La Dama de Shalott – de Alfred Tennyson

Tennyson compone, con La Dama de Shalott, una de su más impactantes baladas literarias.
Publicada en 1833 –junto a otros aciertos de su lírica como Oenone y La Hija del Molinero– trae a la poesía inglesa una cadencia perfecta y de una armonía hasta entonces inexperimentada.
La difusión que este romance en verso ha tenido y tiene entre el público de habla anglosajona hacen que las conexiones entre la fuente legendaria del tema y la recreación de Tennyson pasen desapercibidas. La leyenda arturiana en general -manantial inagotable para la inspiración de poetas francesa e ingleses- comienza a ejercer su fascinación sobre Tennyson desde sus primeras composiciones y culmina con su esfuerzo más ambicioso: The Idylls of the King (Los Idilios del Rey) compuestos entre 1859 y 1885. Este trabajo incluye doce romances sobre Arturo y sus Caballeros de la Mesa Redonda, en un intento por recapturar el espíritu medieval –sobre la base de la colección de Malory en prosa (La Mort d’Arthur) en el siglo XV.
En La Dama de Shalott la historia del amor frustrado de Madelaine –esa dama de Astolat en la leyenda y que Tennyson vierte en el término Shalott (el cual, según Dixon -en The English Parnassus, London, 967, page 785), toma del italiano Scalot)- se convierte en el tema del romance. Pero además, y desde un punto de vista cronológico, este tema arturiano servirá de precedente general para la posterior composición de los Idilios- Y dentro de éstos, el episodio de Madelaine y Lancelot es retomado, sí, pero no alcanza la fuerza ni la belleza de este antecesor que nos ocupa.
La dama de Shalott surge del poema como enmarcada por los elementos góticos que la rodean. Y aquí se ve la intención de recrear un pasado que más pertenece a la ensoñación que a lo real. Madelaine teje su trama en retiro –un retiro que Tennyson le construye y que es su propio retiro de un mundo desagradable y antagónico. De igual manera surge Lancelot. Pero él es sólo una visión sensual que se desplaza, rodeada de esplendor, que más actúa como desencadenante de la tragedia que como actor directo de la misma. Sus palabras en la última estrofa del romance marcan, con ironía dramática, un desenlace típico. Y es la naturaleza la que se convierte en el gran personaje del poema; no actúa sólo como un tapiz riquísimo en formas y tonalidades sino como –y aquí la esencia recapturada del espíritu medievalista- verdadera presencia cuyo comportamiento diferente para cada uno de los sucesos el poeta se preocupa por subrayar. Así, todo es calmo en la introducción del tema como tormentoso en su desenlace; y qué magnífica visión la del paisaje esplendente a la llegada de Lancelot.
Dentro del paisaje, el río es la constante del romance: como valla entre un mundo y otro, omo camino directo a la remota Camelot, como manso arroyo o furiosa correntada, como testigo de una muerte lírica. Y el poema es todo un desfile que fluye con la facilidad de ese río. La acumulación de imágenes sonoras y plásticas se fusiona con la melódica cadencia hasta llegar a una conjunción tan acabada que la belleza se filtra sobre cada una de las líneas como por un mágico vitral de cien colores.
La concentración de elementos góticos -tan cara al revival que los románticos hacen del medievalismo- está presente en este poema. No quizás con la exhuberancia de un Keats en The Eve of St Agnes– pero con suficiente fuerza como para no quedarse en lo meramente decorativo.
La simbología convencional está usada sin esfuerzos ni altibajos: las torres, la trama, el espejo, el humor colérico de Lancelot, la barca, el blanco atavío de la heroína casta, el santiguarse de los caballeros, etcétera.
El uso del refrán, el creciente suspenso en el desarrollo de la historia, la descripción brevísima pero elocuente de tipos (los rústicos, las feriantes, el abad, el paje, etcétera) , el cambio de ritmo en el clímax narrativo: todo es producto de un conocimiento acabado del poeta de esa época que recrea unido a su oído infalible.
Y aquí podemos considerar a Tennyson un continuador de Wordsworth, Coleridge, Shelley y Keats. Sus paisajes tienen menos preciosismo e intensidad sensual que los de Keats, y aún menos profundidad y significado espiritual que los de Wordsworth: pero están dibujados y coloreados con el primoroso cuidado de un artista que ha estudiado entrecerrando los ojos –notando los valores de cada tono, buscando el equilibrio y la ubicación de cada elemento relevante. Y tanto el esteticismo en la composición como el tono dramático dentro del cual La Dama… está concebido, constituyen un antecedente valioso del movimiento pre-rafaelista (para un estudio más minucioso de estos antecedentes  considérese también a Coleridge en su Christabel –especialmente la escena del cuarto- y a Keats en The Eve of St Mark).
Finalmente, los estudiados efectos musicales de Tennyson son la contribución a la nueva melodía que Coleridge, Shelley y Keats habían restituido a la lírica inglesa y al verso blanco. Habrá una cualidad más acabada en las composiciones de Shelley y Keats pero ninguno ha podido, como Tennyson, mantener una ecuación tan perfecta entre ritmo y melodía –y en tan sorprendente variedad de metros.
Intentar traducir este romance es un desafío. Si algo nos animó en la empresa fueron las líneas donde por única vez Madelaine se hace de carne y hueso para confesar:

