El país del sur, por Hilaire Belloc

Hilaire Belloc fue un ensayista, historiador y poeta británico. Hijo de madre inglesa y padre francés, nació en La Celle Saint Cloud, en Francia, en 1870, y murió en Guildford, Inglaterra, en 1953. Luego de realizar estudios en Oxford y ser miembro durante un tiempo del ejército francés, recibió en 1902 la ciudadanía británica. Su afecto y compromiso con Francia nunca menguaron: en 1929 publicó su notable biografía de Juana de Arco. Fue amigo íntimo de G. K. Chesterton: a menudo se los llamaba de forma conjunta “la criatura Chester-Belloc”. En la biografía El viejo trueno (2016), el biógrafo Joseph Pierce ubica la publicación de “El país del sur” en 1901, en El libro del Club Horacio, junto con poemas de otros autores. Aparece, sin embargo, una segunda edición en The year’s at the Spring, una antología de 1920 compilada por L. D’O. Walters, donde Belloc publicó dos poemas y donde también se incluían textos de W. B. Yeats y G. K. Chesterton, entre otros. “El país del sur” corresponde a una serie de poemas de melancolía festiva o añoranza alegre, frente a aquellos de un tono más abiertamente risueño. Es, sin embargo, una transición en el espíritu de Belloc, quien en 1902, al año siguiente de la primera aparición del poema, publicaría su obra El camino a Roma.

F. C.

El país del sur, por Hilaire Belloc
Traducción Felicitas Casillo

Cuando cae la tarde en las Midlands,
tierras anegadas e inhóspitas,
enciendo mi lámpara,
dejo el trabajo a un lado
y las grandes colinas del país del sur
regresan a mi mente.

Las grandes colinas del país del sur
se alzan junto al mar;
y es allí, entre los altos bosques,
donde desearía estar,
y que los hombres que eran niños cuando yo era un niño
caminaran junto mí.

A los hombres que viven en el norte de Inglaterra
los conocí un día:
sus corazones arraigados en páramos,
sus cielos veloces y grises.
Desde los muros de los castillos un hombre vería
las montañas demasiado lejos.

Los hombres que viven en el oeste de Inglaterra
contemplan el caudaloso Severn.
Sobre su corriente parda,
ruedan las hojas de los álamos.
Ellos guardan el secreto de las rocas
y la más antigua forma de canción.

Pero los hombres que habitan el país del sur
son los más cordiales y sabios.
El sonoro oleaje resuena en sus risas,
y nuestra hermana la primavera,
cuando vuela sobre el mar,
llena de fe sus ojos alegres.
Ella florece de pronto violetas a sus pies
y nos bendice con el asombro.

Aunque no me adentre en el pinar
puedo oler el perfume de Sussex;
aunque no llegue hasta sus costas,
allí se encuentra mi hogar.
Contra este cielo, se recorta su relieve,
noble y despojado.

Una cosa perdida nunca pude hallar
y algo roto no conseguí reparar:
y temo encontrarme completamente solo
cuando enfrente el fin.
¿Quién estará allí para consolarme
o quién será mi amigo?

Me reuniré y con delicadeza haré amigos
entre los habitantes de la espesura de Sussex;
ellos contemplan las estrellas desde lomas silenciosas,
y erguidos, aran los campos.
Por ellos y por el Dios del país del sur,
mi pobre alma será sanada.

Si alguna vez enriqueciera
o si llegara a la vejez,
construiría una casa de grueso heno
para protegerme del frío,
y allí serían cantadas las canciones de Sussex
y se narrarían sus historias.

Levantaré mi casa en la profundidad del bosque,
a corta distancia del mar,
y los hombres que eran niños cuando yo era un niño
vendrán a sentarse y beberán conmigo.

The South Country, by Hilaire Belloc

When I am living in the Midlands
That are sodden and unkind,
I light my lamp in the evening:
My work is left behind;
And the great hills of the South Country
Come back into my mind.

The great hills of the South Country
They stand along the sea;
And it’s there walking in the high woods
That I could wish to be,
And the men that were boys when I was a boy
Walking along with me.

The men that live in North England
I saw them for a day:
Their hearts are set upon the waste fells,
Their skies are fast and grey;
From their castle-walls a man may see
The mountains far away.

The men that live in West England
They see the Severn strong,
A-rolling on rough water brown
Light aspen leaves along.
They have the secret of the Rocks,
And the oldest kind of song.

But the men that live in the South Country
Are the kindest and most wise,
They get their laughter from the loud surf,
And the faith in their happy eyes
Comes surely from our Sister the Spring
When over the sea she flies;
The violets suddenly bloom at her feet,
She blesses us with surprise.

I never get between the pines
But I smell the Sussex air;
Nor I never come on a belt of sand
But my home is there.
And along the sky the line of the Downs
So noble and so bare.

A lost thing could I never find,
Nor a broken thing mend:
And I fear I shall be all alone
When I get towards the end.
Who will be there to comfort me
Or who will be my friend?

I will gather and carefully make my friends
Of the men of the Sussex Weald,
They watch the stars from silent folds,
They stiffly plough the field.
By them and the God of the South Country
My poor soul shall be healed.

If I ever become a rich man,
Or if ever I grow to be old,
I will build a house with deep thatch
To shelter me from the cold,
And there shall the Sussex songs be sung
And the story of Sussex told.

I will hold my house in the high wood
Within a walk of the sea,
And the men that were boys when I was a boy
Shall sit and drink with me.

 

El país del sur, por Hilaire Belloc. Traducción de ©Felicitas Casillo para Buenos Aires Poetry, 2017.