La rosa es el silencio | Abel Murcia

Abel Murcia (Vilanova i la Geltrú, España, 1961) es poeta, traductor, lexicógrafo, profesor y fotógrafo. Ha publicado ocho poemarios: Kilómetro 43, Em voz baixa/ En voz baja (edición bilingüe portugués/español), Haikus ventanalmente preposicionales, Desconcierto instrumental, Desgüace personal/ Osobista rozbiórka (edición bilingüe español/polaco), Tríptico4 / Триптих4 (edición bilingüe español/ruso, obra conjunta de tres poetas y una artista gráfica), Trashumante, y El oscuro camino de regreso/ Ciemna droga powrotu (edición bilingüe polaco/español. Su poesía ha sido traducida además al italiano, lituano y rumano. Traductor de literatura polaca al español, tanto individualmente (Julia Hartwig, Olga Tokarczuk, Ewa Lipska, Ryszard Kapuściński,), como en colaboración (Krystyna Dąbrowska). Con el poeta y traductor mexicano Gerardo Beltrán ha traducido a Wisława Szymborska y a Tadeusz Różewicz. Junto a Beltrán y al poeta catalán y traductor Xavier Farré, preparó la antología de 61 poetas polacos contemporáneos (Poesía a contragolpe. Antología de poesía polaca contemporánea) y la poesía de Leszek Engelking. Además, forma un tándem traductológico con Katarzyną Mołoniewicz (Stanisław Lem, Wisława Szymborska, Witold Szabłowski, Maciej Wojtyszko y numerosos libros de literatura infantil polaca). Ha sido profesor de español en las Universidades de Łódź y de Varsovia y en la UIMP de Santander. Director del Instituto Cervantes en Varsovia (2003-2008), Cracovia (2008-2014) y Moscú (2014-2019). Entre 2013 y 2018 ha sido miembro del jurado del Premio de Poesía Wisława Szymborska. Es miembro honorífico de la Asociación de Escritores Polacos y recibió la Medalla de Plata Gloria Artis del Ministerio de Cultura de Polonia.


 

*

Así, vista de lejos,
te diría
que esta historia
no pudo ser más que imposible.
Primero, las cosas ocurrieron a destiempo,
aunque no el suficiente.
Tampoco acompañaba
el no haber encontrado el mismo espacio.
Desde tus grises soles del invierno
no resultaba fácil concebir
el azul transparente de mis mares.
Tus juegos y los míos
no compartieron hojas del libro de la infancia.
Tus nombres y los míos
les resultan ajenos a los niños que fuimos.
En eso de la vida recorrimos caminos
que no se entrecruzaban.
Un día hasta el azar
dejó de ser perfecto. Quizá sólo un segundo.
Si acaso, poco más.
Y ya ves,
aquí seguimos,
mirando sorprendidos nuestro encuentro
desde esta inexplicable obstinación
en llevarle al universo la contraria.

*

Si pudiera, hoy te explicaría
el porqué del desorden
encima de mi mesa,
el sentido de los rastros de tinta
por entre las hojas blancas,
la inerte posición de mi reloj
dando la espalda al tiempo;
hoy te hablaría, si pudiera,
de los parques y los bosques en que estuve
robándole al otoño unas castañas
que merodean por todos los rincones
de este cuarto.
Si pudiera, te contaría hoy
qué historia esconden las manchas de los muros.
Si pudiera, es cierto, si pudiera
y si estuvieras aquí
tan presente como cuando no estás.

*

Sobre la mesa, una hoja de papel
espera que te nombre una vez más,
no parece bastarle ese merodear
de tu presencia alrededor de mí
—de qué gata aprendiste
a huir de las caricias—.
El papel quiere más.
Te exige. Te reclama.
Qué color puede tener tu nombre.
El blanco del papel me paraliza.
Mi ignorancia también.
Salgo.
Apago la luz.
Permíteme que cierre la puerta
no vaya a ser que encuentres el camino.

Lección de existencia

He aprendido a compartir tu ausencia
con mi sombra, el vacío
que deja el tacto inexistente de tu mano
en la mía, el silencio de tu voz
al otro lado de ningún teléfono,
esa ciega mirada de todos los objetos
que ocupan tu lugar.
He aprendido a dejar de ser tanto yo
por ser un poco tú.
Me asusta sentirme rodeado de tu nada.

Siempre a ti

La rosa es el silencio.
La rosa es el silencio de un fuego congelado.
No hay otro laberinto más perfecto,
ni cáliz más amargo si se vierte.
La rosa es un indicio de otro paraíso
arrebatado, un rastro sin destino,
la soledad de las flores hecha flor.
La rosa es el silencio,
y también es la ausencia.
La rosa es el reflejo
de un jardín que no existe,
un vacío con forma,
un dolor reprimido
entre pétalo y pétalo,
el refugio del aire.
Es la cárcel del tiempo,
una nave sin mar.
La rosa es el silencio.
El silencio es la rosa.

