4 Ruinas de la Nostalgia | Donna Stonecipher

Donna Stonecipher (*1969) es una escritora y traductora norteamericana radicada en Berlín. Creció en Seattle y Teherán, y vivió en Praga de 1994 a 1998. Se graduó en el Taller de Escritores de la Universidad de Iowa, con un MFA en 2001. Completó su doctorado en inglés y escritura creativa en la Universidad de Georgia. Traduce del francés y del alemán. Sus poemas y traducciones han aparecido en Denver Quarterly, Field, Indiana Review, New American Writing y Conjunctions. Entre sus numerosos premios y residencias, destacan los premios de la National Poetry Series (2007) y la Contemporary Poetry Series (2002). Sus últimos libros son Model City (Shearsman, 2015) y Transaction Histories (2018). Su libro The Cosmopolitan (Coffee House Press, 2008) está disponible en castellano como Cosmopolita (Liliputienses, 2014) en traducción de Cristián Gómez Olivares. Los poemas aquí publicados en traducción de Tomás Cohen con permiso de la autora pertenecen a su próximo libro The Ruins of Nostalgia, aún inédito.

Las Ruinas de la Nostalgia 9

Nos tocó escuchar por mucho tiempo los cuentos de quienes vivieron en países que ya no existían, y los cuentos nos habían tocado: cuentos de miseria y destitución, de límites y carencias. Pero tras haber escuchado tantas veces los mismos cuentos, incluso quienes los contaban se cansaron de contarlos. “Nadie tenía teléfonos— para dejarle un mensaje a alguien, podíamos sólo dejar notas pegadas en las puertas” (mm). “Porque hice esa x (cosa inofensiva) no me me dejaron ir a la universidad” (mm). “Todos tenían amantes, porque la vida privada era el único dominio en que te sentías libre” (mm). Cuando nos dimos cuenta de que habíamos escuchado los mismos cuentos tantas veces que sólo quedaba un residuo de su emoción, nos pusimos melancólicos, sobre todo con respecto a los contadores y sus cuentos que ya no nos tocaban, pero también con respecto a nosotros mismos— porque había habido un tiempo en que los cuentos nos habían conmovido hacia una estética de la empatía: un tiempo en que habíamos sentido los choques con las formas de la injusticia como algo nuevo, en que habíamos disfrutado un erizarnos de indignación que no tenía por qué convertirse en acción. Estos cuentos se habían convertido brevemente en nuestros propios cuentos— la falta de teléfonos era nuestra, nuestra la miseria y destitución, los límites y carencias. Y los cuentos habían revelado que a nuestra esplendorosa plenitud actual le faltaba una poética de la carencia. Y, a su vez, la carencia reveló su propia esplendorosa plenitud…*Fue sólo cuando ya no era posible que nos dimos cuenta de lo bien que se sentía acurrucarse en las ruinas de una nostalgia ajena.

Las Ruinas de la Nostalgia 20

Donde antes había una tienda de papelería de bajo costo atendida por una vieja reina de belleza, ahora había una tienda de máquinas de café espresso de alto costo atendida por nadie. Donde antes había una cervecería ilegal en un terreno lleno de maleza, ahora había un complejo de lofts de lujo con fachadas de marfil estilo parisino. Donde antes había una librería, una tienda de bicicletas y una panadería, ahora había un museo de cera para turistas. Donde antes había un terreno vacío, ahora había un edificio. Donde antes había un terreno vacío, ahora había un edificio. Donde antes había un terreno vacío, ahora había un edificio. Donde antes había un terreno vacío, ahora había un edificio. Donde antes había granjas, ahora había subdivisiones. Donde antes había subdivisiones, ahora había sub-subdivisiones. Vivíamos en una de las sub-subdivisiones de una de las subdivisiones. Nosotros mismos nos habíamos subdividido, cuando antes teníamos la mente dividida apenas.*Donde antes había un río, ahora había una calle. Un grupo local de manifestantes había iniciado un movimiento para romper la calle y “dar a luz” de nuevo al río, que todavía fluía en la oscuridad bajo la calle. ¿Podríamos “dar a luz del día” de nuevo a las granjas, los terrenos vacíos, la tienda de papelería, la vieja reina de belleza, la ciudad adonde nos habíamos mudado? La ciudad adonde nos habíamos mudado, ¿fluía todavía en algún lado, bajo los lofts de lujo, licuándose en la oscuridad, habitada por nuestros seres de lujo, aún no subdivididos por aún no estar enteros? ¿Podríamos “dar a luz del día” las ruinas de la nostalgia?

