“PAF” | Tamym

Tamym (Santiago, 1985). Licenciado en Filosofía de la Universidad de Chile. Cursó estudios de Letras en la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Ha publicado los libros de poesía PAF (Buenos Aires, 2011); SHHHH (Asunción, 2010); Chiqui chiqui chá, (Santiago, 2018). En 2005 obtiene el Premio Nueva Poesía, Santiago de Chile. En 2006 recibe la Beca de Excelencia Académica Universidad de Chile, la Beca para la Creación Literaria de la Fundación Pablo Neruda, el Premio Nacional de Poesía Eduardo Anguita. En 2007 obtiene el Primer Premio Nacional de poesía joven Animita Cartonera, el Primer Premio Municipal de Literatura de Santiago de Chile Gabriela Mistral y el Premio de Ensayos en Humanidades Contemporáneas El Mercurio-Universidad Diego Portales, con Ensayo para escribir, publicado en 2008 por Ediciones UDP, Santiago de Chile. En 2008 obtiene el Primer Premio de Poesía Rodolfo Walsh, Universidad de Buenos Aires, Argentina. En 2009 recibe la Beca de Creación Literaria del Gobierno de Chile. En 2019 es seleccionado entre 10 escritores de todo el mundo para participar del International Writing Program organizado por la Lu Xun Academy of Literature en Beijing, China. Ha participado en diversos seminarios, talleres, festivales y encuentros, dictado clases en universidades y conferencias en: Argentina, Bolivia, Chile, China, Colombia, Paraguay, Uruguay, Venezuela, España y Estados Unidos. Creador y Director del LEA: Laboratorio de Escritura de las Américas, proyecto internacional de escritura colectiva, con diez años de implementación, desarrollado en Latinoamérica, Europa y Asia. Editor y creador del sello editorial PorNos (www.leapornos.com) con más de 40 libros de autores latinoamericanos publicados a la fecha. Sus poemas han sido publicados en diversas antologías, revistas internacionales y traducidos al inglés, portugués, italiano y chino.

1

Un día yo voy a morir hermano:
Somos iguales te das cuenta
Y cuando esté muerto abuelo
Y tú me olvides mujer por favor
Sólo te pido una cosa papá:
que crezcas siempre abrazada a tu hermana
Y la escuches hijo y la ames. Porque una vez
nos miramos, nos herimos y hasta hicimos
el amor trescientas veces mujer
Tú que nunca me entendiste padre
Por favor no llores hijo
que tu herida es mía.

2

Me hubiese gustado ser otra cosa, papá.
Si me pegaste fue porque me porté mal
Porque  le escupí en el rostro a mi madre
en vez de decirle te amo.
Recuerdo cuando me enseñaste y dijiste
La vida es hermosa, la vida es bella
pero tarde o temprano se tiene que morir.
Ahora que lo pienso  tenías razón
Ya casi nada vale cien pesos.
Después de equivocarnos lo más sincero
sería equivocarnos más. Hola.
Me hubiese gustado ser otra cosa, papá. 

Tu hijo, por ejemplo.

3

A Nancy la conocí en la universidad.
Tiene la misma edad que yo, las mismas dudas.
Venía poco a clases y yo asistía siempre
Porque claro, se acostumbra uno
a no pensar y no sentir y no mirar.
Después de 9 meses, con mi amigo Gonzalo
fuimos a visitarla al hospital.
Estaba hermosa como siempre
pero nunca tan bella como ese día.
Su hijo Lautaro no dejaba de llorar.
Nancy tapaba su boquita con el pecho
Nancy venía poco a clases
Nancy no venía a la universidad
Nancy es mamá y yo un niñito tonto
que asiste como zombie a la universidad.
A Nancy la conocí en la universidad.
Tiene la misma edad que yo y antes
me gustaba, quería casarme con ella.
Ahora la amo. Pero amo más a Lautaro
chupando el pezón de Nancy
la madre, Lautaro, la madre, Gonzalo
La chica que no asistía a la universidad.

4

Mi madre es la peor poeta del mundo.
Por la mañana salió apurada
Dejó listo el almuerzo y sin despedirse
Partió a la iglesia a visitar a Cristo.
Le decía perdona nuestras ofensas
como también perdonamos a los que nos ofenden.
Ella sabe muy bien cómo lavarnos la camisa roja
Sacarle la sangre y devolverle el blanco
Pero nada sabe de la poesía.
Mi padre en cambio es el mejor poeta
de la historia. Nos golpea con su puño fuerte
Nos enseña quién manda. Él y no Jesús.
Nos da dinero para el pan de cada día
Nos da los paf y pum para crecer robustos.
Yo quiero que mi padre me pegue siempre
Quiero que Cristo crucifique a mi madre
Por ser tan mal poeta, con tan malos versos
Como estos que me dijo antes de morir:

-Te amo hijo mío,
¿Por qué no te lo dije antes?

