Once jóvenes poetas cubanos 〈Parte Uno〉 – Selección y nota de Víctor Rodríguez Núñez

Cuando menos lo esperas
das con el ángel de la jiribilla

Once jóvenes poetas cubanos

Luis Yuseff, Isaily Pérez González, Javier Marimón Miyares, Leymen Pérez García, Marcelo Morales Cintero, Oscar Cruz, Liuvan Herrera Carpio, Jamila Medina Ríos, Moisés Mayán Fernández, Legna Rodríguez Iglesias y Sergio García Zamora

Selección y nota de Víctor Rodríguez Núñez

Afirma José Lezama Lima que “el ángel nuestro”, el símbolo de la sociedad y la cultura de Cuba, es “el ángel de la jiribilla”. Esa criatura hecha “de topacio de diciembre, verde de hoja en su amanecer lloviznado, gris tibio del aliento del buey, azul de casa pinareña, olorosa a columna de hojas de tabaco”. A pesar de su tierna constitución, ese ángel no permite que lo ignoren, que le den de lado, que no lo reconozcan, porque es como “la tortuga nuestra, que cuando se encoleriza le arranca un jarrete al toro”. Para vergüenza del Diccionario de la lengua española de la RAE, “[l]a palabra jiribilla no está registrada”; sin embargo, la Academia Canaria de la Lengua da el paso al frente y, sobre todo, da en el clavo: “inquietud que se manifiesta con un exceso de movilidad”, y también “[p]ersona muy inquieta”.

El “ángel de la jiribilla” se me apareció en cuerpo y alma cuando leía recientemente la antología El canon abierto: Última poesía en español, edición de Remedios Sánchez García y selección de poemas de Anthony L. Geist, publicada por Visor en 2015. En la nota de contraportada se lee que “[c]erca de doscientos investigadores de más de cien universidades (Harvard, Oxford, Columbia o Princeton, entre ellas) han elegido a los poetas más relevantes de la lengua española nacidos después de 1970”. Entre los cuarenta poetas escogidos, no hay ninguno de Cuba; incluso, en el “Listado completo de poetas mencionados”, que incluye a ciento veintidós autores, solo se menciona a un cubano. No está de más aclarar, a estas alturas, que estimo la obra y soy amigo de más de la mitad de los poetas seleccionados.

Le pregunté estremecido al “diablillo de la ubicuidad”: ¿habrá caído tan bajo la poesía en nuestra isla, la tierra de Heredia, Gómez de Avellaneda, Martí, del Casal, Boti, Brull, Guillén, Loynaz, Florit, Ballagas, Lezama Lima, Piñera, Baquero, Diego, García-Marruz, Jamís, Padilla, Kozer, Nogueras y Escobar, para solo mencionar veinte nombres? Con su “[s]impatía de raíz estoica”, el ángel me dijo al oído que esto no podía ser, porque “[m]ostramos la mayor cantidad de luz que puede, hoy por hoy, mostrar un pueblo en la tierra.” Y me puse a hacer lo que ninguno de los investigadores y críticos consultados parece haber hecho: investigar la poesía cubana. Después de la lectura de unos setenta libros, más una decena de antologías e innumerables revistas, presento a los lectores de Buenos Aires Poetry el resultado de mi investigación.

El hecho es que pocas veces en su historia la poesía cubana ha sido más variada, innovadora, crítica y atractiva que en nuestros días. Protagonista indiscutible de este esplendor es la llamada Generación Cero, la de los poetas nacidos a partir de 1970 y que comienzan a publicar después de 2000. Su obra reafirma la larga y rica tradición cubana de poesía dialógica, que se desvela por el otro en forma y contenido, y está marcada por las tensiones entre el coloquialismo y el neobarroco, el compromiso y la libertad, la belleza y la violencia. Aunque están relativamente aislados, por su poco o nulo acceso a Internet o por sus dificultades para viajar, estos poetas no muestran ningún retraso en su quehacer y, por el contrario, se ubican en la vanguardia de la poesía que se hace en el mundo de hoy.

La exclusión de poetas como los aquí reunidos de El canon abierto… solo pone en evidencia la “[f]abulosa resistencia de la familia cubana”. Esto me lo grita el ángel de la jiribilla y, a pesar de que reniego del nacionalismo, que es la ideología más perversa, me saca un par de lagrimitas. Los responsables de la antología no consultaron a ningún académico ni crítico cubano, a pesar de que en la isla hay una decena de universidades donde se estudia literatura, centros de investigación como el Instituto de Literatura y Lingüística y Casa de las Américas, y varias revistas especializadas y culturales donde se ejerce el criterio. Antes de alzar vuelo como un colibrí, el ángel concluye que nadie debe olvidar nunca que en Cuba “[y]a la imagen ha creado una causalidad, es el alba de la era poética entre nosotros”, y sus palabras me indican el camino.

