Chapbooks #1 – William Carlos Williams – Poeta en el Manicomio

PUBLICADAS POR VEZ PRIMERA EN NUESTRO IDIOMA -EN SU VERSIÓN ORIGINAL, Y SIN CENSURA-  LAS MEMORIAS DE WILLIAMS CARLOS WILLIAMS SOBRE SUS VISITAS A SAINT-ELIZABETH, MANICOMIO EN EL QUE FUE ENCERRADO EZRA POUND EN ESTADOS UNIDOS, LUEGO DE SER ACUSADO Y ENCERRADO POR TRAICIÓN A SU PATRIA.

ISBN: 978-987-33-5484-7 – 01
38 Páginas
Idioma: Español
Fecha de Publicación: Octubre 2016

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Poco antes de que Hitler invadiera Polonia, Ezra Pound me escribió diciendo que la ayuda suministrada por Mussolini al generalísimo Franco, no era másque una tentativa para limpiar un pantano de mosquitos. Le repliqué con una explosión de cólera: él, Ezra —le dije— era un triste representante de su país, etc. Declarada la guerra, dejamos de escribirnos durante varios años.
Cierto día, al volver a casa, Floss me contó que uno de los empleados del Banco preguntó si yo sabía de alguien en Italia conocido como Ezra Pound. Agregó que durante la tarde del día anterior dicha persona había hablado por radio y había dicho que el doctor Williams, de Rutherford, Nueva Jersey, lo comprendería.
—¡Dios mío! ¿Con qué derecho me arrastra en sus sucias historias?
Sólo repito lo que me dijeron —respondió Floss—. Tus “amigos” siempre te
envuelven en sus historias.
Le pregunté al empleado, pero no sabía nada más. Había captado la audición
por casualidad. Nunca escuchaba ese programa.
Luego, otro día, un joven me abordó en la puerta de mi oficina, me mostró sus papeles y me preguntó si había escuchado las audiciones de Ezra Pound en la radio italiana.
Le dije que no, pero que había oído hablar de ello.
—¿Sería usted capaz de identificar su voz?
—No, seguramente no; pero podría quizá reconocerla.
—¿Es amigo suyo desde hace mucho tiempo?
—Sí, desde la época de la Universidad.
—¿Aceptaría testimoniar que la voz que usted escucha es la voz de su amigo?
—Por cierto, si estoy seguro de que realmente es él quien habla ¿Pero cómo
puedo estar seguro?
—Nosotros le traemos las grabaciones de sus audiciones a su oficina con un
magnetófono. ¿Es usted un ciudadano leal? — dijo mirándome fijo a los ojos.
Me quedé turbado.
—Por supuesto que sí. Yo he consagrado, puedo decirlo, toda mi vida a mi país; he intentado servirlo por todos los medios. Hasta he escrito un libro sobre el tema.
—¿Qué libro?
—Se llama In the American Grain… y he escrito muchos artículos y ensayos y se oponen a la jauría de los “legisladores”; los guías compasivos pero ignorantes que hacen el juego a los criminales de las ciudades, los estados y las naciones. Y de nuestro primer deber en tanto que artistas, nosotros que somos los únicos miembros de la comunidad que conocemos algo y que debemos abrazar todo el campo del conocimiento. No pretendo trasladar las exactas palabras de Ezra, pero intento transmitir lo que sentí de ese arrebato, de esas frases inacabadas y sus réplicas. Debía volver a Washington. Él se levantó para despedirme y caminó hasta el portón, la cabeza llena de pensamientos. Afuera, llamé a un taxi.

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