5

El día que me muera
De todas formas tienes que estar feliz
Pues toda mi vida me viví
A pesar de los golpes las rejas los condones
Me VIVÍ. Siempre fui TUYO
Y sin embargo siempre fui MÍO
Volé del mundo sin alas
Sin miedo, sin calculadora
Entonces tienes que estar feliz
Pues no fui bueno ni malo
Ni valiente ni cobarde
No te compré un auto ni te escribí un libro
Y mucho menos barrí el comedor
Fui muy feliz y muy triste
Lloré mucho y me reí el triple
Desobedecí la mayoría de las veces
Pero siempre escuché a mi corazón
Siempre obedecí a mi corazón
Siempre quemé mi corazón
Entonces tienes que estar feliz
Porque a pesar del frío y la muerte
Te lo digo en la cara:

—Te quiero
Estuve vivo

6

Es una casa sin CA ni SA
Una caja situada entre muchas iguales
de dos pisos, muy juntas, todas de rojo ladrillo
Pan con nada: irresistibles y maravillosas
como pan con nada. Allí vive la gente muerta
que viaja a sus trabajos en busca de trabajo.
Mi hermano pinta la casa de azul y entonces
hay una herida en el cuerpo de Cristo
una grieta en medio de la noche del hombre.
Es una casa igual pero distinta a las demás
Azul profundo en un mar rojo de casas apiladas.
En la puerta mi madre clava una cruz.
Mi padre arregla una silla en el patio callado.
Yo digo que mi casa es un cofre vacío
Si no hablo de ella, ¿quién lo hará?
Pues aunque sea la casa más única del mundo
La más terrible y la más especial
La más hermosa y la más horripilante
Nadie sabrá que existe mi casa
en mi ciudad en mi país
mi casa sin tú ni yo
ni Ca ni Sa.

7

Mi padre nos enseña a orinar
Saca su pene gigante y oscuro
Y la orina cayendo
Es el sonido más hermoso
Que jamás he oído.

8

No tengo trabajo.
Mi trabajo es salir de noche
Llegar borracho a casa
Y ser un signo de interrogación
En la vida de mis padres.
Mi trabajo es despertar atrasado
Desayunar las sobras del almuerzo
En un rincón escondido del patio
Y preguntarme allí cómo es posible
Que exista un tipo como Whitman.
Mi trabajo es dormir la siesta
Mi trabajo es mirar el techo
Mi trabajo es bendecir la maleza
Mi trabajo es faltar a la universidad
Para conversar con los muertos
Los muertos que viven en los libros
Los libros que a veces no son libros
Mi trabajo es decirte NO TENGO TRABAJO
Excepto morirme un día de estos
¡Bum! Explotar en un fuego artificial
Sabiendo que viví mi vida en un engaño
Pero en un engaño señores
Un engaño distinguidas damas
Un engaño que me he inventado yo.

9

No hay que escribir palabras
Abrazos puños sonrisas y golpes
Cachetadas flores llantos moretones
No palabras nunca palabras
¡No hay que escribir palabras!
Hay que pintar grafitis feos
en el muro más bello del barrio.
Si verdaderamente son palabras las palabras
Tienen que hacerle ¡paf! al corazón
¡Pum! al rostro ¡splash! al egoísmo
La poesía es todo menos yo
La poesía es todo menos shhhhh
Silencio, no hay que escribir palabras
¡Crash! Explosiones y bombas
¡Bang! Balazos que levanten muertos
Versos que traigan paz
Donde sólo había batallas
Poeta, poemas hacemos todos
¡Milagros es lo que falta!
Ofrecer pan donde no exista hambre
El mantel tiene que estar con vino
¡Mánchalo siempre poeta!
No hay que escribir palabras
¡No escribas palabras!
Ríe o llora pero de verdad
Con eso basta
y sobra.

10

El gran aprendizaje de la vida
Consiste en saber que no eres distinto
No vales menos que un abrazo
Ni más que un plato frío de lentejas
NO ERES DIFERENTE
Todos somos la misma mierda
Ergo, no hay que creerse cuentos
El niño es el padre del hombre
Ver la vida como lo que es:
Un par de trastos sucios arriba
del mantel floreado y plástico
que tú decides si limpias o no.

11

Mi padre creía
Que un mundo mejor es posible.
No creía en tesoros, ni en vinos caros
Creía en los amigos y le daba lo mismo
Tomar sopa en una taza plástica
Con una cuchara de plástico:
Lo importante está en el interior
Me decía apagando la TV.
No creía en la TV
Ni en las noticias
Ni en las palabras
Ni en las promesas
Ni en la justicia
Ni en Chile
Ni en Dios y sin embargo
Yo creía en él.
Creía en sus ojos mapuches
Llegando cansados del trabajo.
Creía en su camisa blanca
Sus zapatos viejos que lustraba
Transformándolos en nuevos.
Creía en su magia.
Creía en su mano pesada
Buscando mi mano.
Creía en su voz ronca en mi oído
Sencilla, cotidiana
Diciéndome hijo.

Aún creo, papá.


Colaboración enviada por Rodrigo Arriagada Zubieta (Chile) | Buenos Aires Poetry, 2019 | Extraído de Tamym, PAF, Ediciones PorNos, Buenos Aires, 2011.