Rojo profundo | Mai Văn Phấn

Mai Văn Phấn, poeta vietnamita nacido en 1955 en Ninh Bình, delta del Río Rojo en el norte de Vietnam, y residente en Hải Phòng. Entre 1974 y 1981 integró el legendario ejército de su país, que expulsó al invasor estadounidense y reunificó el país. Luego hizo estudios de ruso en el Colegio de Lenguas Extranjeras de Hanói y, en 1983, en la Universidad Pedagógica Gorki de Minsk, antigua Unión Soviética. Desde el inicial Giọt nắng (1992) hasta el reciente Thời tái chế (2018), ha publicado diecisiete libros de poesía, así como un libro de ensayo y crítica. Sus poemas han sido traducidos a más de treinta idiomas, con libros publicados en albanés, árabe, bengalí, coreano, francés, hindi, inglés, ruso, sueco, serbio, tailandés y turco. Como poeta ha sido reconocido con los premios Người Hà Nội (1994), Văn Nghệ (1995), Nguyễn Bỉnh Khiêm (1991, 1993, 1994 y 1995), Asociación de Escritores de Vietnam (2010), y Cikada (Suecia, 2017). Los tres cantos que se ofrecen a continuación provienen del libro Era of Junk: Epic, traducido del vietnamita al inglés por Nhat-Lang Le y editado por Susan Blanshard (Hanói: Publishing House of The Vietnam Writer’s Association, 2019).

Rojo profundo

Una lámpara de noche que se disipa despierta un río de sangre. La sangre mezclada con la sangre y la fetidez gotea. Una obsesión roja.

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Es como si alguien me acabara de poner una soga al cuello y me arrastrara por un estrecho corredor hacia lo oscuro y lo húmedo. Levanto la cabeza y siento que se me bloquea la garganta. De vez en cuando mi cuerpo se ensarta en un clavo o un fragmento de vidrio en el suelo. Estoy raspado, ensangrentado con un dolor ardiente. La sangre hace que mi cuerpo resbale, me deslizo como una anguila sobre el barro sucio. Me empujan hacia un montón de animales velludos y desangrados. Rápidamente me quitan la soga del cuello para volver a usarla para arrastrar otros cuerpos detrás de mí. Veo que comienza el cambio de guardia, así que aguanto la respiración, me acuesto boca abajo, me quedo inmóvil, finjo ser mi propio cadáver.

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En el cambio de guardia, no veo al del turno anterior entregarle nada al de este turno. El nuevo soldado simplemente se para en su posición. Quizás esto sea una escapatoria, una oportunidad, un error, una falta de responsabilidad. Quizás ejecutaran el proceso mal. O tal vez se ha convertido en la rutina o hábito de los soldados, pues hace mucho tiempo que no hay grandes errores en esta torre de vigilancia, ni traspiés que causen un problema grave. Me arrastro detrás del guardia desprevenido y le doy un duro golpe en la nuca. Lo ato a una ventana, me pongo su uniforme, libero a los animales aún calientes, esperando que sobrevivan. Me escapo veloz.

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Sufro una pesadilla en que la vegetación se vuelve amarilla y se marchita, y llueven episodios de anemia. Las hojas secas me llevan a una época de pérdida de sangre, una época de subvaloración de la sangre, una época de alabanza de la sangre en su explotación. Un alma de género desconocido se trepa por el tallo de una hoja y reconoce que alguna vez fue una gota de sangre. Un árbol cercano y un pájaro carpintero sacuden la cabeza y se retiran de la discusión con el alma triste. Esa gota de sangre entonces tiene la misma forma que el rocío, iluminado de estrellas de la noche, una gota fresca de lluvia de la mañana, una raya de jugo de naranja que se escurre por la barbilla de un bebé. Es una lágrima que se instala en el rabillo del ojo lleno de esperanza y expectativa.

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La sangre se ha derramado en grandes charcos en el patio de la casa comunal de la aldea, después de algunas sesiones de denuncia pública en el período de la reforma agraria. Una mujer que una vez acusó falsamente a su suegro de obligarla a ser su amante, ahora está enterrada en el mismo cementerio donde él fue enterrado. Su alma inquieta se acerca para tocar su ataúd; le pide disculpas cada día al atardecer. Él volvió a los vivos en un sueño, diciéndoles que elijan uno de los días más brillantes a fines de primavera para una vez más contar su triste historia, una sola vez. Entonces, no hablar más del asunto.