V. R. N.

Luis Yuseff

Holguín, 1975. Poeta y editor. Libros de poesía: El traidor a las palomas (2002), Vals de los cuerpos cortados (2004), Los silencios profundos (2009), Yo me llamaba Antonio Broccardo (2004), Esquema de la impura rosa (2004), Golpear las ventanas (2004), Salón de última espera (2007), La rosa en su jaula (2010), Los frutos de Taormina (2010), Aspersores (2012) y Dolor de la resurrección (2014). Hay dos ediciones de sus poemas escogidos: Flores de hierro sobre el pecho de un hombre (2015) y Un jardín que escribía cartas de amor (2015). Editó la antología La isla en versos: Cien poetas cubanos (2011 y 2013). Reside en Holguín.


Esquema de la impura rosa

a Joaquín Osorio

I

Contra las Montañas Rocosas de Colorado estaba el Viajero del Paleolítico, de perfil eternamente detenido, silbando La vida en rosa, apenas silbando/ rumiando La vida en rosa (¿O era la Barcarola de Los cuentos de Hoffmann?). Dios no había inventado aún las palabras con que 32 millones de años después habrían de nombrarlo Olofi, Jehová, o Padre Zeus. Ni tampoco había creado al hombre, pero ya estaba el Viajero desde entonces contra las Montañas Rocosas de Colorado, silbando La vida en rosa. Deshojando la mítica centifolia sin saber que la rosa es un abismo que miente.

II

Que miente.
La rosa es un abismo que miente sobre la mesa de musicar tristezas.
Y Violeta Parra, la indiecita andina de París, está interrogando a la rosa mapuche que, de espalda a la marcialidad de los veranos y doblándose despacio

(tan despacio que mata
palomito volador, me quieres?)

le responde. Pero no hay que creerle.
La rosa es un abismo que miente. Y Violeta es frágil como un segundo. Fugaz, con las manos ásperas de sacarle música a la pobreza, dibuja sobre el barro dos cuerpos niños.
Después sopla, mientras en las noches de nunca acabar, con los dientes callándose el hambre, tiritando, teje y desteje a merced de la inspiración.
Ángel e Isabel, como dos violincitos asustados, protestan en pizzicato, duermen en el estuche de la guitarra columpiándose desde lo más alto de la Carpa de la Reina
“Mientras no se te venga encima Violeta mía -le ha dicho el viajero. Mientras te dure el espectáculo. Vamos, todavía le quedan 3 pétalos a tu rosa. Y deshojar una rosa es como preguntarle a Dios…”

¿Palomito volador, me quieres?

Y la rosa interrogada le responde.
En la Candelaria.
En un rinconcito húmedo de París.
En la rue Monsieur le Prince No.3.

III

Y en el 3 concurren otras 2 rosas: la solícita Cagí, y la no menos solícita Rosa la China, asegurando por puro instinto -como los grandes sabios- que aún antes de Cristo hubo rosas. Que del Asia le vienen todas las rosas a este mundo. Y que este mundo sin rosas no sería este mundo sino la tristeza de Sandro di Mariano Filipepi Botticelli, sin un pétalo siquiera para acompañar el nacimiento de Venus. O la tristeza de Yukio Mishima, frente al San Sebastián de Guido Reni, con la rosa de la masturbación entre los puños ofreciendo sus fluidos seminales. El licor áspero y amargo del suicidio.

IV

Qué sería de este mundo sin la rosa… Le preguntas a la rosa.
Y la rosa te responde: Qué sería de la rosa sin la rosa…
Qué hubiera sido del Adelantado Don Cristóbal, si una sola de las rosas de los cuatro vientos se hubiera ausentado en el instante en que Rodrigo de Triana, desde lo más alto de las tres carabelas y chillando como ave de palo, le anuncia al Nuevo Mundo la llegada del mismísimo Dios de Doña Isabel y Don Fernando.
Qué sería de este mundo sin la rosa.
Qué de Julieta o más bien qué de Romeo.
Qué del Cisne de Avon y del ruiseñor. Y de la rosa.
Qué sería de la rosa sin la rosa.

V

Y qué de Nerón y sus 150 mil secretas noches de placer.
Qué del Palacio Dorado y la Palatina, sino el deseo flotando bocarriba en las copas de vino como una rosa.
Y ni pensar qué hubiera sido de la bella Cleopatra, pues al pecho enamorado de Marco Antonio se llega por un camino de rosas.
Y qué de Hera, Afrodita y Atenea, frente a la sabia Eris, trocando rosas por manzanas.
Dejando caer a los ojos de la divina vanidad la rosa de la discordia.
Qué sería del Olimpo sin la rosa.