¡Ya estoy harta de las sombras!

Tennyson, a no dudarlo, sirve de agradable antídoto –o de tranquilo interludio- a tanta otra poesía complicada u oscura o bombástica. Su inafectado lirismo, que le valió para revivir en su propia época el interés por los héroes legendarios después de 400 años, persiste hoy con renovada frescura.

Jorge Paolantonio

La dama de Shalott

Parte 1

A las márgenes del río, allí se extienden
Campos anchos de cebada y de centeno
Que revisten desde el llano hasta su cielo;
Y los cruza aquel camino que conduce
A las torres: Camelot
Y la gente viene y va mirando fijo
Al lugar donde los lirios florecientes
Forman ronda de una isla, allí debajo:
Es la isla de Shalott.

Palidece el sauce, el álamo vacila
Y las brisas ya temblando se ensombrecen
Tras las ola que recorre para siempre
Ese río que vecino de la isla
Va fluyendo a Camelot
Cuatro muros grises, cuatro grises torres
Dan desdén a un exterior copioso en flores:
Son la isla silenciosa que aprisiona
A la Dama de Shalott

Junto al margen tras el velo de los juncos
Se deslizan las barcazas remontadas
Por equinos con sosiego; y escondidas
Van barquillas con sedoso, raudo impulso;
Van flotando a Camelot
¿Mas acaso alguien la vio agitar su mano?
¿O apoyada en el balcón de su ventana?
¿Quién conoce de la gente de este estado,
A la Dama de Shalott?

Sólo aquellos que a la siega van temprano
Entre tanta espiga lista de cebada
Escucharon la canción cuyo eso se halla
En el río dulce y claro serpenteando
A las torres: Camelot.
E impaciente el segador al plenilunio
Mientras pone su cosecha en altas parvas
Escuchándola musita: “Es la encantada,
es la Dama de Shalott”

Parte 2

Y una trama ella entreteje noche y día
Una tela rica y mágica en colores
Un susurro le ha predicho maldiciones
Si una vez mira curiosa y atrevida
Hacia abajo, a Camelot
No comprende del augurio el contenido
Y no tiene ya su vida otro motivo
esta Dama de Shalott

Y en la faz de una gran espejo cristalino
Que colgado permanece el año entero
Ve pasar la vida externa en un reflejo
Y aparece entre esas sombras el camino
Serpenteando a Camelot
Por su espejo pasa el agua cantarina
Las feriantes con sus capas coloradas,
Y los toscos, habitantes de la villa,
Van dejando atrás Shalott

Cada tanto ve un tropel de damiselas
O un abad sobre un jamelgo a lento paso
O un pasto mozuelo y pelo ensortijado,
O algún paje pelilargo, en ropas granas,
Pasa rumbo a Camelot
Y a través de los azules de su espejo
Caballeros, cabalgando, van de a dos,
Mas no tiene un caballero fiel y apuesto
Esta Dama de Shalott

Pero aún halla deleites en su trama:
Teje mágicas visiones del espejo
Pues frecuente y en las noches de silencio
Un cortejo funeral con tea y pompa
Marcha lento a Camelot
O en momento en que el cenit la luna logra
Dos amantes que recién se desposaron.
“Ya estoy harta de las sombras”
(Ay! la Dama de Shalott)

Parte 3

A distancia de un flechazo de sus torres
Cabalgaba entre las vainas de cebada
Y en las hojas todo el sol reververaba
Para arder sobre aquel bronce de las grebas
Del audaz Sir Lancelot
Y un cruzado rinde honores prosternado
Para siempre a una doncella, allí en su escudo
Que relumbra sobre el campo ya maduro
Que está al lejos de Shalott

