Raymond Williams contra Cambridge – por Juan Arabia

Raymond Williams contra Cambridge. Formaciones y Emergencias de una Teoría Cultural, por Juan Arabia.

La teoría cultural de Raymond Williams se sostiene por su propia experiencia de vida. Para comprender mejor su teoría resulta de una gran ayuda la biografía escribió Dai Smith, El retrato de un luchador. Particularmente por la cantidad de pasajes, anotaciones y correspondencias —nunca antes publicados— de los escritos del mismo autor.  Uno de ellos, que Williams escribió cuando tenía diecinueve años de edad, resulta esclarecedor:

El poeta o novelista debe ser considerado como un hombre entre otros hombres dentro de un mundo de fuerzas económicas reales. Éste es nuestro primer principio y una mejor comprensión de la economía supondrá una mejor comprensión de la vida y la sociedad del poeta, ya que los factores económicos son decisivos.

Es conveniente, entonces, preguntarnos quién es Raymond Williams, de dónde proviene, y específicamente: qué lugar ocupan todos estos factores económicos en su vida.

Hijo de un empleado del Ferrocaril, nació en Lanfihangel Crocorney, Gales, Reino Unido. Por méritos personales y académicos, y porque vivió una época de transformación de clase, tuvo la posibilidad de asistir a Cambridge, siendo entre muchos otros (como Richard Hoggart o Stuart Hall) de la primera camada de hijos de obreros con la posibilidad de acceder (mediante becas o ayudas económicas) a una educación universitaria.

Esta simple descripción, que resulta del todo banal en cualquier tipo de introducción o biografía, en Williams presenta un carácter único, esencial. De hecho, si comprendemos esto, si recordamos esto, su teoría cultural será efectiva y podremos aplicarla a cualquier tipo de situación literaria y/o artística.

Williams llega a Cambridge con el viento y el aire del campo en sus suelas. En él confluye la camaradería de las comunidades rurales, de determinados valores (o éticas) de la clase obrera y trabajadora. No intenta sumergirse en la precariedad oficial de la crítica literaria vigente, precisamente porque esta misma no concebía este tipo de «marginalidades».

Un concepto clave en su obra son las formaciones. Las formaciones son descripciones de un estado social, es un concepto abstracto que nos permite explicar aquellas tendencias artísticas, literarias o intelectuales que surgen o emergen en la sociedad, y que son alternativas y oposicionales a las instituciones (como Cambridge) o las tradiciones (como el cristianismo). Y las formaciones pueden ser poéticas, artísticas, literarias; pero a la vez, intelectuales. Y el marxismo es una clase de formación, más allá de su aplicación práctica, porque difícilmente puede ser reconocido como una institución (pese a su institución política y burócrata en países soviéticos) o una tradición (en sentido estricto, como una tradición de la sociedad feudal o burguesa). El marxismo es, antes que nada, una experiencia teórica sin límites. Es una contradicción semántica, cultural, con una metodología específica, y una riqueza conceptual: «base», «superestructura», «determinación». Y Williams recibe todo esto de la misma forma que un cristiano recibe las parábolas de Cristo. Leyendo entre líneas, problematizando las palabras, los mensajes, lo oculto y doblegado en el texto. Sólo que, a diferencia de un cristiano, lo que importa no es la palabra de Dios, sino las experiencias vividas. Lo sentido, lo explorado. El marxismo es una experiencia, una formación: como quien descubre el mar por primera vez. Pero es el hombre el que se sumerge en la naturaleza, el que explora, el que elige cuál es el camino que lo conduce a nuevas tierras.

Ese marco teórico, evidentemente, no alcanzó a llenar su corazón. De aceptar la determinación económica marxista, hubiera descreído de sus valores, de sus orígenes, de su pueblo, de los trabajadores:

La cuestión principal es que ellos al hacer su trabajo obtienen su fruto. Sea sudando y con los dolores en los campos, en las minas y en las fábricas (…), son la auténtica gente del país y eso es lo que debe cuidarse. Y aunque éstos pueden escribir, saber y hablar mucho, sólo hablaré de ellos porque se dedican a hacer más feliz a la gente trabajadora, más fuerte y saludable (…). Por eso digo que están cumpliendo con su deber y siendo justos con la gente que realmente importa [2].

El desplazamiento realizado por Raymond Williams sobre los estudios literarios  dio lugar a concepciones más amplias y dialógicas de cultura. Existe cierta marginalidad, específica: tanto en Williams como en Hoggart su origen popular los convierte en personajes que navegan en contracorriente del mundo universitario británico. Cada uno de ellos, a su manera, exploró ciertos elementos residuales (alternativos y de oposición, como el marxismo) dentro una cultura dominante a partir de su propia experiencia de clase (abandono del Partido Comunista, espacios no tributarios de Oxford o Cambridge[1]). Se trata de un contexto en el que los jóvenes de clases medias y populares («nuevas clases», podríamos decir) —por vez primera— encuentran y tienen acceso a un sistema escolar y universitario, hasta ese entonces accesible para pocos.

Es por esto que no alcanza con comprender cómo funcionan las tradiciones, las instituciones y las formaciones: es preciso ver y analizar los entrecruzamientos entre estos tipos de definición social.

Hay relaciones dominantes dentro de este proceso cultural, como hay relaciones residuales (lo alternativo y oposicional incorporado al sistema dominante, por ejemplo) y, quizá lo más importante, relaciones o prácticas emergentes.

Y Williams adopta una postura muy clara, porque explica cómo una «nueva clase» es siempre el fundamento de toda (y nueva) práctica emergente.

Lo que emerge, si bien dentro de límites específicos, encuentra su origen fuera del centro. Y puede dar vida a su corazón dentro de una específica formación, que lo llena de sangre y de vida.

Así el campesino de Rimbaud adopta lo mejor del simbolismo de Verlaine para, más tarde, cambiar y transformar la acción (Laction) de la poesía moderna. Como un proceso alquímico que se repite a lo largo de la historia, es fuera del centro (tradiciones, instituciones) dónde comienzan y se forman las nuevas tendencias artísticas, literarias o intelectuales. La emergencia de Williams contra Cambridge, de Cristo contra Jerusalén, de Rimbaud contra París, de Bob Dylan contra New York. Todos hombres de campo.

«Creo que podemos mostrar mejor nuestra cristiandad convirtiéndonos en soldados de Cristo por la causa inmortal de la verdadera fraternidad. Debería haber una revolución de la civilización», escribió Raymond en muchos de sus diarios incluidos en el volumen biográfico de Dai Smith[3] .

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[1] De hecho, por su condición de clase, trabajan los primeros años en estructuras de formación para adultos en medios obreros.

[2] Raymond WILLIAMS, manuscrito a máquina de la obra «Clear as Crystal», 1940. Textos de RW.

[3] SMITH, Dai, Raymond Williams, La historia de un luchador. Valencia, PEV, 2011.

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