Aforismos y filosofías de utilidad para los jóvenes — Oscar Wilde

Estos epigramas de Oscar Wilde (1854-1900) aparecieron al principio del único número de la revista estudiantil The Chameleon en diciembre de 1894¹. 

En la vida, la primera obligación es ser tan artificial como sea posible. Nadie ha descubierto todavía cuál es la segunda obligación.

La perversidad es un mito inventado por la gente de bien para dar una explicación al curioso atractivo de otros.

Si los pobres simplemente tuvieran perspectivas, no costaría nada resolver el problema de la pobreza.

Aquellos que ven diferencias entre alma y cuerpo carecen de ambas cosas.

Un ojal realmente bien hecho es el único enlace entre Arte y Naturaleza.

Las religiones mueren cuando se demuestra su veracidad. La ciencia es el registro de las religiones muertas.

Los bien educados contradicen a otras personas. Los sabios se contradicen a sí mismos.

Ningún suceso que haya ocurrido de verdad tiene la más mínima importancia.

Lo tedioso es la mayoría de edad de lo serio.

En todos los temas sin importancia, lo esencial es el estilo, no la sinceridad. En todos los temas importantes, lo esencial es el estilo, no la sinceridad.

El placer es lo único por lo que se debería vivir. Nada se aventaja tan deprisa como la felicidad.

Sólo hay una forma de tener la esperanza de vivir en la memoria de la clase comerciante: no pagar las facturas.

Ningún crimen es vulgar, pero toda vulgaridad es un crimen. La vulgaridad es el comportamiento de los demás.

Sólo los superficiales se conocen a sí mismos.

El tiempo es un desperdicio de dinero.

Uno siempre debería ser ligeramente improbable.

Todas las buenas resoluciones tienen algo funesto: invariablemente se toman demasiado pronto.

La única forma de expiar el vestirse de vez en cuando con un poco más de lujo del necesario es comportarse absolutamente siempre con más educación de la necesaria.

Ser prematuro es ser perfecto.

Preocuparse por qué comportamientos están bien o están mal demuestra un desarrollo intelectual atrofiado.

La ambición es el último refugio del fracaso.

Una verdad deja de ser verdadera cuando cree en ella más de una persona.

En los exámenes, los idiotas hacen preguntas que los sabios no son capaces de responder.

La indumentaria griega era esencialmente antiartística. Nada debería revelar el cuerpo excepto el cuerpo.

Uno debería o bien ser una obra de arte, o bien vestir una obra de arte.

Las únicas cualidades que persisten a la larga son las superficiales. La naturaleza profunda del hombre se descubre pronto.

El trabajo duro es la raíz de todas las fealdades.

Las épocas viven en la historia gracias a sus anacronismos.

Sólo los dioses se extinguen. Apolo ha muerto, pero Jacinto, a quien según se cuenta mató aquél, sigue vivo. Nerón y Narciso permenecen siempre con nosotros.

Los ancianos se creen todo; los maduros desconfían de todo; los jóvenes lo saben todo.

El estado de perfección es la inactividad; el objetivo de la perfección es la juventud.

Sólo los grandes maestros del estilo han sido capaces de ser inextricables con el éxito.

Hay algo trágico en la inmensa cantidad de jóvenes que hay en Inglaterra en ese momento que comienzan su vida con unas perspectivas perfectas y acaban dedicándose a algún oficio útil.

Amarse a uno mismo es el inicio de un romance de por vida.

¹ “Aforismos y filosofías de utilidad para los jóvenes”, extraído de El lector decadente, selección y prefacios de Jaime Rosal y Jacobo Siruela, Atalanta, 2017. Traducción de Antonio Rivas. Ilustración de ©Aubrey Beardsley.