Estadio Chile | Víctor Jara

Denominado “Canto que mal me sales”, “Somos cinco mil” o bien “Estado Chile”, este poema fue escrito el 15 de septiembre de 1973, horas antes de que Víctor Jara (1932-1973) fuese asesinado. El escrito fue entregado a Boris Navia, abogado y militantes comunista, que compartió las últimas horas con el cantautor chileno. Navia ocultó los papeles en la suela de sus zapatos, mientras otros lo copiaron en dos cajetillas de cigarro. Aquí se recoge la versión inscrita en Chile en la Hoguera (1974) del periodista chileno Camilo Taufic, en la que aparecería el último verso con una invocación “al fusil” que no aparece en la versión del libro de Joan Jara, Víctor Jara: Un canto truncado (1983). La razón más fuerte para creer en esta versión es el cambio de métrica y ritmo de los últimos diez versos. Se trata de una décima, muy similar a las de Violeta Parra, donde deben rimar los versos 1, 4 y 5; el 2 con el 3; donde el 6 es libre, pero debe rimar el 7 con el 10, de modo que resulta difícil pensar en que el poeta lo dejara sin resolución, como se suele presentar, inconcluso hasta el verso 9.

ESTADIO CHILE

Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí
diez mil manos siembran
y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frio, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!
Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.
Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores
uno saltó al vacío,
otro golpeándose la cabeza contra el muro,
pero todos con la mirada fija de la muerte. 

¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera
Sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo
¿Es este el mundo que creaste, dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo?
En estas cuatro murallas solo existe un número
que no progresa,
que lentamente querrá más muerte.
Pero de pronto me golpea la conciencia
y veo esta marea sin latido,
pero con el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona
llena de dulzura.
¿Y México, Cuba y el mundo?
¡Que griten esta ignominia!
Somos diez mil manos menos
que no producen.
¿Cuántos somos en toda la Patria?
La sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas
Así golpeará nuestro puño nuevamente
¡Canto que mal me sales
Cuando tengo que cantar espanto!
Espanto como el que vivo
como el que muero, espanto.
De verme entre tanto y tantos
momentos del infinito
en que el silencio y el grito
son las metas de este canto.
Lo que veo nunca vi,
lo que he sentido y que siento
hará brotar el momento
de la sangre, un fusil.


Colaboración enviada por Rodrigo Arriagada-Zubieta para Buenos Aires Poetry, 2019.