Brillan libres ya las gemas de su brida
Cual visión de rama espléndida en estrellas
Que pendiera de galaxia empavonada
Y del freno se alborozan las campanas
Mientras marcha a Camelot
Y es trompeta poderosa y argentina
La que cuelga de su cinto blasonado
Cabalgando su armadura resonaba
Aunque lejos de Shalott

Bajo un cielo transparente y azulado
Fulguraban los doseles de su silla,
Y la pluma iba orgullosa sobre el yelmo:
Eran ambas llamaradas de un incendio
Cabalgando a Camelot
Y es cual largo y estelado meteoro
Que, debajo las estrellas en racimo,
Pasajero rasga el púpura nocturno
De la calma de Shalott

Su semblante bajo febo centelleaba;
Su corcel iba en espléndida herradura;
Por debajo de aquel yelmo la negrura
de sus rizos, ondulando, se asomaba.
Iba rumbo a Camelot
Su figura desde el borde copió el agua
Para enviarla hasta el cristal de aquel espejo
“Tira-Lira, tira-lira” por el río
Fue cantando Lancelot

Dejó ya su trama, paró su textura,
Cruzó con tres pasos su viejo aposento
Miró aquellos lirios: los vió floreciendo;
Miro ya aquel yelmo, miro aquella pluma
Dió su rostro a Camelot
Y el tejido se voló y flotó extendido,
Y el espejo se quebró de lado a lado.
“La desgracia me alcanzó” –fue el alarido
de la Dama de Shalott.

Parte 4

Del oriente todo el viento tempestuoso
Puso pálida la selva amarillenta,
Y el arroyo protestaba en sus riberas;
Y azotaba un aguacero tormentoso
Sobre toda Camelot
Y al bajar la Dama hallóse con un bote
Que flotaba bajo un sauce en la ribera.
Y en la proa de esa barca puso el nombre
De la “Dama de Shallott”

Ya en la opaca latitud de aquellas aguas
-Viendo toda la verdad de su infortunio
Como en trance de atrevido visionario
Con semblante ya vidrioso y macilento
Miró rumbo a Camelot
Y a la hora en que la luz ya fenecía
Las amarras liberó mientras subía
Y a parajes alejados llevó el río
A la Dama de Shalott

Blanco níveo iba ondulante su atavío
A siniestra y a la diestra de la nave,
-La hojarasca lloviznaba suavemente
Y a través de los sonidos nocturnales
Navegó hacia Camelot.
Mientras tato que la proa zahería
Los sauzales y los verdes derredores,
Su canción se oyó cantar por vez postrera
A la Dama de Shalott

Fue canción entre sagrada y lastimera
Cuyo tono fue de a poco decayendo
Con su sangre congelándose en silencio
Y sus ojos se volvieron sombra e eterna
Rumbo a aquella Camelot
Porque antes que las aguan la arrastrasen
A la casa más cercana de la orilla
Ya era muerta para siempre en su elegía
(Ay! La Dama de Shalott)

Bajo torres y balcones y fachadas
Por los pórticos y muros de los huertos
Como sombra de luz tenue fue boyando
Con su yerta palidez entre altas casas
En silencio a Camelot
Y al espacio de aquel muelle concurrieron
Caballeros y burgueses, lores, damas,
Y leyeron en la proa de la barca:
(Ay!) “La Dama de Shalott”

¿Quién es ésta?, ¿Aquí qué hace?, se decían
Y en las salas del palacio iluminado
Se apagó el sonido regio, en su alegría.
Los hidalgos con la cruz se persignaron
De temor, en Camelot.
Y en susurro, Lancelot, con voz muy queda,
Sólo dijo “Tiene un rostro muy hermoso;
Dios piadoso le conceda gracia eterna
A esta Dama de Shalott”.

The Lady of Shalott

Part 1

On either side the river lie
Long fields of barley and of rye
That clothe the world and meet the sky
And thro’ the fields the road runs by
To many-tower’d Camelot
And up and down the people go
Gazing where the lilies blow
Round the island there below
The island of Shalott

Willows whiten, aspens quiver,
Little breezes dusk and shiver
Thro’ the wave that runs for ever
By the island in the river
Flowing down to Camelot
Four grey walls, and four grey towers,
Overlook a space of flowers
And the silent isle embowers
The Lady of Shalott

By the margin, willo-veil’d,
Slide the heavy barges trail’d
By show horses, and unhail’d
The shallop flitteth silken-sail’d
Skimming down to Camelot
But who hath seen her wave her hand?
Or at the casement seen her stand?
Or is she known in all the land,
The Lady of Shalott?

