Haciendo/Construyendo la contracultura – de Kenneth REXROTH (Primera Parte)

Haciendo/Construyendo la contracultura – (Making of the counterculture) de Kenneth REXROTH – Traducción al español de ©Fernando CORREA-NAVARRO, 2015.

I

En el invierno de 1954-55 Norteamérica tuvo un quiebre sustancial en lo económico, social y cultural. Un estilo de vida, un estado de ánimo –como el Victorianismo o el Edwardianismo- dio paso a otro. La época industrial cimentada en la explotación mecánica del carbón y del acero fue dando paso a la electrónica, a los computadores, a la automatización –con todos los resultados sociales e intelectuales que implica el sustento de la revolución–, pero pocos podían entender qué estaba pasando.

El país pasaba por una depresión económica menor después del fin de la Guerra de Corea. La Guerra de Corea representó un salto cualitativo en tecnología y un retraso en todos los otros factores. De todas maneras, la moral se vino abajo por una razón más simple. Sólo puedes pelear una guerra así cada veinticinco años. La Guerra de Corea se dio a lugar dentro de la memoria reciente de la Segunda Guerra Mundial. Las instituciones académicas e intelectuales, Izquierda, Derecha y Centro, estaban destruidas, desmoralizadas y desacreditas por los años del McCarthismo. De a miles retornaban los jóvenes de la Guerra de Corea ciertamente decepcionados y despectivos hacia sus mayores. Se decían los unos a otros, “Mantén el hocico limpio y no te ofrezcas”, “No creas en nadie mayor de treinta”. La comunicación entre los grupos se vino abajo. Solamente las generaciones más viejas que siguieron provocadoras fueron respetadas, escuchadas, cuestionadas. Al ejército le tomó años descubrir el casi total desmoronamiento moral de Corea, así también los intelectuales más viejos ignoraban el volcán que estaba por explotar a sus pies.

El McCartinismo en sí mismo fue la expresión de quiebre de una síntesis americana mucho más antigua. Se ha dicho comúnmente que McCarthy vino de una pequeña ciudad de Wisconsin, de un estado que alguna vez fue la casa del radical progresista LaFollete, el portavoz más intransigente del viejo populismo agrario, con su desconfianza en las instituciones políticas y culturales, aislacionistas, de Nueva York y de Nueva Inglaterra, que desafiaban a la clase media. Las puertas se cerraron y apostillaron para siempre ante cualquier escape del poder económico de los pequeños agricultores, de los comerciantes pueblerinos independientes, y de los banqueros rurales, de la sociedad del medio oeste deudora. El McCartinismo es la última expresión de lo que en Europa central se llamó la Revolución Verde, que se devoró a sí misma en la impotencia.

La mayoría de los slogans del McCartinismo, como los de la Sociedad de John Birch hoy en día, alguna vez tuvieron un significado completamente diferente y habían sido también, ideas fundacionales de una Norteamérica pasada. Este contenido ha sido vaciado y reemplazado por la truculenta sospecha de que cualquier y todas las ideas brillantes fueron formando la nueva, exitosa sociedad. Desde un comienzo Norteamérica tenía en las manos algún tipo de soberanía. El barco se conducía a sí mismo. Una generación que había conocido la Segunda Guerra Mundial solamente como niños, estaba creciendo. Ninguna de las esperanzas y promesas de esta guerra se habían llevado a cabo. Ambos, Rusia y Estados Unidos, tenían la Bomba y se esforzaban por dividir el mundo, convertir a todas las naciones en portaviones y bases militares.

La Guerra de Corea había terminado en un sangriento punto muerto y en un completo quiebre moral. Mientras McCarthy estaba en lo más alto de su poder, con algunas excepciones, los lideres intelectuales y morales de Norteamérica temían desafiarlo, si es que realmente no lo apoyaron. Toda la comunidad académica fue destruida y aterrorizada primero por McCarthy y luego por un montón de cazadores de brujas locales y por los comités de investigación auspiciados por el gobierno. El McCartinismo más que cualquier otra cosa, reveló a los jóvenes la decadencia moral de sus mayores. Los profesores universitarios se quejaron de que estaban haciéndole frente a una silenciosa generación que recibía sus lecturas respondiendo “sin comentario”. El nihilismo en la vida pública se reflejaba en el nihilismo entre los jóvenes intelectuales. El orden intelectual, sin ir más lejos – muchos de ellos ex-comunistas- apoyó fervientemente a McCarthy. El nihilismo en autoridad engendra nihilismo en respuesta, como ocurrió en el siglo XIX en Rusia.

