Dylan, Lenau, Hart Crane & Cia Ltda. (y otros poemas) – de Armando Roa Vial

ARMANDO ROA VIAL (1966), ES POETA, ENSAYISTA, ANTOLOGADOR, NARRADOR Y TRADUCTOR. SU OBRA POÉTICA COMPLETA 1998-2008, EN VERSIÓN DEFINITIVA, HA SIDO RECOGIDA EN EL LIBRO EJERCICIOS DE FILIACIÓN (2010, EDITORIAL UNIVERSITARIA), AL QUE SE SUMA EN 2012 SHAKESPEREAN BLUES (UQBAR EDITORES). HA OBTENIDO EL PREMIO PABLO NERUDA, 2002, Y EL PREMIO DE LA CRÍTICA EN POESÍA, 2001. COMO ANTOLOGADOR HA EDITADO LA INVENCIÓN DE CHILE, EN COAUTORÍA CON JORGE TEILLIER, (FCE 2011) Y EZRA POUND. HOMENAJE DESDE CHILE, EN COAUTORÍA CON ARMANDO URIBE (2010 EDITORIAL UNIVERSITARIA). EN EL CAMPO DE LAS TRADUCCIONES, DESTACAN LA DE LA POESÍA ESCOGIDA DE ROBERT BROWNING (2000-2008, EDITORIAL UNIVERSITARIA); CANTICO DEL SOL DE EZRA POUND (2015, DESCONTEXTO EDITORES); EL CANTAR DEL HIERRO: BEOWULF Y OTRAS LECTURAS ANGLOSAJONAS (2010, EDITORIAL RIL) EL NAVEGANTE (2009, EDITORIAL UNIVERSITARIA); COVERS: 36 POETAS EN LENGUA INGLESA (UQBAR EDITORES) TARDE O TEMPRANO, ANTOLOGÍA DE THOMAS HARDY (2012 PFEIFFER EDITORES) Y MACBETH DE WILLIAM SHAKESPEARE (EDITORIAL UNIVERSITARIA, 2013). EN ENSAYO ES AUTOR DEL VOLUMEN ELOGIO DE LA MELANCOLÍA (1998-2008, BEUVEDRAIS EDITORES) Y DE OTRAS ORILLAS (CUARTO PROPIO EDITORES, 2014). FINALMENTE, COMO NARRADOR, TIENE A SU HABER LA NOVELA EL MITO Y LA SOMBRA (EDITORIAL RIL 2010) Y EL VOLUMEN DE CUENTOS PARA NO MORIR TAN DESPACIO (EDITORIAL RIL, 2015). ESTOS POEMAS PERTENECEN A EJERCICIOS DE FILIACIÓN. POESÍA 1998-2008 (EDITORIAL UNIVERSITARIA).

 

Dylan, Lenau, Hart Crane & Cia Ltda.

La ambición nos desbordaba.
Por eso quisimos que “nuestra naturaleza
fuera ordeñada por la leche de la ternura humana”.
Buscamos emanciparnos de nosotros mismos,
cuerpos proscritos por el tedio,
bajos fondos de almas atareadas en su ruina.
Defensores de lo indefendible
nos transformamos en suicidas,
en obscenos paladines de la sangre.
Nadie pudo detenernos:
la muerte, reaccionaria inveterada,
aun bajo un papel incómodo,
era reticente a todo cambio de escenografía.

Coleridge

Yo, marinero victorioso de un sueño,
ahora encallo en la náufraga pesadilla del lenguaje:
el rastro sin rostro de la música en el agua,
la estela de los tripulantes vencidos,
la palabra hielo afilada como el hielo,
la palabra pájaro hundida en el arrecife de mis labios,
ensueño con alas de gigante, verbo inmóvil,
sin latitudes ni brisas, sol escarchado
en el corazón del horror, ay el horror, el horror,
la palabra grito atascada en mi garganta
—pudridero de nombres—
luego de abismarse en la interminable soledad
de un océano sin océano en ésta,
mi voz expurgada de todo morador.

A salvo por Omar Cáceres

Se puede
remontar la atmósfera viciada del poema.
Decir, por ejemplo,
este beso,
desaire a la muerte,
va por cortesía de la casa.
Y agregar: para que el caudaloso río
de los desencuentros agote su curso.
Pero palabras como éstas son inhóspitas como hoteles,
sitios de paso, muerte en tránsito.
La gozosa posesión de nosotros mismos
reclama otras cataduras,
lugares de asiento, no estaciones para transeúntes.
Por eso, ahora, el aliento sofocante del destino
se niega a abandonar la escuálida aposentaduría de tu soledad,
aunque ésta sólo sea un erial de huesos
y unos ojos que a nada asoman,
cuando la vida se remansa cada vez menos,
cuando el amor se transforma
en un tremebundo ventrílocuo de la muerte,
fornicando al precio de unas cuantas palabras mercenarias,
frutos podridos de un árbol prohibido”:
el lenguaje, que ha impostado tu voz donde nunca hubo voz.

Nota a Pablo Neruda. Solo la muerte. Reincidencia en la tierra.

Son mis cementerios solos
oraciones llenas de vocablos sin sentido
el aliento urdiendo el túnel
negro, negro, negro
como un zarpazo a la oscuridad, nos desalojamos,
como asfixiarnos en la lengua,
como irnos al cuerno por tanta piel desollada.

Hay palabras,
las hay en racimos,
las hay en podridas cosechar,
como un cadáver sin gusano,
como un sonido funerario,
saliendo de ciertas pieles, de ciertos ecos,
ensartándonos en la orfandad
como cuando la muerte desploma su lluvia.

Ya no veo
gozosos menesteres fúnebres
zarpando al polvo, soltando la trenza,
amasando el pan angélico de muchachas en flor,
certificando en notarías verbales que nada somos,
que los ataúdes se cansaron de subirnos,
que nuestros ríos se secaron
que caemos muy abajo,
con las velas desinfladas por el estampido de la muerte,
por el estampido sentencioso de la muerte.

Extraído de Armando ROA VIAL, Ejercicios de Filiación. Poesía 1998-2008, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2010.