Exequias de Baudelaire (Lunes, septiembre 2 de 1867) – por Paul Verlaine

Lunes, septiembre 2 de 1867.

Acabamos de salir del cementerio de Montparnasse, donde algunos amigos y admiradores hemos acompañado a Charles Baudelaire hasta su última morada, quien sucumbió anteayer a la horrible parálisis que lo atenazaba desde hace poco más de dos años. Esta muerte, que no ha sorprendido a nadie, impresionó dolorosamente en todos aquellos que conservan todavía el amor por la alta literatura y la gran poesía. Porque además de un escritor eminente y un gran poeta, fue nada menos que el traductor de Historias Extraordinarias y el autor de Las Flores del Mal.

La maravillosa pureza de su estilo, su verso brillante, sólido y alado, su potente y sutil imaginación y, por encima de todo, la sensibilidad siempre exquisita, profunda a veces y en ocasiones cruel que revelan sus obras menores, aseguran a Charles Baudelaire un lugar entre las glorias literarias más puras de este tiempo –dejando de lado a Balzac y Hugo, claro. Esta opinión que pronto será la de todo el mundo, a fuerza de ser sincera, ha sido admirablemente expuesta en un discurso de Théodore de Banville, el maestro exquisito, tan digno de elogiar a Baudelaire. Charles Asselineau, amigo del ilustre muerto, ha recordado con algunas palabras elocuentes entrecortadas por sollozos, las cualidades del hombre, los valores, las devociones y las delicadezas de este “gran corazón que fue también un buen corazón”. Luego, al evocar brevemente sus últimos momentos, ha defendido su querida memoria de las calumnias con que no dejaron de hostigarlo la estupidez y la vulgaridad, mantenidas a distancia y fustigadas por los desdenes irónicos y la desconcertante sangre fría del poeta.

Un grupo pequeño se apretujaba en torno al féretro, hecho que reseñaremos sin ninguna amargura, porque cada uno de los asistentes –sin contar a los jóvenes Ernest d´Hervilly, Armand Gouzien, Eugène Vermesch, entre otros (1)– componían una ilustración literaria y artística. ¿Qué multitud sería capaz de reemplazar la calidad de la siguiente elite: Théodore de Banville, Charles Asselineau, Champfleury, Arsène Houssaye, Bracquemont, el doctor Piogey (2) y tantos otros? Sobre todo, si no olvidamos que se trataba de las exequias de un hombre que en vida sintió tanto horror por las manifestaciones como por la gloria popular.

Resultó lamentable y triste la ausencia de cierto personaje célebre que ha sido remarcada y calificada como incorrecta (3). Y más deplorable aún es que esta apreciación sea justa.

NOTAS

1 Los personajes citados tenían más relación con Verlaine que con el propio Baudelaire. Ernest-Marie d´Hervilly (1839-1911) fue poeta, novelista, dramaturgo, y colaborador de Rappel, donde publicó numerosos artículos periodísticos. Armand Gouzien, por su parte, fue director de la Revue des Lettres et des Arts, cuyo redactor jefe fue Villiers de l´Isle Adam y en donde Verlaine colabora ocasionalmente entre 1867 y 1872. En cuanto a Eugène Vermesch (1845-1878) fue redactor jefe de Hanneton, Journal des Toqués, en donde Verlaine publica a lo largo de 1867 y 1868 diversos poemas y las primeras prosas que luego, en 1886, habrá de reunir en Memoires d´un Veuf. En la publicación de Vermersch también habrá de publicar Les Imbeciles, el 24 de octubre de 1867. Pero además de su trabajo periodístico, Vermersch fue también un dúctil poeta y un hábil prosista. Se radicó en Londres, donde recibió a Verlaine luego de su episodio con Rimbaud (quien también admiraba a Vermersch). Murió joven, y se sabe que, en 1890, Verlaine escribió un prefacio para su novela póstuma: L´Infamie Humaine.

2 La valoración que hace Verlaine de los presentes parece, cuanto menos, excesiva. Banville, Asselineau o el propio Champfleury (Jules François Félix Husson, alias Fleury o Champfleury (1821-1889), es el autor de Confessions de Sylvius : la Bohème Amoureuse), no necesitan mayor presentación, pero los otros no parecen estar al mismo nivel de la “elite”. Felix-Joseph Bracquemond fue un oscuro pintor, conocido en su época sobre todo por sus aguafuertes, aunque nunca tuvo demasiado relieve. Del Dr. Piogey, en cambio, no se sabe absolutamente nada.

3 “La ausencia de cierto personaje célebre” que tanto indigna a Verlaine, es la de Théophile Gautier. Y no le falta cierta razón al enojo de Verlaine. Es precisamente a Gautier a quien Baudelaire le había dedicado Les Fleurs du Mal. El día del entierro, Gautier justificó su ausencia diciendo que había sido retenido por la escritura de un folletín en el que estaba trabajando por entonces.

Traducción de Christian Kupchik. Número Especial Buenos Aires Poetry – Poetas Videntes : según Arthur Rimbaud, Buenos Aires Poetry, Buenos Aires, diciembre 2017.

24169685_10159816786495372_1101198390_o