Aunque todos los editores literarios y académicos estaban ocupados diciéndole al mundo, a finales de los cincuenta, que la era de la experimentación y revuelta había terminado, unos cuantos críticos, yo entre ellos, habíamos comenzado a señalar que este slogan mostraba únicamente cuán total fue el quiebre comunicacional que se produjo entre las generaciones. Bajo los mismos ojos de la generación previa a la guerra, una nueva era de experimentos y rebelión, mucho más drástica en sus inicios, mucho más absolutista en su oposición, estaba naciendo. Los escritores Beat no fueron en principio parte de este movimiento. Kerouac había publicado una novela un tanto convencional, Ginsberg estaba escribiendo breves y áridas caprichosas imitaciones de Williams Carlos Williams, las intoxicadas elucubraciones de Burroughs ni siquiera eran consideradas publicables para él. Gregory Corso, un ingenuo escritor, una especie de dadaísta innato, fue tolerado como una divertida mascota por los chicos de Hardvard Advocate como parte de la jugarreta.

San Francisco fue la única comunidad de los Estados Unidos que tenía una literatura y un arte regional propio en discordancia con el patrón dominante. Durante los treinta se había convertido en una ciudad fuertemente sindicalista con una izquierda poderosamente política, sin embargo esta enérgica actividad fue significativamente independiente de las doctrinas dictadas por el Partido Comunista Norteamericano. Quizás la principal razón para esto fue que gran parte de los líderes habían venido del IWW[1], del movimiento anarco sindicalista One Big Union el cual había sido potentísimo en la costa del Pacífico generaciones atrás. Durante la guerra, los campos de trabajo para objetores de consciencia estaban ubicados a lo largo de las montañas y bosques de California. Estos chicos llegaron a San Francisco por las suyas. Se conocieron con los escritores y artistas de San Francisco que habían estado activos en la Década de los Treinta[2] pero que se habían convertido, no en anti bolcheviques profesionales, sino en anarquistas y pacifistas. Durante la guerra, reuniones de organizaciones pacifistas y anarquistas seguían con buena asistencia. Inmediatamente después de terminar la guerra un grupo de escritores y artistas de San Francisco comenzaron un Círculo Anarquista de reuniones públicas, las cuales durante cinco años, tuvieron mejor asistencia que todas las que llevaron a cabo organizaciones Socialistas y Comunistas. De este grupo y de los artistas del campamento de Objetores de Consciencia en Waldport, Oregon, surgió un gran porcentaje de actividades culturales en San Francisco que se mantienen hasta el día de hoy –una estación de radio, tres pequeños teatros, una sucesión de revistas, y una cantidad de personas que son considerados los más importantes artistas y escritores de la comunidad al día de hoy. Y fue este empático entorno el que los autoproclamados escritores Beat descubrieron a finales de los cincuenta.

Esto es probablemente la información más equívoca y errada que hay sobre la Generación Beat, incluso más que cualquier otro fenómeno en la cultura contemporánea. Esto se debe al hecho de que la prensa sensacionalista fue muy rápida en tomar a los escritores Beat y reconstruirlos a su propia imagen. La personalidad pública que se le había adherido a Allen Ginsberg es el tipo de persona que los editores de la revista Time gustarían de ser si sólo tuvieran las bolas. El escritor Beat es lo que los franceses llaman hallucination publicitaire, la idea de la Avenida Madison como una bohemia revolucionaria. No guarda casi ninguna relación con la actualidad aunque el engaño y la falsa imagen, es una constante tentación de los verdaderos escritores. Siempre pueden llevarse los aplausos y beneficiarse de vivir sobre la desilusión de sus enemigos.

La desinformación histórica real del Movimiento Beat es inmensa. En primer lugar, nunca hubo realmente un Movimiento Beat, con la excepción de cuatro escritores –Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William Burroughs y Gregory Corso. Segundo, estos escritores habían tenido una pequeña conexión con San Francisco a través de los años y fueron relativamente conocidos entre la bohemia intelectual antes de siquiera ver la ciudad. William Burroughs, mucho más viejo que el resto, los había llevado por primera vez a Nueva York un poco después de 1950. Kerouac y Ginsberg eran por esa época estudiantes de Columbia y Gregory Corso un no-estudiante de la Universidad de Harvard. Durante muchos años un grupo de chicos con onda tenían una revista llamada Neurótica en St. Louis. Por el año 1952 dos de los editores, Jay y Fred Landesman, se mudaron a Nueva York y abrieron un gran estudio tipo loft a una cuadra del café San Remo, en ese entonces uno de los cafés más a la moda o más bohemio de las salidas de Greenwich Village. Fue en el estudio Landesman que Kerouac, Ginsberg, Corso y Burroughs hicieron el primer contacto con la sociedad bohémica literaria de Nueva York. Hay muchas novelas sobre esta etapa del movimiento. Con la excepción de “Go” de Clellan Holmes, significantemente no se concentran en los patrones específicos de comportamiento de los cuatro Beats sino en describir la escena general de la primera generación pos-guerra de desafiliación, revuelta y aversión.