VI

Y si en el reino de Oz no existiera el rosal de Pitiminí.
Qué sería de Shirley Temple.
Y sin la musicalia de la rosa azafranada qué sería de Madrid sin una melodía para alegrar a los Reyes.
Tú sola, Shirley Temple, no podrías alegrar a uno solo de los reyes de este mundo. Tan vastos son en sus celebraciones que hasta para morirse visten bonitos a los caballos.
Tendríamos que buscar cien mil enanos como tú.
Y sembrar el cosmos (la distancia que media entre el infinito y tú, Shirley Temple) de estrellas pequeñitas.
Tan pequeñas como el rosal de Pitiminí.
Por cierto, ahora que ya no estás, dime, Shirley Temple, cómo se las arregla para pasar sin ti el rosal de Pitiminí.

VII

Y la rosa de Bengala. Y la rosa de Pasión, que es una rosa que mata. Y la rosa de Jericó, que es una rosa que miente, crecida en los arenales, simulando muerte para ver el entierro que le hacen, sólo para ver el entierro que le hacen, porque una vez que las lloronas palestinas comienzan con sus lamentos la rosita de Jericó abre un pétalo, y otro, y otro pétalo, y se vuelve una envidia de frescura. Lava su inocente picardía en las aguas bautismales del Jordán para ser, otra vez, la rosa de Jericó crecida entre las ruinas.

VIII

Qué sería de los muertos sin la rosa. Le preguntas a la rosa.
Y la rosa te responde Eternidad.
Y la Eternidad detiene el último minuto de las Eras Imaginarias frente al Viajero que mira a la mítica centifolia
silbando La vida en rosa, mascullando La vida en rosa (¿O era La Barcarola de Los Cuentos de Hoffmann?)
mientras se sacude los escombros mortales del pecho contra la ventolera arrasadora de la muerte.
Flores de hierro en el pecho de un hombre

Esta noche ha entrado un murciélago a la casa.
Su vuelo es leve, pero torpe.
Advierto: puede ser una maniobra espía.
Pero no oculto entre mis cosas nada que atente contra la seguridad de un pueblo.
Sólo trato de escribir unas pocas líneas.
Dos o tres palabras. Versos para hacer música a los oídos de las personas que se invitan a la casa.
Palabras que si algún poder tienen no será el de libertarme.

Poder de libertad.

Así surgen de las sombras estos ojos como la evocación de un fantasma. Nombres que olvidaré.
Aunque me niegue. Pronto comenzarán a borrarse de mi memoria con el vino ácido de los días. Con urgencia.
Al frotar fuerte la cabeza contra las paredes.
Al escribir versos a las cambiantes estaciones.
Lejos del trópico. Cosas que han contado los amigos para quedar fuera. Detrás del enrejado de las almas donde crecen rosas de papel.

Flores de hierro en el pecho de un hombre

Detrás del enrejado. Trato de iniciar “una vuelta a mi cárcel”.
Casa donde los murciélagos se posan y liban sangre en las flores de hierro.
Una vuelta a su cárcel. Los deseos prohibidos de Margarita. El hijo hermoso reventando con su vigor penas sobre la almohada.
Juegos de muerte. Niños como animales disputándose el fruto de la soledad.
Afuera, lejos de los ojos de Ranel, bajo el peso de plomo de sus lunas vencidas, doran los Trípticos en alguna capilla de este mundo donde Dios no se acuerda de él. Ni de Juan, que ha querido ser en los amantes que se alejan. Detenido en los óleos. Con la muerte azul. Compartida. Escribiendo para escapar del cuerpo.
Armandito, levantándose de hielo en un país de sol. Aquí no se llora.
Se es de terracota a los rezos de la madre espartana.
Por sus venas se vuelve a la isla. Aquí se ama. Y se espera:
Aquí crecen las flores de hierro: resonantes como el pecho de un hombre.

Isaily Pérez González

Santa Clara, 1975. Poeta. Libros de poesía: Tienda de humo (2003), Una tela sobre el bosque (2008), La vida en otra parte (2009) y Prosperando en las ruinas (2015). Su obra forma parte de muestras de la nueva poesía cubana como Cuerpo sobre cuerpo sobre cuerpo (1999), Los Parques (2003), Queredlas cual las hacéis: XXI poetisas cubanas del siglo XXI (2008), Cantares del mal de amores (2009), El manto de mi virtud: Poesía cubana y uruguaya del siglo XXI (2010), Faz de tierra conocida: Antología de la poesía villaclareña (2010), Antología de la nueva poesía cubana 1970-2010 (2010), Rosa Caribe: Poetas cubanos y venezolanos (2011), La catedral sumergida (2013) y Cuba: Un viaje entre imágenes y palabras (2015). Reside en Santa Clara.


