The Ezra Pound Period, por Iris BARRY

En Regent Street (Londres) había unas reuniones semanales, de naturaleza informal, a las que asistían sólo los mismos que Pound había permitido adherirse. Estas reuniones se llevaron a cabo una vez por semana durante 1917 y 1918. En el mismo restaurante, con aquella ropa que siempre parecía volar a su alrededor, haciendo que su bastón de marfil golpee contra el suelo, entró el mismo Pound, con su exuberante pelo, su rostro pálido como un gato y sus verdosos ojos de gato, aclarándose su garganta, haciendo extraños sonidos y gritos en medio de su conversación, pero no obstante siempre muy formal y extremadamente educado. Con él vivía Mrs. Pound, dejándose transportar delicadamente con aquel aire permanente de una joven dama victoriana, un perfil tan claro y encantador como el de una porcelana Kuan-yin.

Otras figuras aparecían: Lewis, sumamente pálido y de pelo muy oscuro. Yeats, mismo del que alguna vez Pound había sido discípulo, ahora se sentaba a su lado para leer a Landor.

Alrededor de la mesa se contaba la historia del asombroso ataque a Miss Lowell en Londres, de la apertura del primer night-club de Londres por parte de madame Strindberg con su tropa de monos, de lo que el joven Nevinson (un vorticista futurista) había dicho para molestar, en el Café Royal, de San Agustín y la muerte de su madre, de Rihaku y Cátulo, de Keats y de Edimburgh Review, de las enormes fortificaciones que (ese era el rumor que corría más o menos cada mes) habían sido voladas por las bombas del zepelín durante la noche. Mezclado con todo esto estaría el relato (de Pound) del descubrimiento de una hilera de casas intactas en Earl´s Court en el exterior de la puerta delantera de las cuales había un par de perros de piedra, de tamaño natural y sin que ninguno de los pares fueran iguales y ni siquiera de la misma especie.

Más tarde, el joven americano de llameante cabello se negó a comer, pero arrancó un puñado de pétalos de las rosas que decoraban el centro de la mesa, y las masticó rápidamente. Cuando todos se levantaron él se apoderó de una gran jarra de agua, la vació de un sólo sorbo, y más tarde se recostó sobre un sofá -según su anfitriona- por el resto de la noche.

∇ Extraído de The Ezra Pound Period by Iris Barry The Bookman, October 1931, pp. 159-171. Selección y traducción de ©Juan Arabia, 2016.