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El sueño de la sangre produce el fuerte olor específico de las celdas de confinamiento solitario, las utilizadas para los soldados patrióticos, leales hasta la muerte. Creen absolutamente en los ideales que han elegido, y sueñan con lo mejor para la gente y la Patria. Dan testimonio de aquellos que traicionan sus propios ideales y camaradas al empañar deliberadamente su verdadero camino de sangre. En mi sueño, veo que se abren las cerraduras de las puertas de las celdas de aislamiento. El fuerte olor todavía está allí, pero los soldados patriotas se han ido.

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La sangre estalla. La sangre se acumula, sangre sobre sangre, en las batallas. Los bosques desangrados están llenos de cuerpos en descomposición. Los ríos y arroyos desangrados conocen cuerpos, los estanques y lagos ven cuerpos hinchados hundirse o flotar. La sangre se derrama cuando muchos pueden verla, e incluso cuando nadie puede. Los destinos terminan y acaban para siempre. La sangre estalló y los cuerpos solían sangrar internamente. La sangre se coagula rápido y no puede coagularse. La sangre se lava, se borra de todo rastro, la sangre se filtra en los espacios oscuros del suelo, se escapa a través de las venas de las aguas residuales. La sangre se agita y se llama, sangrienta sin ver.

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Esta noche todos duermen profundamente, mientras pasa un río rojo y oscuro. La gente duerme con la boca abierta, duerme con los brazos y los pies extendidos, duerme como una flor que cierra los pétalos, duerme como una fruta podrida, duerme en una postura de ibis, duerme como un muerto, duerme con la cabeza inclinada, duerme parada, duerme sentada, duerme mientras trabaja, duerme con la comida en la boca, duerme abrazándose el pecho, duerme con la cabeza apoyada en los brazos, duerme con las extremidades sobre otro a su lado, duerme boca abajo, duerme del lado derecho, duerme babeando, duerme gimiendo, duerme con los ojos abiertos, duerme mientras caminan hacia la puerta y se abre, duerme mientras orina, duerma mientras tiene una emisión nocturna, duerme ―cruje, de repente ventosea, ronca como un trueno.

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Llegan recuerdos, recuperando el espacio del pasado. Extremos afilados que apuntan hacia arriba desde los tableros de púas, una explosión seca de cada bala, la gente que usa su propios cuerpo como monturas de armas o para tapar las almenas, manchas de tinta seca en una mesa de interrogatorio, montones de actas de reunión numeradas, una urna sellada, una celebración para un aumento de sueldo, un viaje al hospital para visitar a los enfermos, regalarle flores a un jubilado, mirar la cara de un pariente por última vez, felicitar a alguien que acaba de ser ascendido… Todos se presentan fríamente, tan exactos como una tabla de reparto para una obra de teatro. El director de la obra aparece de repente como un mago, sonríe misteriosamente y luego sale a fumar un cigarrillo. En un instante se convierte en organizador, clarividente, profeta.

El sueño

La gente se apresura hacia la oscuridad para observar el río rojo y brillante que fluye lento y suave. Los corazones laten rápidamente con ansiedad y también con euforia. Con prisa las preguntas dudosas se extendieron en la noche como una orden secreta dada para una batalla por venir. ¿Es esto un baño de sangre de venganza? ¿Estarán nuestras vidas sumergidas en un mar rojo?

La sangre se mueve serena en formas indulgentes, tan pacífica como la respiración de un niño dormido. La sangre toca el aire, la sangre toca los hitos históricos, como una pitón gigante que se desliza sobre una losa de piedra, como una pelota que rueda sobre un césped. Como gotas de lluvia que se llaman para reunirse y descender a una tierra baja.