El problema con la escena de Nueva York alrededor del café San Remo era su completo sin sentido. No había nada más que desazón. Cuando Ginsberg y Kerouac comenzaron visitando San Francisco en el curso de sus expectativas estudiantiles por del país durante vacaciones, el efecto sobre ellos fue explosivo. En 1956 pregunté a los propietarios de la Six Gallery, una de las plataformas de despegue del expresionismo abstracto, si podrían auspiciar una lectura de Walter Lowenfels, quien no podía encontrar un solo lugar en San Francisco porque estaba bajo  cargos de violación del Smith Act[3]. Él era uno de los editores de la edición de Filadelfia de The Daily Worker y había sido un reconocido poeta modernista en el París Americano de finales de los veinte y principios de los treinta. (Es Jabberwohl Kronstadt en el libro Black Spring de Henry Miller). Los propietarios de la galería estaban gustosos ante la posibilidad de desafiar la autoridad. Nadie bajo los cuarenta había escuchado de Lowenfels como poeta pero para sorpresa de todos, la gran galería estaba atestada de jóvenes que fueron a escucharlo leer. Los propietarios estaban tan encantados que me pidieron arreglar más lecturas. La siguiente hizo historia. Fue un desfile de los poetas vanguardistas de la ciudad –Robert Duncan, Brother Antonius, Philip Lamantia, Lawrence Ferlinghetti, Michael McClure y cuatro hombres que recién habían llegado a la ciudad –Gary Snider, Philip Whalen, Gregory Corso, Allen Ginsberg. Fue la primera vez que Ginsberg leyó Howl, poema que había estado trabajando en un estado de excitación constante las últimas dos semanas. Los efectos son indescriptibles. Un nuevo folklore y una nueva relación folklorística se había creado entre el público y el poeta.

Suele decirse que la lectura en la Six Gallery catapultó al movimiento Beat. De hecho la única conexión es Ginsberg mismo. Kerouac estuvo presente pero no participó más que haciendo constantes disturbios. La lectura pública de poesía se había transformado en una institución en San Francisco desde 1928 y era la principal atracción en John Reed Club, artistas comunistas y organizaciones de escritores, y en el Jack London Club, y el competitivo grupo Socialista. Las lecturas poéticas fueron dadas por el Concilio de Pacifistas Unidos Randolph Bourne y después por el Círculo Anarquista de San Francisco durante la guerra y la década posterior, mayormente en el Arbeiter Ring, la conocida fraternal de trabajadores judíos. El Centro de Poesía de San Francisco había existido hace años y hace poco se había mudado a la Universidad Estatal de San Francisco. Los Festivales Anuales de Poesía habían comenzado poco tiempo después de la guerra y las sátiras reseñas musicales, The Poets Follies, bajo la dirección de Weldon Kees y Michael Grieg, con actuaciones como las de la bella stripper Lili St. Cyr leyendo T. S. Elliot Ash Wednesday (vestida), se había presentado durante tres años consecutivos. Kenneth Patchen, Lawrence Ferlinghetti y yo mismo habíamos comenzado a leer desde poesía hasta jazz en los clubes de jazz local. (El gran bajista y compositor Charles Mingus estaba asociado muy de cerca con muchos de los artistas y escritores de San Francisco durante los años de guerra).

Todos los poetas más viejos habían sido parte activa de grupos pacifistas y anarquistas por muchos años, habían sido objetores de consciencia durante la guerra, y trabajado en campos de objetores de consciencia o en hospitales. Los más jóvenes, Philip Whalen y Gary Snider, habían crecido en los círculos de IWW de Oregon y Washington.

NOTAS

[1] International Workers of the World. Internacional de Trabajadores.
[2] Rexroth utiliza el término Red Thirties para referirse a la crisis mundial que se vivió en aquella época.
[3] Ley Norteamericana que protege la seguridad nacional en contra de discursos ofensivos para el estado.

 

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Este texto, que será publicado en su totalidad en Buenos Aires Poetry n°5, combina tes piezas que originalmente fueron escritas para la BBC (bajo el título “The Second Post-War, the Second Interbellum, the Permanent War Generation”) en The Alternative Society: Essays from the Other World (Herder & Herder, 1970). Copyright 1970, Kenneth REXROTH. Traducción al español de ©Fernando CORREA-NAVARRO, 2015.