Opio. Diario de una desintoxicación, de Jean COCTEAU – por Juan Arabia

Texto publicado en la Te

Texto publicado en la versión impresa de Diario Perfil, Suplemento Cultura – Domingo 18 de junio de 2017 – “El fumador como obra maestra”

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Autor: Jean Cocteau
Género: Literatura Francesa. Ilustración.
Obras del autor: Poéticas del cine, Los niños terribles,
El cordón umbilical
Editorial: Nulú Bonsai, Abril, 2017 – $ 390
Traducción: Martín Abadía (Edición Bilingüe)

Ni Coleridge ni De Quincey, escritores opiómanos como Jean Cocteau (1889-1963), se hubieran animado a escribir con tanto juicio, valor y estético sufrimiento sobre la experiencia de una desintoxicación de esta sustancia. Opio: Diario de una desintoxicación, reúne dibujos y notas que datan de la internación de Cocteau en la clínica de Saint-Cloud, entre fines de 1928 y abril de 1929.
El propósito del autor era captar por escrito el pasaje de un estado considerado anormal a un estado considerado normal, registrar los “gritos de sufrimiento en cámara lenta”. Por eso Cocteau completó estas notas con dibujos, con el fin de expresar las torturas que la impotencia médica inflige a los pacientes.
El resultado de Opio es inclasificable, aunque se trata de una obra propiamente artística y literaria, fresca y poderosa, capaz de arrinconar tantos fantasmas como Maldoror y de anticipar lo mejor de la historiografía francesa del siglo XX.
Para Cocteau, fumar opio es bajarse de un tren en marcha, es ocuparse de otra cosa que de la vida, de la muerte. El bienestar no proviene de una especie de insensibilidad o letargo, como cree la medicina. “Le ocurre al fumador ser una obra maestra. Obra maestra perfecta, por fugitiva, sin formas ni jueces”.
Asqueado de las letras, Cocteau quería ir más allá de ellas y vivir su obra. Esta imposibilidad fue la que impulsó a su admirado Rimbaud al silencio, al exilio de occidente. El opio parecía lograr lo imposible: convertir vida y poesía en una sola sustancia.
De los muchos impactos fotográficos y poéticos que iluminan los pasajes de Opio, Cocteau realiza, además, una lectura crítica de su propia formación. Quedan a salvo Nerval, Sade, Rimbaud, Ducasse, Buñuel y Eisenstein. En ellos encuentra el estilo del alma. En cambio, reprueba y menosprecia el estilo periodístico de Mallarmé, la autómata máquina del trabajo de Raymond Roussel y el garaje de lujo de Hollywood.
Sabemos que Cocteau, finalmente, consumió opio durante toda su vida. En las últimas páginas de su diario escribe: “Volveré a fumar si mi trabajo lo quiere”, “O si el opio lo quiere”.