Rimbaud y Lautréamont – Roberto Bolaño

La devoción de Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-2003) por la poesía y los poetas, y en particular por Arthur Rimbaud e Isidore Ducasse, el conde de Lautréamont, no es ningún secreto. El autor de Los detectives salvajes lo dejó en claro en sus obras, entrevistas y conferencias. Incluso, a principios de la década de 1980 y cuando era aún un desconocido para el gran público, Bolaño bautizó una revista y una pequeña editorial con el nombre de Rimbaud, vuelve a casa, un “pedido” que con signos de admiración ya aparece en su “Primer Manifiesto Infrarrealista”, publicado en Mexico DF en 1976.
En El gaucho insufrible, en el ensayo “Enfermedad y poesía francesa”, Bolaño afirma que “la poesía francesa, como bien saben los franceses, es la más alta poesía del siglo XIX y de algunas de sus páginas y en sus versos se prefiguran los grandes problemas que iba a afrontar Europa y nuestro cultura occidental durante el siglo XX y que aún están sin resolver. (…) Digamos que se inicia con Baudelaire, adquiere su máxima tensión con Lautréamont y Rimbaud, y finaliza con Mallarmé”.
En esta entrevista que le realizó Cristian Warnken en 1999 en la Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile, y de la cual presentamos algunos extractos, Bolaño desarrolla más ampliamente su visión sobre la poesía, Rimbaud y Lautréamont, a quienes califica como los “poetas por excelencia”: “Quien se atreva a tocar, pero a tocar de verdad a Rimbaud y al Lautréamont, se quema”.

Pregunta: Me da la impresión que la mayoría de tus personajes más importantes de alguna manera o son poetas o tienen que ver con la poesía, o incluso algunos como una patinadora o puede ser hasta un criminal, tienen escondida en el alma o en el corazón un verso o un fragmento de un poema. ¿Cual es tu relación con la poesía? Hay una suerte de devoción, de amor entrañable por ella.
Respuesta: Yo empecé escribiendo poesía. Al menos cuando empecé a escribir en serio, cuando la apuesta era a vida o muerte, y es una forma un poco exagerada de decirlo, pero se parece, lo que escribía era poesía. Y leí muchísima poesía. Y siempre he admirado la vida de los poetas, esas vidas tan desmesuradas, tan arriesgadas. Y en ese sentido, tal vez, y solo tal vez, ese amor mío por la poesía y por los poetas se refleja de alguna manera en alguno de mis libros, yo no creo que en todos. Además yo como poeta no soy nada lírico, soy totalmente prosaico, cotidiano. Mi poeta favorito es Nicanor Parra. Nicanor Parra ya lo dice que él no habla de crepúsculos ni de damas recortadas sobre el horizonte, sino de comidas y luego de ataúdes, y ataúdes y ataúdes, lo repite.

P: Y él habla de antipoesía. Pero en tus libros aparece frecuentemente la palabra poesía.
R: Es que la antipoesía es poesía, eso no hay ninguna duda. El Manifiesto Antipoético de Nicanor es poesía de lo más pura.

P: Ahora, ¿qué es poesía? Como la pregunta de Gustavo Adolfo Bécquer, que lo pregunta casi retóricamente. ¿Qué es poesía?
R: Poesía… eres tú. Creo que la respuesta es una soberana estupidez, pero creo que es la única respuesta posible: no sé qué es poesía. Sé quiénes estuvieron cerca del fenómeno poético. Para mí Rimbaud y Lautréamont siguen siendo los poetas por excelencia. El camino de Rimbaud y de Lautréamont es el camino de la poesía. Y en ese sentido la poesía para mí es un acto, es un gesto más que un acto, de adolescente, del adolescente frágil, inerme, que apuesta lo poco que tiene por algo que no se sabe muy bien qué es, y que generalmente pierde. Alfred Jarry es para mí un gran poeta contemporáneo, aunque escribió poca poesía. No sé realmente qué es poesía.

P: A propósito de Rimbaud, yo te relacionaría con algunos poemas iniciales, de la adolescencia justamente de Rimbaud, los primeros poemas. Unos poemas que se llaman La Bohemia, donde él cuenta unos viajes, unas escapadas que tuvo a París, cuando se escapa de su casa y vaga feliz y libre junto a los rieles del tren y siente una especie de éxtasis y de felicidad. ¿Has sentido tú ese momento, ese estado de gracia en la literatura y en la poesía?
R: Yo creo que todos los escritores, incluso los más mediocres, los más falsos, los peores escritores del mundo, ha sentido durante un segundo la sombra de ese éxtasis. Sin duda el éxtasis no lo han sentido. El éxtasis tal cual, quema. Y alguien que lo siente durante un segundo y luego retorna a su mediocridad existencial, es evidente que no se ha metido en el éxtasis, porque el éxtasis es terrible, es abrir lo ojos ante algo difícil de nombrar, y difícil de soportar.

P: Ahora, ese éxtasis al cual muchos poetas han hecho referencia, Rimbaud, Baudelaire, incluso uno lo puede sentir hasta en un antipoema de Nicanor Parra, ¿se puede sentir en la narrativa, en la novela?
R: Yo creo que la mejor poesía de este siglo está escrita en prosa. Hay páginas del Ulises de Joyce, o de Proust, o de Faulkner que han tensado el arco como no lo ha hecho la poesía en este siglo, donde realmente te das cuenta que el escritor se ha metido por una senda donde nadie antes se había metido. Y aquello que hablabas del éxtasis baudeleriano con el éxtasis rimbaudiano, yo haría una precisión. Baudelaire es el poeta, y es el poeta adulto. Y yo hablaba de poeta adolescente. Baudelaire sabe muy bien lo que está haciendo, sabe muy bien que está innovando. Baudelaire maneja la técnica de un manera soberana, él es dueño de todos sus recursos. Y en ese sentido no es frágil, Baudelaire es una roca, es fuertísimo, es como Whitman, en otro sentido, no se parecen en nada evidentemente. Son escritores que aunque parezca que se van por la desmesura, en realidad son escritores de un gran sentido común. Porque en el centro de la literatura, en el centro del canon literario, está básicamente el sentido común, el sentido común que nos pertenece a todos los seres humanos. Baudelaire en ese sentido -Baudelaire que era un drogadicto, un borracho, etc-, Baudelaire es un pater familias, sí, y es el abuelo sensato. Baudelaire nos muestra el camino y nos muestra sus herramientas. Y abre un camino pero nos dice cómo abrirlo y cómo mostrarlo y a partir de él ese camino queda no solo abierto sino pavimentado. Rimbaud y los poetas adolescentes encarnan otra situación.

P: ¿Qué otro ejemplo de poeta adolescente, después de Rimbaud?
R: Yo creo que Rimbaud y Lautréamont son los dos poetas adolescentes absolutos, en donde la pureza es tal que quien se atreva a tocar, pero a tocar de verdad a Rimbaud y al Lautréamont, se quema.

Extraído de la entrevista a Roberto Bolaño de Cristian Warnken en el ciclo de conversaciones “La Belleza de Pensar” de la Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile 1999.
Presentación y selección de Mariano Rolando Andrade.