Un trozo de tiza al lado de una pizarra. La sangre llega para abrir los sentidos, para despertar áreas del cerebro a los pensamientos más claros, para que cada persona los entienda, para recoger el trozo de tiza y copiar cada letra por sí mismo. Aprender a leer una oración simple de una manera articulada. Cómo escribir el nombre de su país. Cómo escribir su propio nombre.
La sangre vuelve a la temporada de floración. El arroz cargado de grano. Las batatas se hacen grandes. El maíz con semillas regordetas. Se alisan el curo del ganado y las plumas de las aves de corral. Los peces se agitan en ríos y arroyos, en estanques y lagos. La sangre guía los dedos delgados para sembrar las plántulas de arroz, para verificar cada semilla de maíz en un suelo fértil.

La sangre fluye tierna por los lechos de musgo, sacude los cuerpos de los pastos salvajes. La sangre hace temblar la tierra, como anguilas y lochas frotadas con sal antes de la matanza. La sangre se extiende serena, lleva el poder y lo sagrado de los sueños. Los soldados de los pelotones y los escuadrones hace tiempo enterrados por morteros y cohetes, se levantan del subsuelo como una rama camuflada y fantasmagórica del servicio militar. Marchan, aún en fila, de regreso a sus antiguas aldeas, cada una regresa a su antigua casa. De milagro, cuando llegan allí, no falta ningún familiar ni vecino. Los platos que se sirven para darles la bienvenida no son comidas rituales de los días de luto, sino comidas campestres frugales, con sopa de cangrejo molido y yute, y un plato de berenjena en curtido.

La corriente de sangre vierte clorofila en los árboles, se sacude y limpia sus copas. Los estados de ánimo comienzan a revertirse a medida que las personas en trance se golpean el rostro para despertarse, sus hábitos de indiferencia se convierten, por un momento, en una pasión. Los trinos de un extraño pájaro se alzan, señalando un movimiento extraordinario dentro de la tierra. Las lombrices cavan un nivel más profundo para suavizar el suelo. Una rana verde descubre la luz de la luna y llama a su madre con cariño. El charrancito australiano invita a su compañera a cruzar el océano.

La fruta verde, recogida antes de tiempo, ahora reaparece en los árboles, esperando madurar, para volverse dulce y fragante algún día. Las flores y las frutas, enterradas por gusanos o picoteadas por pájaros, tiemblan en su renacimiento. Los árboles, cortados en cruz, naturalmente vuelven a conectar su timbre. La savia de los árboles fluye por los troncos podridos, emitiendo un olor a pimienta, la fragancia familiar de nuevas hojas y raíces de árbol. Se respeta y se protege cada árbol como un organismo vivo. Cada persona disfruta de libertad, derechos humanos y dignidad. Los árboles fuertes y la gente sana viven cerca y el uno para el otro.

Las aves y los animales salvajes que sobreviven regresan en masa para recibir la sangre, como reciben a sus parientes después del trastorno que trae un tiempo de separación. Llevan consigo todos cortados las colas, los picos, los cuernos, los colmillos y las garras de sus propios parientes, que otros cazaron y luego mataron. Los ponen cerca de la corriente de los ríos, luego se arrodillan y se agachan a esperar. La sangre llega y con gusto resucita cada capa de piel y plumas, calienta cada célula, cada glándula sudorípara, cada capa de piel.

La sangre libera a los animales en la naturaleza, a las aves en el cielo. La sangre libera la vida marina, algas y plancton en los océanos. La sangre permite que los patos y las aves acuáticas se diviertan y naden en estanques.

Todos, incluyéndome a mí, comienzan a respirar profundo, ya sin miedo. De repente, todos tenemos el mismo tipo de sangre. Todos nos acostamos y dejamos que el río rojo cálido y brillante fluya por todos nosotros. Todavía soy yo mismo pero diferente esta noche. Independiente y libre como un insecto y un animal, feliz y libre como los peces en el mar y los pájaros en el aire.

La continuidad

El agua comienza a fluir hacia las bocas de la gente, el agua que transporta las almas de los antepasados ​​y la santidad de la tierra. Las personas se unen en una confluencia de colores contrastantes, colores que se funden en una marea ascendente ahogada de sedimentos y sentimientos.

El nuevo flujo regenera las estaciones para la reproducción, la puesta de huevos y el trasplante. La sangre roja alimenta a los fetos, nutre las semillas para que broten las flores y se reproduzcan la miríada de animales.

