Poemas de The Late Parade, de Adam Fitzgerald.

adam fitzgerald

Adam Fitzgerald es un poeta de Nueva York. Es también profesor en Rutgers University, la New School y NYU, y organizador de la Ashbery Home School, un ciclo de conferencias y talleres en torno a la figura y poesía de John Ashbery. La publicación de “The Late Parade”, su primera colección de poemas, dio reinicio a la legendaria impronta Liveright de W.W. Norton. Como fundador de la revista de poesía Maggy y editor colaborador del Literary Hub, Adam ha demostrado también tener un dedo índice en el pulso de la poesía estadounidense contemporánea. Su poesía es lírica, juguetona y rica en formas tanto restringidas como libres; su voz es a menudo ventrilocua y alucinadora, e implica al lector en confusiones que recompensan. Su primer libro ha sido celebrado por John Ashbery, Harold Bloom y Dorothea Lasky, entre muchos otros. Estas son las primeras traducciones de poemas suyos al Castellano, y es para mi un honor presentarlo por primera vez en nuestro idioma. 

Tomás Cohen

CATEDRAL

Para escribir sobre una cosa tienes que escribir primero sobre otra.
Para hablar de la muerte de Carlos V
tienes que hablar primero de la Dinastía Hò Chí Minh.
Para entender los ministerios rotundos de, pongámosle, la luz lunar,
tienes que estar primero ciego, y luego saber de esgrima.

En cuanto a mí, yo entiendo la inquietud. Cae
en la luz azul temprana y transida del alba.
Hablo — a menudo y sólo si me equivoco— sobre fútbol,
clubes de tenis, y de la forma general del mundo.
Sales a tomarte un café. Vuelves otra persona.

CINE RARO

Mi oda al fracaso parte como una niña despertándose en un sueño
y se da cuenta de la superficie de su sueño sobre nubes desarregladas,
suspensa en un vago placer de duda. Continúa entonces
como un tren que sale de sus rieles, con espuma invisible a raudales

y se da cuenta de la superficie de… Su sueño sobre nubes desarregladas
me acongojaba. Ella también fracasó, el almizcle acre de su pelo
como un tren que sale de sus rieles, con espuma invisible a raudales.
Nada de esto me importa. Extraño a la persona que adentro

me acongojaba (ella también fracasó). El almizcle acre de su pelo
es todo lo que importa en el lobby donde dormí, hurgando con expresión
……………………………………………………..ausente.
Nada de esto me importa. Extraño a la persona que adentro
No oye más que el calco de la pérdida, una addenda menor.

¿Es todo lo que importa en el lobby donde dormí, hurgando con expresión
………………………………………………………ausente
tu sombra? ¿Como fruta rosa cortada? ¿Un rayo súbito de sol?
No oír más que el calco de la pérdida, una addenda menor.
U oye algo, si quieres, de casualidad, una grieta en un nombre.

Tu sombra como fruta rosa cortada, un rayo súbito de sol.
Pero eso fue antes, cuando pudimos compartir nuestro sexo a tientas,
oyendo algo que quisimos de casualidad, una grieta en un nombre,
en un cuarto de botas perdidas, donde era amable el papel tapiz ciruela.

Pero eso fue antes, cuando pudimos compartir nuestro sexo a tientas.
Mi oda al fracaso parte como una niña despertándose en un sueño
en un cuarto de botas perdidas, donde era amable el papel tapiz ciruela.
Suspensa en un vago placer de duda, continúa entonces.

BOULEVARD RASPAIL

Te diría que no sé.
Giorgio de Chirico

Hoy también es un impostor. La fruta cortada,
la carne enrollada y oliente, el huevo vertido,

la leche evaporada, el carbón fresco, sedas flojas
de rosa acordonado— los hemos visto antes.

Aparecen y después emergen con harta naturalidad.
Así, tomándole el gusto, uno es tomado por el gusto.

A la deriva por un espacio corrugado, preguntándose,
los nervios quedan expuestos, erosionados y crudos.

Cerraron los labios fragantes del minuto agrio.
Gotas de pastilla de menta gotean en las muñecas.

Un sollozar anónimo se filtra hasta el hueso.
A la deriva sobre morillos, ventanas dan sombra,

luz metal pende que como una pastilla extranjera.
La noche refresca, se abren piscinas, va y viene.

