La prosa del Transiberiano y de la pequeña Jehanne de France (fragmento) | Blaise Cendrars

Extraído de La prosa del Transiberiano y de la pequeña Jehanne de Francia (2020), publicada por la editorial El Tucán de Virginia y el Fondo Editorial de la Universidad de Querétaro (Víctor Manuel Mendiola, Ed.).

Dedicada a los músicos

En aquel entonces yo estaba en la adolescencia
Contaba apenas dieciséis años y ya no recordaba mi nacimiento
Me hallaba en Moscú donde quería nutrirme de llamas
Y no eran suficientes las torres y las estaciones de trenes que constelaban mis ojos
En Siberia tronaba el cañón, era la guerra
El hambre el frío la peste el cólera
Y las aguas fangosas del Amur arrastraban millones de carroñas
En todas las estaciones yo veía la partida de todos los últimos trenes
Nadie podía partir porque ya no expedían boletos
Y los soldados que partían hubieran anhelado quedarse…
Un viejo monje me cantaba la leyenda de Nóvgorod.
Yo, el mal poeta que no quería ir a ninguna parte, podía ir dondequiera
Y también los comerciantes todavía guardaban dinero suficiente para intentar hacer fortuna.
Su tren partía cada viernes en la mañana.
Se hablaba que había numerosos muertos.
Uno llevaba cien cajas de despertadores y de relojes cucús de la Selva Negra.
Otro, cajas de sombreros, cilindros y una variedad de sacacorchos de Sheffield
Otro más, féretros de Malmoe colmados de latas de conserva y sardinas en aceite
Y luego había numerosas mujeres
Mujeres, entrepiernas para arrendar que podían también servir
Como ataúdes.
Todas estaban patentadas
Se contaba que había numerosos muertos por allá
Ellas viajaban con precios reducidos
Y todas tenían cuenta corriente en el banco.

Sin embargo, un viernes en la mañana llegó al fin mi turno
Era diciembre
Y partí asimismo para acompañar al joyero viajante que se dirigía a Kharbín
Teníamos dos cupés en el expreso y treinta y cuatro cofres de alhajas de Pforzheim
Bisutería alemana “Made in Germany”
Él me había acicalado con nueva ropa, y al subir al tren, yo había perdido un botón
—Me acuerdo, me acuerdo, lo he pensado mucho desde entonces—
Me acostaba sobre los cofres y era feliz de jugar con la browning niquelada que también me dio.
Despreocupado yo era muy feliz
Creía jugar a los bandidos
Nos habíamos robado el tesoro de Golconda
E íbamos, gracias al transiberiano, a esconderlo en el otro lado del mundo
Debía defenderlo contra los ladrones del Ural que habían atacado a los saltimbanquis de Julio Verne
Contra los Khunguses, los Bóxers de la China
Y los pequeños mongoles furiosos del Gran Lama
Alí Babá y los cuarenta ladrones
Y los fieles del Viejo terrible de la montaña
Y sobre todo, contra los más modernos
Los ladrones de hotel
Y los especialistas de los expresos internacionales.

Y sin embargo, y sin embargo
Estaba triste como un niño
Los ritmos del tren
La “médula ferrocarril” de los psiquiatras estadounidenses
El ruido de las puertas de las voces de los ejes chirriantes sobre los rieles congelados
El ferlín¹ de oro de mi porvenir
Mi browning el piano y las palabrotas de los jugadores de cartas en el compartimiento de al lado
La sorprendente presencia de Jeanne
El hombre de gafas azules que paseaba con nerviosismo en el corredor y me miraba al pasar
Frote de faldas de mujeres
Y el silbido del vapor
Y el ruido eterno de las ruedas enloquecidas en las roderas del cielo
Los vidrios escarchados
¡Nada de naturaleza!
Y detrás, las llanuras siberianas el cielo bajo y las grandes sombras de los Taciturnos² que ascienden y descienden
Estoy acostado en una colcha
Abigarrada
Como mi vida
Y mi vida no me da más calor que esta bufanda escocesa
Y Europa entera se percibe en el cortaviento de un expreso a todo vapor
No es más rica que mi vida
Mi pobre vida
Esta bufanda
Deshilachada sobre cofres colmados de oro
Con los que ruedo
Y sueño
Y fumo
Y la única llama del universo
Es un pobre pensamiento…

Traducción Marco Antonio CamposJean Portante

Notas
¹Moneda de escaso monto en la Edad Media. Por extensión: cualquier cosa de poco valor. N. de los T.
²Siberia era llamada la Taciturna y los siberianos, por ende, los Taciturnos. N. de los T.