Elegías, I.4 – Propercio

Propercio o la fidelidad
Nota y traducción de Pablo Ingberg

La elegía erótica latina fue un género con características muy definidas que se desarrolló en un período bastante breve. El iniciador, según los testimonios, fue Galo, y le siguieron Tibulo, Propercio y finalmente Ovidio en sus comienzos. El poeta adopta, por así decirlo, a una amada (Cintia es el nombre elegido por Propercio), y se refiere a ella, a lo largo de toda su obra, en términos de servicio o esclavitud de amor semejantes a los que florecerían mucho después en la Edad Media.
Poco se sabe de la vida de Propercio. Habría nacido alrededor del año 50 a.C en Umbría, y llegó a formar parte, al igual que los máximos poetas romanos Virgilio y Horacio, del círculo de Mecenas, el amigo y lugarteniente de Augusto cuyo nombre designa en castellano a los favorecedores de las artes. Dado que los últimos acontecimientos históricos que se desprenden del cuarto de los cuatro libros de elegías que conservamos de Propercio tuvieron lugar en el año 16 a.C., no es
improbable que poco después de esa fecha se haya retirado definitivamente de la poesía y quizá de la vida. He aquí uno de sus maravillosos cantos a la fidelidad en el servicio de amor, una virtud(según se vea) no muy frecuentada por los poetas a lo largo de la historia.

Elegías, I.4

¿Por qué haciéndome elogios, Baso, a tantas muchachas
intentas que yo cambie y abandone a mi dueña?
¿Por qué no me toleras que el resto de mi vida
en esta esclavitud acostumbrada pase?
Está bien que refieras la belleza de Antíope
Nicteida y la de Hermíone de Esparta con elogios,
y cuantas en la edad del bello tiempo han sido;
Cintia no dejará que ellas tengan renombre:
aún menos, comparada con figuras menores,
perdería por fea frente al más duro juez.
No obstante esa belleza poco hace a mi locura;
por otras cosas suyas, Baso, morir da gusto:
nobleza en su color y gloria en muchas artes,
y goces que deleitan bajo una muda manta.
Cuanto más tú procuras disolver nuestro amor,
tanto más te burlamos con nuestra fe pactada.
Impune no saldrás: sabrá mi apasionada
y será tu enemiga con palabras no mudas;
después de esto a ti Cintia no va unirme ni te
buscará; ha de acordarse de semejante crimen,
y en torno a ti, furiosa, va a espantar a cualquier
muchacha: ¡ay, en ninguna puerta habrán de quererte!
No va ella a despreciar ni un altar para el llanto,
ni piedra sacra alguna, dondequiera que esté.
No hay daño que la afecte con más fuerza que cuando
el dios se le demora frente a un robo de amor:
principalmente el nuestro. Que sea así siempre, ruego,
y en ella nunca encuentre motivo para quejas.

Notas:
Baso: probablemente un poeta yámbico de la época mencionado
por Ovidio y Séneca.
Antíope Nicteida (hija de Nicteo): atrajo con su belleza, entre
otros, al mismísimo Zeus.
Hermíone: hija de la bella Helena y Menelao; fue motivo de
competencia amorosa entre Orestes y Neoptólemo.

Elegiae I.4

Quid mihi tam multas laudando, Basse, puellas
mutatum domina cogis abire mea?
quid me non pateris vitae quodcumque sequetur
hoc magis assueto ducere servitio?
tu licet Antiopae formam Nycteidos, et tu
Spartanae referas laudibus Hermionae,
et quascumque tulit formosi temporis aetas;
Cynthia non illas nomen habere sinat:
nedum, si levibus fuerit collata figuris,
inferior duro iudice turpis eat.
haec sed forma mei pars est extrema furoris;
sunt maiora, quibus, Basse, perire iuvat:
ingenuus color et multis decus artibus, et quae
gaudia sub tacita ducere veste libet.
quo magis et nostros contendis solvere amores,
hoc magis accepta fallit uterque fide.
non impune feres: sciet haec insana puella
et tibi non tacitis vocibus hostis erit;
nec tibi me post haec committet Cynthia nec te
quaeret; erit tanti criminis illa memor,
et te circum omnis alias irata puellas
differet: heu nullo limine carus eris!
nullas illa suis contemnet fletibus aras,
et quicumque sacer qualis ubique lapis.
non ullo gravius temptatur Cynthia damno
quam sibi cum rapto cessat amore deus:
praecipue nostri. maneat sic semper, adoro,
nec quicquam ex illa quod querar inveniam!

PROPERCIO, Elegiae I.4, traducción de Pablo Ingberg.