Mi vida ha conducido a esto. Buscando dormido,
llegando a un corredor, no en bancarrota, sólo solo.

LA DISCUSIÓN

La vida que no vivimos.
La hora tibia como bronce.
La atmósfera apilada. La baranda gélida.
La gotera del verano a gotas.
La arboleda de miel, la fachada de ladrillo,
las barrancas vacías de luz a través de
Ferry Street y las hojas de abedul
donde una nube tira un calcetín.

La bóveda celeste. Las grabaciones de relojes.
Las horas de madera. Las postales del fortín.
Las salvas de papel de desayuno
expuestas en algún lado.

Las herramientas inertes. Las niñas exánimes.
La muñequita. La orilla esa de una casa,
la otra cuatro pisos de alto.
La trama de pobres cardúmenes.
Las anillas de violetas quebradizas.
La tubería de lilas en cubitos.
Las veredas del océano.
La escala sola. Las catorce patas.

Las habitaciones de poco musgo. La peineta.
Las manzanas. Las cerezas. Las plumas.
La paja. La bosta. La porquería.
Las huertas difíciles de tus ojos.
Las frutas chicas. La corbata de goma.
La voz amarga. La ninguna parte en especial.
La serie cantarina. La reina crujiente.
Las distintas variedades de almizcle de noche.

La brisa para decirnos quienes somos.
La balandra de nuestro aire. La despedida.
La confianza. Las Aefepés. Las ansias.
La amante. La micro. La dormida.

La jornada. La hora. Las tierras altas de Escocia.
Las millas liberales de hierba pantanal.
Las hojas. La toma de licencia.
La cabida. La estrella.

La sucesión de la lluvia. La lluvia.
La cantinela. La canción entera.
La pradera del viento.
La pradera al viento.
La calleja. Y ayer,
la tendida para recuperar el aliento.
La discusión. La vestimenta.
La melodía.

La herrumbre. La rendida de homenaje a tribus rendidas.
Las grandes mentes de poca fuerza.
La tempestad. La prestidigitación. La personalidad.
La depresión intermedia cubierta de estrellas.

SAMUEL TAYLOR COLERIDGE

Recuerdo la fondue de tu permanente
como un vidrio rubio y crespo al sol.
Tenía algo nortino y asociativo,
Una cualidad bien remota por estos lados.
Nos abrimos a un agache, mientras sobre rejas
un prado papagayo te espera como si
lo hubierai’ visto antes en el patio de tu
juventud. Uno, si te importa, que nunca tuviste.
El descaro te deja ‘ahí no más’, con candado
donde hay arbustos vigilando relojes templados,
lino de mentira en que despiertas cuando no hay nadie
ahí todavía para despertar de verdad a tu lado—
inocuo y remoto en cerros que maúllan nubes.
Qué endemoniado estos días de otoño tardo.

Parte de lata, parte de los tremendos brazos del sueño,
pienso en la mano de las manos, en los blandos
cartuchos salpicados, la regalía café-relente
de una hora, su intemperie con sello postal.
La mente, cierto, tiene sus puntos irritables,
absorbentes de mucha luz pero poquito calor,
pétreos y tímidos. Sabe demasiado de
algún pesar de sillas. Se abren libros
con servidumbre etrusca nevada, deslizándose
dentro y fuera de nuestros daguerrotipos.
Mientras tanto, tu garganta es un florero
que nadie intuye; sin hedor ahora pero ocaso
y brújula, que uno avienta furtivamente,
coordina el cambio, cambiado en definitiva.


Poemas de The Late Parade, de Adam Fitzgerald. Traducción de ©Tomás Cohen.

Enlaces a los poemas originales en inglés:

-“Cathedral”:
http://www.blunderbussmag.com/you-too-dislike-it-ch-ch-changes/

-“Strange Cinema”:
http://bostonreview.net/poetry/poet’s-sampler-adam-fitzgerald-joe-weil

-“Boulevard Raspail”:
http://livemag.org/issue_10/fitzgerald.html

-“The Argument”:
[no disponible online]

-“Samuel Taylor Coleridge” (con erratas):
http://statorec.com/poetry/five-poems–adam-fitzgerald.html

∇ De The Late Parade, ©Adam Fitzgerald, 2013.
Copyright de la traducción, ©Tomás Cohen, 2015.