Vacío

El viento no recorre las paredes
aquí dentro, ni forma remolinos
en todos los rincones,
ni juega con las hojas de los árboles,
ni borra de la arena la espuma de las olas.
Aquí dentro la mesa está en su sitio,
el sofá en su lugar,
las sillas ordenadas,
formando en un desfile sin público ni orquesta.
Aquí dentro
a veces estoy yo, pero no ahora.
Tampoco estoy ahí fuera.
Si alguien me encuentra, sea donde sea,
que busque, por favor,
una oficina
de sujetos perdidos.

*

mis manos buscan
el sentido del tacto
sobre tu piel

*

en esta huida
dejo rastros de tinta
sobre las sábanas

*

en tu mirada
hace la tarde un nido
de soles rojos

de soles rojos
son los atardeceres
crepita el día

crepita el día
nido de atardeceres
pozo sin fondo

A Paca Aguirre, intentando compartir su mirada

cruza la noche
el sonido del tren
en la distancia

en la distancia
traquetea el recuerdo
tu larga ausencia

tu larga ausencia
en el tren del recuerdo
se me echa encima

Varsovia

Llegaron y dijeron:
“En esta tierra habré
de levantar mi casa,
tendré hijos e hijas que pueblen
uno a uno las márgenes del río.”
Igual no lo dijeron
y sólo lo pensaron
porque eran los tiempos
vacíos de palabras,
o ni siquiera eso,
tampoco lo pensaron,
simplemente lo hicieron.

Después llegó la historia
y con ella los nombres
atados a sonidos de imposible cadencia.

La vida fue llenando las hojas de los libros
dejando entre las líneas ecos de la existencia.
Hoy muchos de esos libros
no son más que cenizas
crepitantes aún al son de la memoria.

Dijeron:
“En esta tierra habré
de levantar mi casa”.
Y así fue.
La primera y la última.
También todas las otras:
la del primer amor, la de los juegos,
la del llanto y la risa,
la de lo nunca dicho,
la del odio y la ira,
la de…

Es cierto. Lo dijeron.
Muchas fueron las veces y muchas las personas.

Para ser de esta tierra basta la voluntad
y eso no es poco.

Dijeron:
“En esta tierra habré
de levantar mi casa”.

Y le pusieron nombre.
En mi lengua es Varsovia.

Entre sombras

Cuando la luz se adentra en este cuarto,
las sombras la acompañan
y dibujan el mundo
con toscas pinceladas
de silencio. Los objetos
desfilan inmóviles entre manchas
de diferentes grises
—qué son sino esas blancas
y negras transparencias de la vista—,
y acuden las palabras
para formar rápidamente el mundo.

En un rincón, aguardo tu llegada.

*

Cuando llegue el otoño
no me hallará en la casa.
La puerta estará abierta
y olerán a humedad
los colores de todas las paredes.
Y yo te esperaré
sin que preguntes dónde
con los últimos fríos
del invierno.

El regreso

Este regreso
necesita de todo el tiempo del mundo.
Este continuo regreso
no conoce atajos
ni otro camino
que el que va apareciendo
con cada nuevo paso.
Este regreso
desconozco si tiene algún destino
pero sé que se trata de un regreso
atraviesa parajes
que me son completamente extraños
otros desconocidos
y aun otros con toda seguridad inexistentes.
Algunos
sin embargo
diría que me resultan familiares.
Sé que no los conozco
pero hay en ellos
algo que habita en mí también
desde hace tiempo.
De ahí lo familiar.
No lograré nombrarlo
soy consciente
ni siquiera lo intento.
Este regreso es duro
como los adoquines de granito de las viejas ciudades
en las que he hecho un alto en el camino.
Detenerse es iniciar caminos paralelos.
Este regreso arrastra tras de sí
también esos otros caminos.
Me acompañan.
Todos andamos de regreso.
Este regreso
sabe de olores
de imágenes
de ruidos
de colores
sabe de todo aquello que yo ignoro
a pesar de haber sido yo mismo un poco todo ello
sabe de las cosas sin nombre
y de aquellos objetos que ocultan las palabras
sabe de luces y de sombras
este regreso
sabe de recodos de altos de traspiés.
Este regreso
es lento
como el tiempo de las enfermedades
este regreso
corre junto a los ríos
a la orilla del mar
sube a las montañas
baja a los valles
bordea los campos y los bosques
se adentra en las madrugadas
recorre las noches.

este regreso
es mío

porque yo también le pertenezco.


Colaboración enviada por Víctor Rodríguez Núñez (Cuba) | Buenos Aires Poetry, 2019.