Elegie | Sextus Propertius

Sextus Propertius fue un poeta latino nacido en la región de Umbría de la Antigua Roma. Las guerras civiles confiscaron las tierras de su padre en el 40 a. C. lo que ocasionó la ruina de su familia. En Roma estudió leyes y retórica para hacer fortuna. Los encantos de Cintia (ambigua figura entre liberta y cortesana), lo llevan a ejercitar la poesía. Gran parte de su obra poética está inspirada por este amor. Conoció a Virgilio y a Ovidio en el círculo de los poetas de Mecenas. Su enfrentamiento amoroso y poético hizo de él un poeta clásico de la elegía. Murió cerca del 16 a. C.

Liber II
XI

SCRIBANT de te alii vel sis ignota licebit:
laudet, qui sterili semina ponit humo.
omnia, crede mihi, tecum uno munera lecto
auferet extremi funeris atra dies;
et tua transibit contemnens ossa viator,
nec dicet ‘Cinis hic docta puella fuit.’

Libro II
XI

Está permitido que otros de ti escriban o seas desconocida:
Alaba a quien pone estériles semillas en la tierra.
Créeme, el oscuro día de la última ruina
llevará todos tus regalos contigo en un mismo lecho;
y el viajero pasará, despreciando tus huesos,
y no dirá: ‘Esta ceniza fue docta niña’.

Liber III
XIV

Multa tuae, Sparte, miramur iura palaestrae,
    sed mage virginei tot bona gymnasii,
quod non infamis exercet corpore ludos
    inter luctantis nuda puella viros,
cum pila velocis fallit per bracchia iactus,
    increpat et versi clavis adunca trochi,
pulverulentaque ad extremas stat femina metas,
    et patitur duro vulnera pancratio:
nunc ligat ad caestum gaudentia bracchia loris,
    missile nunc disci pondus in orbe rotat,
et modo Taygeti, crinis aspersa pruina,
    sectatur patrios per iuga longa canes:
gyrum pulsat equis, niveum latus ense revincit,
    virgineumque cavo protegit aere caput,
qualis Amazonidum nudatis bellica mammis
    Thermodontiacis turba lavatur aquis;
qualis et Eurotae Pollux et Castor harenis,
    hic victor pugnis, ille futurus equis,
inter quos Helene nudis capere arma papillis
    fertur nec fratres erubuisse deos.
lex igitur Spartana vetat secedere amantes,
    et licet in triviis ad latus esse suae,
nec timor aut ulla est clausae tutela puellae,
    nec gravis austeri poena cavenda viri.
nullo praemisso de rebus tute loquaris
    ipse tuis: longae nulla repulsa morae.
nec Tyriae vestes errantia lumina fallunt,
    est neque adoratae cura molesta domi.
at nostra ingenti vadit circumdata turba,
    nec digitum angustast inseruisse via;
nec quae sit facies nec quae sint verba rogandi
    invenias: caecum versat amator iter.
quod si iura fores pugnasque imitata Laconum,
    carior hoc esses tu mihi, Roma, bono.

Libro III

XIV

Muchas leyes de tu palestra, Esparta, admiramos,
más bien las tantas bondades
de los virgíneos gimnasios,
porque la niña desnuda entre luchadores viriles
no ejercita con su cuerpo infames juegos,
cuando por el lanzamiento veloz
de la pelota engaña los brazos,
y resuena el curvo arco,
y la mujer polvorienta
se para frente a la última meta,
y sufre los daños por el duro pancracio:
ora liga con cuerda los agraciados brazos a la cesta,
ora hace girar el peso del disco por todo el mundo,
y como Taygeto, el cabello cubierto de escarcha,
por yugo como perro sigue la patria:
el caballo muerde la embocadura,
atada al lado la nívea espada,
y el virgíneo aire protege su cabeza,
cuales bélicas Amazonas con su pecho desnudo.
Termodontiacis lava las turbias aguas;
cual Eutoras, Cástor y Pólux en las arenas,
éste vencedor en puños, aquél luego en caballos,
entre quienes Helena en pecho desnudo toma las armas
y frente a sus hermanos dioses no se ruboriza.
Así pues, la ley espartana prohíbe
que los amantes se abandonen,
y es lícito que por las calles
acompañen su lado,
no hay temor ni tutela
para las niñas encerradas,
ni hay que preocuparse de una grave pena
de un hombre austero.
En cualquier momento hablarás
de todas tus cosas por ti mismo:
sin rechazo por la larga demora.
Ni Tireas vestes engañan las errantes luces,
y la adorada casa no sufre el incómodo cuidado.
En cambio, la nuestra está circundada por turba ingente,
no cabe un dedo en la calle estrecha;
no importa cuales sean los rostros,
ni cuales sean las súplicas,
encontrarás al amante ciego meditar por el camino.
Porque si lucharas por imitar las leyes de los laconios,
podrías haber sido para mí, Roma, el bien más querido.

Extraído de Sesto Properzio, Elegie, Biblioteca Univ. Rizzuli, 1987 | Traducción de Mario Chávez Carmona | Buenos Aires Poetry, 2020.