Only reapers, reaping early
In among the bearded barley,
Hear a song that echoes cheerly
From the river winding clearly
Down to tower’d Camelot
And byu the moon the reaper weary
Piling sheaves in uplands airy
Listening, whispers “Tis the fairy
Lady of Shalott”

Part 2

There she weaves by night and day
A magic web with colours gay
She has heard a whisper say
A curse is on her if she stay
To look down to Camelot
She knows not what the curse may be
And little other care hath she
The Lady of Shalott

And moving thro’ a mirror clear
That hangs before her all the year,
Shadows of the world appear
There she sees the highway near
Winding down to Camelot
There the river eddy whirls
And there the surly village-churls
And the red cloaks of market girls
Pass onward form Shalott

Sometimes a troop of damsels glad,
An abbot on an ambling pad,
Sometimes a curly shepherd-lad,
Or long.hair’d page in crimson clad
Goes by to tower’d Camelot
And sometimes thro’ the mirror blue
The knights come riding two and two:
She hath no loyal knight and true
The Lady of Shalott

But in her web she still delights
To weave the mirror’s magic sights
For often thro’ the silent nights
A funeral, with plumes and lights
And music, went to Camelot
Or when the moon was overhead
Came two young lovers lately wed;
“I am half sick of shadows”, said
The Lady of Shalott

Part 3

A bow-shot from her bower-eaves
He rode between the barley-sheaves
The sun came dazzling thro’ the leaves
And flamed upon the brazen greaves
Of bold Sir Lancelot
A red-cross knight for ever kneel’d
To a lady in his shield,
That sparkled on the yellow field
Beside remote Shalott

The gemmy bridle glitter’d free
Like to some Branco of Stara we see
Hung in the golden galaxy
The bridle bells rang merrily
As he rode down to Camelot
And from his blazon’d baldric slung
A mighty silver bugle hung,
As he rode his armour rang
Beside remote Shalott

All in the blue unclouded weather
Thick-jewell’d shone the saddle leather
The helmet and the helmet feather
Burn’d like one burning flame together
As he rode down to Camelot
As often thro’ the purple night
Below the starry clusters bright
Some bearded meteor, trailing light
Moves over still Shalott

His broad clear brow in sunlight glow’d;
On burnish’d hooves his war- horse trode;
From underneath his helmet flow’d
His coal -black curls as on he rode,
As he rode to Camelot
From the bank and from the river
He flash’d into the crystal mirror,
“Tirra-Lirra”, by the river “Tira-Lira,
San Sir Lancelot

She left the web, she left the loom,
She made three paces thro’ the room,
She saw the water-lily bloom
She saw the helmet and the plume,
She look’d down to Camelot
Out flew the web and floated wide;
The mirror crack’d from side to side;
“The curse is come upon me”, cried
The Lady of Shalott.

Part 4

In the stormy east-wind straining,
The pale yello woods were waning,
The broad stream in his banks complaining,
Heaily the low sky raining
Over tower’d Camelot
Down she came and found a boat
Beneath a willow left afloat
And round about the prow she wrote
“The Lady of Shalott”

And down the river’s dim expanse –
Like some bold seer in a trance
Seing all his own mischance-
a glassy countenance
Did she look to Camelot.
And at the closing of theday
She loosed thechain, and down shelay;
The broad stream bore her far away,
The Lady of Shalott

Lying, robed in snowy white –
That loosely flew to left and right –
The leaves upon her falling
the noises of the night
She floated down to Camelot
And as the boat-head wound along
The willowy hills and fields among,
They heard her singing her last song,
The Lady of Shalott

Heard a carol, mournful, holy,
Canted loudly, chanted lowly,
Till here blood was frozen slowly
And her eyes were darken’d wholly
Turn’d to tower’d Camelot
For ere she reach’d upon the tide
The first house by the water side
Singing in her song she died,
The Lady of Shalott

Under tower and balcony
By garden-wall and gallery
A gleaming shape she floated by
Dead pale between the house high
Silent into Camelot
Out upon the wharfs they came
Knight and burgher, lord and dame
And round the prow they read her name
“The Lady of Shalott”

Who is this? and What is here?
And in the lighted palace near
Died the sound of royal cheer;
And they cross’d thelselves from fear
All the knights at Camelot
But Lancelot nused a little space;
He said; “She has a lovely face;
God in his mercy send her grace,
The Lady of Shalott”.

La Dama de Shalott, de Alfred Tennyson: introducción y versión completa en español de Jorge Paolantonio