Centro Comercial de la 54

Del familiar cardumen se desprenden los niños
se sueltan a girar como derviches
se lanzan a las cercas: mira mami no hay cola
y los padres
(más bien quise decir los hombres)
las manos al bolsillo sacan algo:
un menudo, un tiquete que los lance hasta el cielo
y cuando van cayendo a veces gritan
de miedo, saludando: adiós míranos mami
cubiertos del helado bajarán de artefactos
que imitan la experiencia que no tendremos nunca:
un avión, un caballo, una casa de espejos.
Las pesadas bocinas se comieron las lenguas de organillo
y ahora lanzan su arenga: venga compre regrese
luego cantan un rato.
En mitad de las ferias
ocasiones habrá que te encuentre una mano
pues en la multitud difícil no rozar
no equivocarse.
Sin volverte a mirar tú querrás apretarla
pues qué mano ha de ser
sino la de tu madre que te estrecha en el tiempo
pero es solo otro niño confundido.
Entonces ves al perro
entre la multitud que traga las rositas
y hace fila por horas
comprando unos segundos de ese algo
de pronto has visto al perro sin correa
mirando temeroso los espacios que abre y cierra el cardumen
que pueden engullirlo como a sobras
y tienes que aguantarte, respirar como puedas
pues nadie ha de saber
que en mitad de la noche de girantes corceles
de tacitas pintadas
la tierra se ha salido de su eje.


Prosperando en las ruinas

Amor inenarrable prosperando en las ruinas,
la casa que era antaño de los chinos
ha visto pasar todo: hermosura y espanto
el deseo es mercurio tú sabes muy bien eso
el cielo de tu casa se ha izado noche a noche en lentejuelas.
Que los trozos de vidrio lo reproduzcan todo
como solo ellos saben
los pedazos de todo lastiman como vidrio
me miran con fijeza con sus ojos de pavos.
Nadie me dijo nunca que pasaría esto
el dolor me ha doblado con brutal elegancia
el mundo es un pañuelo que ha plegado sus puntas
conmigo allí en el centro,
si me tomo su vino quizás logre dormirme.
Amor inenarrable,
encuentra una razón que te resguarde
al regresar a casa –lo que entiendas por eso–
que no lastime tanto salir hacia el balcón
cuando ya es madrugada: tu momento en el mundo.
Vuelve al loto y al muérdago
en algún sitio hay uno donde bajo sus ramas
todo el amor jurado se besa para siempre.
He dicho las palabras que estaban prohibidas
quien pesa el corazón lo ha hallado insuficiente
y ya ascienden las aguas,
retoños de mandrágora en los muros del relojero
alzan una pared que obliga a caminar más rápido.
Ya mi casa me parece inalcanzable:
cinco, seis
siete cuadras en el tiempo.


Bajo el poderío del miriñaque

La banda sonora ahoga toda respiración.
Te has dormido en mitad de la trama
cuando atentos los ojos persiguen en la pantalla
al flotante miriñaque.
Alguien enciende un cigarro y lo pasa al de su lado,
luego otro.
El humo ayudaría al animal a esconder su predominio
tras las finas columnillas grisáceas.
Minúscula es tu mano medida contra mi mano
dormida aún retienes tu poder como una reina muerta.
El imperio del miriñaque
trasciende el cuadrado de vidrio
debajo de la franela acaricio mis músculos
todo posible sonido
es disonancia al compás de tu respiración
que acaso nadie escucha excepto yo.
Si no me vigilo estiraré una mano a esa silente densidad
al expuesto nacimiento de tu espalda
que admiro de soslayo.
Deberás abrir los ojos
para que junto al filoso acantilado
el animal se duerma y yo exhale libremente.
Me vuelvo a la trama
pero el deseo antepone figuras más extrañas
que el humo.
El deseo es un collar incandescente
que oprime mi garganta.
Toda la noche podría mirarte
y al amanecer indescriptible seguirías.
Así mismo te vi entrando
en la antigua fonda de los chinos
los faroles de pergamino se encendieron de súbito
con una luz distinta
y oí gritos que ordenaban sopas y otros platos
pero ya la violenta actualidad
explotaba como un fuego de artificio sobre nosotros.
Vi tu salida y era imposible la idea de perderte
en la ordinaria multitud de Chinatown.
Toda la noche te estuve mirando
sin la esperanza de esta noche.
Al otro día las cosas hermosas me asumieron
florecía lo adventicio como si fuese la ciudad su estación
y el barrio de los chinos
giraba sus esquinas para encontrarnos.
Asomarse a la baranda
era verte pasar con los crípticos papeles bajo el brazo;
yo buscaba la tramoya tras estos accidentes
y bajo la certeza de predestinación.
Las arañas de tu sala se encendieron
bajaste los peldaños de dos en dos hasta la calle
y ya era la segunda noche.
La trama se volvía imprevisible
mi sustancia estaba en vilo como ahora.
Sé que sabes el final
mientras cruzan por tu sueño flashazos de la ficción,
aun en su mudez
temible es el poder de un miriñaque
que escapa de la pantalla
y cuelga sobre nosotros como una emplomada lámpara.
Despiertas cuando apagan sus cúpulas los cigarros
y sales a la noche de Chinatown.
Del torso del animal asciende la marea de los créditos.