Las Ruinas de la Nostalgia 23

Algunos habitantes de una ciudad daban vueltas en una sala un día soleado, mirando una exposición de mapas históricos de iteraciones pasadas de su ciudad, todos con nostalgias frágiles en sus mentes, que todos asumían como la única nostalgia posible, cuando en realidad ellos habitaban una ciudad que irradiaba nostalgias múltiples, multi-léxicas y multi-estratigráficas.*La estructura era concéntrica. Los habitantes más nuevos, cuya nostalgia estaba en los anillos interiores, tendían a hablar más de ella. En una fiesta de cena, un habitante novísimo y probablemente jalado, estaba tan nostálgico que ni siquiera sentía nostalgia por el pasado, sino por el presente, una especie de nostalgia comprada en adelanto, porque él sabía que no podía durar, no podía durar, así seguía repitiendo, sacudiendo la cabeza con ojos abiertos y vidriosos ante una mesa. ¿Que no podía durar? ¡Si ya ha terminado!, pensaron los otros invitados, que eran habitantes más antiguos. Pero sorbieron su vino en silencio, porque sus nostalgias estaban en anillos más anchos.*Sus nostalgias eran, por supuesto, también las únicas nostalgias posibles.*Los mapas de la ciudad solían guardarse fuera de vista, en un archivo, en carpetas planas con sus rótulos ornamentales, sus cuadrantes rosados y amarillos pálidos, sus árboles esquematizados, sus onanismos utópicos, sus borraduras y sus proyecciones, silenciados en carpetas planas como las expresiones más tiernamente ideológicas. Cada mapa, hecho de materia estelar, era el único mapa posible*Las calles de la ciudad latían con esta secreta melancolía regresiva, con los anillos de las múltiples nostalgias de sus habitantes ensanchándose, ensanchándose. ¿Pero qué había al centro de los anillos concéntricos? ¿Era lo mismo que había al centro de los anillos de los árboles, o al centro de los anillos que se ensanchan en un lago desde algún catalizador desconocido?*¿Era el centro de la nostalgia una ausencia, o era la nostalgia de la ausencia un centro, alrededor del cual se construía una orientación líquida, una mácula de aquiescencia emocional que se expandía de forma concéntrica?*“La luz del sol entraba a la habitación con la quietud que uno recuerda de las habitaciones de la primera infancia, una luz de sol que después sólo se reencuentra en los sueños” (James Baldwin).*¿Pero no era más bien una especie de luz estelar fría la que bañaba las ruinas de la única nostalgia posible?

Las Ruinas de la Nostalgia 50

La casa más antigua del barrio está en venta. La casa más antigua del barrio, propiedad del club de jardinería estatal, ha sido puesta a la venta. De estilo Reina Ana, con ventanas de cristal emplomado y una torreta, la casa ha sido puesta a la venta por el club de jardinería del estado, al que fue legada en 1977 por el club de mejora para damas. El legado incluía una cláusula que estipulaba que la casa de estilo Reina Ana y sus huertos de perales debían ser preservados “para siempre” por el club de jardinería estatal. Sin embargo, el club de jardinería estatal ha puesto a la venta la casa más antigua del barrio. La casa está, estaba, está inscrita en el Registro Nacional de Lugares Históricos. El club de jardinería acudió a los tribunales para solicitar la anulación de su inscripción en el Registro Nacional de Lugares Históricos. Porque el mantenimiento de la casa más antigua del barrio, con sus vidrieras emplomadas, sus huertos de perales y su carácter histórico, es oneroso. Durante cuarenta años, el club de jardinería cuidó de sus huertos de perales y de su jardín, con la intención de conservar “para siempre” sus peras, sus ventanas de cristal emplomado y su torreta. ¿Para siempre? ¿Para siempre siempre? Para siempre. Las peras se conservan en conserva. Un lugar histórico se conserva como Lugar Histórico. Una torre se difama como torreta. La casa más antigua del barrio, con sus ventanas de cristal emplomado y su jardín, ocupa un terreno que podría contener un edificio de apartamentos de “30 a 40 unidades” en una ciudad con un agobiante déficit de viviendas. Pero la casa fue legada “para siempre”. Pero la casa, la casa, con sus ventanas de cristal emplomado y su jardín, sus 135 años de existencia. Sus 135 años de peras. Su conservación. Pero las “30 a 40 unidades”. El tribunal permitió que se anulara la inscripción porque el club de mejora para damas se disolvió en 1983, y ya no queda ninguna dama que lo proteste. Pero una dama, miembro de la junta del club de jardinería estatal, renunció en protesta. Es una dama de 88 años llamada Lona. Pero Lona. Pero las 30 o 40 unidades. Pero los huertos de perales. Pero las nuevas familias. Pero el cristal emplomado. Pero las damas, en mejora y mejora. Pero la casa estilo Reina Ana. Pero la obsolescencia de las reinas. Pero la historia, el Lugar Histórico. Pero la agobiante escasez de viviendas en la ciudad: las personas sin techo revistiendo las autopistas. Pero las historias que la casa podría contar, si es que contara. Pero Lona. Pero las agrupaciones del barrio, que ahora se pelean por comprar la casa. ¿Qué están tratando de preservar? ¿La casa, el pasado, el barrio antiguo, el lugar histórico, la Historia? ¿Y Lona? Pero Lona. Pero la casa— la casa grande, antigua, anticuada, elegante, amada, odiada, frágil como cáscara de huevo, que sobrevivió a incendios, terremotos, a los estragos del tiempo— que sobrevivió a todo excepto a “la prosperidad”. Construida hace 135 años como refugio, ¿se refugiará al refugio ahora? Pero las 30 o 40 unidades. Pero Lona. Pero Lona. Pero el huerto de perales, el jardín, la torreta, el cristal emplomado, la casa, la casa.


4 Ruinas de la Nostalgia de Donna Stonecipher, traducción de Tomás Cohen