cambiante y apenas sonreído
por algunas frágiles flores de jabón, se transfigura,
y es el despertar, en la crecida, de noche,
ante un monstruo repentino y terrible todo lívido de espumas.
Ellos están allí entre las altas barrancas.
En lo hondo. Ellos viven allí. Con el sueño amenazado
y un posible abrir de ojos aún más trágico que el de las albas habituales
sorprendido en su inocencia por un castigo todavía más incomprensible.
Ellos están allí porque solamente allí pueden estar.
Porque solamente allí pueden plantar sus latas y sus lonas.
Olvidados como los otros, desconocidos como los otros,
los del horror lento o rápido o brutal de aquí y allá…
Ellos están allí porque solamente allí pueden estar.
¿Es cierto que se sonrie ante los lindos pliegues de las telas exhibidas
y las copas de vino claro y las volutas gráciles de los «problemas eternos»?
¿Es cierto que se está contento de sí entre las luces
y que se cree que el mundo termina en el radio de las luces
y de las palabras seguras y del sentimiento medido por las uñas delicadas?
¿Es cierto, es cierto? Ellos están allí entre las altas barrancas.
En lo hondo. Ellos están allí. Ellos viven allí.
¿Por qué esas manos graves, en el aire, sobre ellos,
ligeramente bendicientes a pesar suyo, por qué?
Ellos están allí entre las altas barrancas. Ellos viven allí.
Y una mañana cualquiera, ellos mismos, y acrecidos de otras aguas,
de lo hondo, y con los hombros ligeros esta vez, a pesar de todo,
y libres esta vez, y para siempre, de la infamante bolsa familiar,
ellos, ellos, con otras manos y otros gestos, subirán, oh, subirán, hacia su día…
NOTA EN LA EDICIÓN DEL POEMA POR SERGIO DELGADO
En cuanto a la dimensión social en la poesía de Ortiz, ver la nota a «Sí, paz amarilla». En esta línea, la reseña aparecida en El Diario, ya mencionada, destaca este poema: «En «Ellos…» hay un sector humano hundido en la vida y entre altas barrancas junto al arroyuelo desconsolado, arrastrando su desamparo y su «bolsa infamante» entre desperdicios, pero con tanta fuerza aferrados a su brizna de felicidad que hacen renacer la fe en sus reservas íntimas para alcanzar la luz del gran día suyo».
Extraído de Juan L. Ortiz, La mano infinita. Prólogo de Marilyn Contardi, Ediciones UNL, 2025, pp. 43-44