Javier Marimón Miyares

Matanzas, 1975. Poeta y dramaturgo. Ha publicado los libros de poesía: La muerte de Eleanor (1998), Formas de llamar desde los pinos (2000), El gatito Vasia (cómo engañé al Súbito) (2000), El gran lunes (2001) e Himnos urbanos (2002). Próximamente aparecerán su libro de poesía “Escritura de letra alfa”, la reunión de prosas breves “Sinalectas” y la obra de teatro “Nunca la deja (situación de aspirantes)”. Su obra ha sido premiada, incluida en varias antologías y traducida al inglés, alemán e italiano. Reside en San Juan, Puerto Rico.


Escritura de letra alfa (fragmentos)

11

Candidatos de supermercado sonríen nerviosos
A público posible. Con qué soltura, sin embargo
Conversan cajeros contratados de antes
Con clientes espontáneos, suspiran candidatos
Destruyen momento que dura poco y ya no brilla.

15

Algo da vueltas al 8, de 7 o atrás
Borroso como día que aprendiste
Los números; seguro llegas
Maestra manca te tocó
Es lo que da vueltas.

32

Hacer, piel de vaca, monedero
¿Se activa ser de vaca al abrir zíper
A través de recuerdo del ano respirante
Cuando mordía yerba?
¿Retozará en ella sacando pedazos
De mierda de su monedero?

38

¿A quién darle las gracias debería:
A uréter, que el orine demora
Tiempo que en calentarse tarda el agua
O a ente eléctrico del calentador
Rayo capturado, antes del baño?

40

Ilusiones de analfabetismo:
Alfabetizadores demoraban en río
Risas lejos de casa
Pensando en el papel pasé la tarde
Miré la noche sin una referencia
Vibraba toda circunstancia.

42

El de casco saluda el vacío gritando
Sin respuesta: no hay obra de construcción
Falta parte de la vía delante
De otra obra terminada consecuencia:
Lejana figura contesta.

43

Qué específico lugar donde arreglan mofles
Qué sabroso comen almuerzo, manos negras de mofle
Se miran, casi no creen: son tan específicos
Sus mecánicos cuerpos, ríen, irradian
Fantásticos oros de mofle.

47

Por fuera, una hoja dejada volar
Cae en ojo trabajando materias
Lucha idea en ramos tajados
Abre luz en el ojo, por dentro.

Leymen Pérez

Matanzas, 1976. Poeta y editor. Licenciado en Estudios Socioculturales y Diplomado en Cultura Cubana. Se desempeña como Jefe de Redacción de la revista literaria y artística Matanzas. Libros de poemas: Números del escombro (2002), Pared con grabado de Pollock (2004), Circo artesanal (2005), Hendiduras (2005), Tallador de ruidos (2005), Transiciones (2006), Corrientes coloniales (2007), Los altos reinos (2014), El libro de Heráclito (2014), Fatigas del trópico (2015) y La muerte de los objetos (2015). Ha recibido los premios de poesía Regino Pedroso, Cauce, Hermanos Loynaz, Beca de Creación Prometeo, José Jacinto Milanés, La Gaceta de Cuba y América Bobia. Reside en Matanzas.


La muerte de los objetos

Los objetos contienen la posibilidad
de todos los estados de cosas.
Ludwig Wittgenstein

En el boulevard de Obispo
pobres almas
hombres-hilos
que no entran
por el hueco de la aguja
costuras descosidas
remiendos
mentes descosidas
almas muertas
que se cosen la boca
para que no salga
oscuridad —diría Dostoievski
mientras se arrastra por el subsuelo
mordiéndose la lengua
caminando en círculos
mordiéndose las ausencias

en la primera está el tirano padre
hacha en la frente
hormiga en la boca
antes de llover y
después que la sequía llegó
a la casa
que no tiene por qué
parecerse al sol
materia que falta
como en un trapecio mudo
para el hombre sin piernas
que luchó en las guerras de otros
y ahora es un fragmento de metralla
olvidado
enterrado en sí mismo
almas muertas que piden
permiso para respirar
luz
falta luz en todo

en la última ausencia
era un invidente
y ponía los dedos
sobre el dolor
bajo la tierra
que da frutos podridos
robados con miedo
tragados con miedo
en el boulevard de Obispo
almas muertas
gusanos de seda
lana de ovejas
plantas de algodón
¿qué he dicho
……………….que no tenga ausencias?
objetos sin vida —diría Dostoievski