La espiritualidad y los microcircuitos. Los caminos de la arquitectura de Ch’i y del software espiritual. Datos estructurados y no estructurados de lo material y lo inmaterial. Las caras de los humanos, la fauna y la vegetación están unidas a lo largo del tiempo cronológico y el espacio contemporáneo.

Las almas de los datos, a la espera de ser descomprimidas, instan a la gente contemporánea a no dudar ni perder el tiempo en un solo lugar durante demasiado tiempo.

Las personalidades aparecen en las ventanas de la interfaz humana a medida que salen de sus renacimientos, esta vez seleccionando otros valores. Otros caminos. Otras filosofías. Otras vueltas. Otros ídolos. Otros modelos. Otra independencia. Otra libertad. Otra felicidad. Otros sentimientos.

Una flor de chrysopogon, silenciosa durante tanto tiempo, ahora aparece en una esquina izquierda de la pantalla. Emite un sonido largo como la señal de advertencia de una computadora infectada por un virus: ¡Hemos pasado por una época de basura! Tal señal no enoja ni aturde a la gente pues ahora todos saben que no son materias primas básicas.

La flor anónima de chrysopogon ha creado un efecto dominó, provocando el colapso de una serie de piezas de ajedrez. Una figura de cara desconocida por fin se levanta y reconoce que no es más que un cuchillo sin filo. Luego, una segunda, tercera y cuarta figura se levantan para rendir cuentas. Como el autoconocimiento de la creciente plantilla, un ejército infinito se extiende. La gente reconoce que son o un paño de limpieza, una escoba deshilachada, un recogedor, un libro con su encuadernación deshecha, una silla rota o una plancha fundida. Confiesan ser una manta rota, un par de zapatos partidos, prendas de vestir pasadas de moda o un viejo recipiente de plástico cubierto de polvo. Ahora todos llegan de voluntario al punto de reunión para ser o categorizados o destruidos o esperar su renacimiento.

Los archivos guardados aparecen uno por uno como tumbas. Se construyen como tumbas elaboradamente ornamentadas e incluso desatendidas. La pantalla ocupada forma un día de los muertos, lleno de ofrendas y el humo del incienso. Reaparece el presidente cooperativo de antaño, asombrado de estar conectado con el profeta, el equipo asesor y los actores de cara blanca… El profesor de política se encuentra con soldados de ambos frentes. Las cerraduras de los confinamientos solitarios se cambian para solo mantener a los condenados a muerte encarcelados.

Incluso un trozo de carne cruda sabe de la casa del nido de los pájaros, el reino de los ratones y la cama angosta. El trozo de carne mira feliz hacia el agujero mohoso al pie de la pared. La avispa adentro aparece repentinamente en la pantalla y abre una puerta de un almacén de memoria, ya que puede leer documentos raros y preciosos, muchos aún sin decodificar. La avispa es ahora una fuente, un punto mortal de debilidad y posee la llave maestra.

Las almas manchadas luchan por salir de las chimeneas de torres de encarnación universal, mataderos y plantas de procesamiento de desechos. Traen consigo sus ideas y deseos no realizados. Una lluvia temprana cae justo a tiempo. Las almas susurran para mezclarse con cada gota de agua limpia que vierte sobre la madre tierra. La lluvia deja caer la esperanza en los sueños de la gente, limpia las plantas y sirve como lavabo para toda la zona.

Polígonos, commelinales y helechos junto a las cercas, con los rasboras y las larvas de mosquito en aguas estancadas, brillan de repente. Anhelan la libertad y la preservación de su honor. Se conectan con los árboles viejos y los animales salvajes para lograr una visión de largo alcance, un espíritu feroz y la valentía.

Aprenden la forma orgullosa y dolorosa del águila de renovar su propio cuerpo. Cuando ya no puede volar alto y lejos, el águila golpea su pico en un acantilado hasta que se rompe para regenerar sus garras. Se atreve a mirar directamente al sol sin pestañear y no teme la ceguera quemante.

El águila vuela hasta la cima de la montaña esperando la tormenta. Feroces vientos tormentosos la levantan sobre la lluvia. Sus afiladas garras se aferran al hombro de la tormenta creando un símbolo orgulloso y sagrado.

Traducción del inglés de Katherine M. Hedeen y Víctor Rodríguez Núñez | Buenos Aires Poetry, 2020.