Los escogedores

leen en el arroz
lo mismo que la sangre lee en el cuerpo que nada puede escoger.
Cuentan los restos duros (coágulos, cielo desgarrado, astillas)
que entran a la boca con la misma intensidad
con que una raíz rompe el suelo huyendo de la naturaleza
que se deja pinchar con la sucia aguja de la nación.
Un cuerpo sin cabeza y sin extremidades. Un tronco enfermo.
Tierra abriendo la tierra donde crece Oscar Matzerath.
El humano con menos cenizas en Auschwitz y en el Morro-Cabaña.
Los escogedores de arroz a veces no leen nada. Entran y salen
como autistas que se buscan a sí mismos y se encuentran
en el hacha de talar la libertad, en la tierra abriendo la tierra
que hay en mí. Cerrándose, cerrándome.
Lo mismo que la sangre lee.

Inclinaciones

A José M. Espino

En Caracas
respira desde su inclinación, un mendigo. Se asomaba
al fondo de una caja mientras se buscaba… Yo

pude robarle
la poliespuma que le servía para descansar su dolor,
su interior.

Éramos tan pobres
que tomábamos a escondidas algún alimento
del desayuno.

Éramos tan ricos
que entregábamos el alma a cualquier santo,
vestido o no.

Desde su inclinación, la cáscara del cuerpo emigraba
como los animales que regresan a curarse a su lugar
de nacimiento.

¿Con qué ojos vamos a mirar al mendigo
si le estamos vaciando la memoria?

Ya no es posible distinguir qué ruinas
florecen cerca de las manos, qué reposa
sobre la caja y frente a Dios que no tiene límites
ni noches ni almas en el aire que deseen soplar
dentro de algunas heridas.

Alma mía, ven a mí,
sóplame al oído, sordo está el camino de retorno
a la cáscara.
Ven a mí, alma de mi alma, inclinación
de mi inclinación, golpe de mi golpe.

Mientras me buscaba, el mendigo pudo robarme
el silencio.

Marcelo Morales Cintero

La Habana, 1977. Poeta y narrador. Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana, y Diplomado en Lengua y Cultura Italiana, por la Univercitá per Stranieri di Perugia, Italia. Libros de poesía: Cinema (1997), El mundo como objeto (2006 y 2007), El círculo mágico (2007) y Materia (2008). También es autor de la noveleta, La espiral (2006). Ha recibido los premios Pinos Nuevos, La Gaceta de Cuba, PEN Club de Puerto Rico, Beca de Creación La Gaceta de Cuba, Nosside Caribe y Julián del Casal. Reside en La Habana.

Materia (fragmentos)

Cuando veo el polvo en mi cuarto flotando, pienso en la sentencia, hundo mi cara en él.

***

Nosotros, los humanos, hemos construido lo real,
lo hemos idealizado. En el bar, en la barra, mi percepción del tiempo,
mi vida, la búsqueda del amor sin cese.
De eso se trata, me digo, de un fracaso tras otro,
de estar de nuevo en el vacío que produce.
En la calle, en el carro, el viento y las luces en la cara,
luces que pasan, vida que pasa, movimiento.

***

Al mundo uno lo siente. Estás adentro, me digo, en un fragmento las cosas se definen, entrar en el círculo tiene ese significado, el polvo flota, luz. En la taza de café no veo la taza sino el hueco.

***

Yo vivo con dolor. Atravieso las calles con dolor. El pasado dura lo que de él puedes recordar. El pasado son minutos.

***

El mundo y la gente te imprimen su energía.
Energía en el recuerdo y en los sentimientos. Energía en las sensaciones. El mundo se siente, contaminación, eso es lo humano, charcos en la calle, barrio chino. Tus ojos recorren lo real, se van de un segundo a otro, tu cuerpo, de un segundo a otro, tu mente, eso es estar vivo, un lugar y luego otro.

***

Un vacío puede actuar sobre otro vacío. El universo es su producción.

***

Me levanto y veo, en el espejo, algunas manchas. Naturaleza del retorno. El amor en su punto último es el vacío, apréndete eso, me digo. Me levanto en el desierto, cambio las sábanas.

***

Tengo miedo de la luz en el cristal, aire que entra en la ventana, polvo cubriendo los objetos, la sensación, la búsqueda de la sensación sin cese. Una cuchara metálica en el borde de la mesa, una silla rota, hay una presencia aquí. Lo poético provee de una conciencia en medio de los días. Bajo las escaleras, subo las escaleras, mis ojos tienen la apertura. No hay significado pero hay símbolo, tiempo corriendo en lo real, conciencia.

***
Yo no sé dónde se van los que se mueren, los que te amaron, yo no sé. La memoria de ti será eliminada. El susurro de su saya cuando cerraba la puerta.

***

Subo los peldaños palpando la baranda, toco el metal del picaporte, hago la llave girar. No existe nada entre lo vivo y lo muerto. En el patio la luz cae medio roja, peldaños amarillos. La vida se comporta sin conciencia. Esto es el mundo, materia, materia, y nada más.

***

Corren todos en la misma dirección, por más que se alejen, todos van allá de nuevo.
Llueve. En el cristal, los discursos del agua se hacen complicados, una luz, todo gira en torno al cero, el centro del mundo en el que siempre has pensado.

***

El río y no el mar, tiene destino. El mundo, un fragmento de mis ojos. Columnas sucias, tubos de escape, humo, el cielo, un cerebro corrompido. Materia gris.

***

Lo poético tiende a lo sobrenatural, paso del tiempo. Dios como un tubo de luz fría. Caminas en la noche y piensas; El aire está cargado de bacterias, la vida está para ser superada. La araña teje un problema circular, Al menos por un momento, el insecto será un guerrero seguro de su victoria. Las cosas que están en el tiempo son cosas que están en el espacio.

***

La materia sólo existe en el presente, las personas. Me esperaba siempre en el café cuando caía la tarde. Yo salía de las clases, atravesaba las calles por verla. Nos separaba el espacio y no el miedo. El amor no está aquí para ser olvidado. A veces me acuerdo de ella, a veces me olvido.

***

Cosas que entran y salen de la vida, otro lado del cual cruzar a este, una mariposa fea, quedó inmóvil. Eres testigo de las muertes ajenas. La clave de esta obra está en su concepción. Toda esta materia, que piensa y siente la materia.

***

En la vida el dolor y el placer son instantáneos. Mi especie llegó al conocimiento atómico. La Habana -calor- agosto. Nuestro miedo más grande no es la muerte, la muerte es nuestra fantasía. Papeles sucios en las calles. Gente, mar que choca contra el muro, vivir para llegar a ese destino.

***

Las masas desembocan en un río. No conozco la nada y la nada me preocupa. Temo lo que todos temen. Cuando un gran cuerpo se hunde. El remolino lo sigue como si fuese su objetivo.

***

Hay cosas que crecen del dolor. El tiempo para ti es la vida. Cosas en el espacio, eso es el mundo.

***

Al mundo no le es difícil destruirte, la bomba está dentro, un reloj que se programa. Conexiones invisibles. Estás expuesto, el humano está siempre expuesto. La novia más larga, la más fría, llega siempre, se anuncia, siempre.

***

Densidad mental, cuando la tormenta en el cielo, algo negro con nubes, psicológico, nubes psicológicas, una materia mental, vapor. No tengo conciencia de mi vida, tengo conciencia de mi angustia. Sobre la sábana pasa la noche, el universo frío, las estrellas. Uno siempre se pregunta a donde fue a parar lo que vivió. Uno siempre se pregunta. Pensar que lo bello se destruye, pensar que lo bello se destruye. Materia desechable. Hay una profunda relación entre lo que hemos hecho y lo que haremos. Para que se cumpla un destino, todo debe estar en un tiempo exacto en un lugar exacto. En el futuro mi pensamiento no tendrá cuerpo donde enterrarse. Cuando meo creo que son piedras preciosas lo que tengo. Hay una carne ahí, hay una carne.

***

A veces las estatuas necesitan cubrirse de una pátina, colores que sólo el tiempo enciende, respuestas que son cosas de futuro. Hay cosas que solo dios entiende, hay un lenguaje de dios, hay un lenguaje. La vida tiene, para cada uno, sus respuestas.

***

También el miedo salva. Estaba buscando algo que nunca pude tocar. No volvemos más que en el espacio, en el tiempo uno nunca vuelve.

***

El tiempo tiene su lenguaje, la nostalgia siempre es cosa del presente. Cuando miras al horizonte, estás más cerca de ti, estás más cerca.

***

Un rayo que entraba por la ventana alumbró mi mano. En la palma, al centro, sentí el peso de la luz. Permanecer oscuro es muy fácil, me digo. Lo contrario es lo difícil.

***
Cuando dejes de tenerle miedo a la oscuridad vas a estar iluminado.

***
Uno no es sólo lo que es, uno también es lo que ama. En la calle observo el mundo. Cada una de las cosas tiene más sentido que cualquiera de mis pensamientos.

***

Uno tiene la responsabilidad para con uno mismo y con el mundo, de embellecer.
El amor es cosa de gente fuerte, la gente débil, se defiende con cinismo.
Uno tiene la responsabilidad para con uno de iluminarse, para con el mundo.
Pongo flores en un vaso, colocar ahí la función, la categoría del objeto.

***

Cuando veo el polvo en mi cuarto flotando, pienso en la sentencia, hundo mi cara en él.

Oscar Cruz

Santiago de Cuba, 1979. Poeta, crítico y editor. Licenciado en Historia por la Universidad de Oriente. Libros de poesía: Los malos inquilinos (2008), Las posesiones (2010), Balada del Buen Muñeco (2013), Esto es solo Lo Peor (2013) y La Maestranza (2014). Editó la singular antología de la poesía cubana actual, The Cuban Team: Los once poetas cubanos (2015). Es coeditor de la importante revista literaria, La noria. Reside en Santiago de Cuba.


De riposta

mirando una pelea
entre Antonio Margarito
y Many Pacquiao, recibo
lecciones de poesía.
cada piñazo es un poema
colocado con precisión
en la cara del latino.
cada poema lleva dentro hematomas,
torsiones, cortaduras.
el poema como fiesta de los golpes.

más de media hora castigándose
en el ruedo frente a una multitud
que orgullosa los contempla.
cada detalle no persigue otro fin
que la belleza.

asimismo,
todo en su conjunto es hermoso.
pero es bueno que estemos advertidos:
sonríe el ganador, sonríe. sus poemas cortan.
sonríe el perdedor, sonríe. su sonrisa corta.
ambos llevan en sí la resistencia
de años enteros sin amparo.

es por esto
que los combates de boxeo y mis poemas
son lo mismo.
es por esto
que las putas prefieren al que gana.
yo, que soy un perdedor,
me subo cada día al encerado
en busca de placeres.
afuera, como siempre, una multitud
ansiosa de torsiones y hematomas
me contempla.
lo mío es hacerlos sonreír.
ellos, en su mierda, son hermosos.

qué importa vencedor o vencido.
al final de la velada, algún hijo de puta dirá
que fueron peleas deslucidas.

El Mal y la Montaña
(Apuntes para una Teoría de la Invasión)

la Montaña
y todo lo que ella
representa.

la Montaña
tal y como fue: sin vacas
sin Reginos ni rebeldes.

la Montaña
que yo sigo y que me sigue
y que extiendo tras de mí
al caminar.

miro en dirección del Basurero
y sé que por allí se extiende
la Montaña.

es un privilegio haber nacido
y vivir en un lugar tan cercano
a la Montaña.

nada como un sitio
que cada día asciende un escalón
en el camino de su propia decadencia;
una región cada vez más provinciana,
gobernada por equipos sucesivos
de incapaces.

hace varios años subí a la Montaña.
vagando en sus praderas
conocí a tres o cuatro montañeses
que de tanto creer en la Montaña
perdieron el juicio y la vergüenza.

no hacían otra cosa que cagarse.
otros venían y enlataban y hacían
plusvalía aquella mierda.
hombres decididos a morir o prosperar.
juntos escribimos un poema
que describe el modus operandi
de ciertos cagadores encargados
del verdor en la Montaña.

el poema llegó hasta el despacho
de Magníficos Decentes
que pronto la tomaron con sus tropas.
el hecho trascendió como “La Toma
de la Montaña por los Decentes”,
un hecho que hace las delicias
de los críticos de hoy.
no se sabe qué pasó
con aquellos cagadores. lo cierto
es que cambió la concepción,
de pronto se veían en las calles
gordas vacas y tres o cuatro neorrebeldes
con los cuales compartí
aquel poema.

ahora sí da gusto ascender a la Montaña,
contemplarla como es, aunque sepas
que no es más
que una extensa mentira verde,
demolida y puesta a funcionar en el poema
una y otra vez.

pero
como el tiempo ha consagrado a la Montaña,
como el pueblo no podría
vivir sin la Montaña,
sería peligroso suprimirla de una vez.
dejemos de momento intacta a la Montaña,
solo con pequeñas correcciones.

no sea que por culpa de un poema
los Decentes nos ataquen
otra vez.

 

Cuando menos lo esperas das con el ángel de la jiribilla. ONCE POETAS JÓVENES CUBANOS. 〈Parte Uno〉 Selección y nota de Víctor Rodríguez Núñez para Buenos Aires Poetry, 2017.

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