Eleusis (versos finales) | Georg W. Hegel

El filósofo Georg W. Hegel nació en 1770 en Stuttgart. Durante su juventud fue compañero de estudios en el seminario reformado de Tubinga del poeta Friedrich Hölderlin y del filósofo Schelling. Su filosofía responde a las problemáticas de su época (la revolución francesa y el giro copernicano del conocimiento propiciado por la filosofía crítica de Kant), siendo esta el último intento de la tradición intelectual occidental por construir un sistema de pensamiento omnicomprensivo. Sus obras más destacadas son La Fenomenología del Espíritu (1807) y la Ciencia de la Lógica (1812), las cuales han influenciado ampliamente a filósofos de la talla de Marx, Heidegger y Sartre. Hegel muere en Berlín durante la epidemia de cólera de 1831.

El poema Eleusis, que Hegel en su juventud escribió para Hölderlin, toma su nombre de la localidad del Ática, donde se realizaban los famosos ritos en honor a la diosa Démeter. Su contenido está pleno de imágenes relativas a ceremonias iniciáticas y secretos místicos. Sin embargo, todas las metáforas que empleó Hegel no refieren exactamente a los ritos iniciáticos de la religión ctónica griega, al cual refiere el nombre del poema, sino más bien corresponden a las claves para entender un código secreto que compartían Hegel, Schelling y Hölderlin: el de la nueva religión.

Las imágenes que se pueden apreciar en el extenso poema; la ceremonia iniciática, la diosa madre y sus hijos, representan el preámbulo de una reflexión político-teológica en la que Hegel insistirá durante toda su trayectoria intelectual: la crítica de la positividad de la religión y del desgarro del mundo que ha implicado el desarrollo de la modernidad. Ante un cristianismo basado en inertes rituales y ante una ilustración alemana que escinde al hombre en fríos saberes específicos. Los tres amigos de Tubinga se proponen fundar una religión viva, que no se construya en base a rituales ni a dogmas, sino más bien en la puesta en práctica de los más altos ideales de la humanidad. Estos altos ideales, valga la aclaración, son los mismos que fueron enarbolados por la revolución francesa; libertad, igualdad y fraternidad, pero a diferencia del modo jacobino de hacer las cosas, Hegel, Schelling y Hölderlin lo harán desde una reforma estético-teológica: una nueva religión que una al filósofo y al artista, al sacerdote y al pueblo en una unidad diferenciada en sí misma (Hegel escribe a Hölderlin en su libro de notas “έν και πάν” –Uno y Todo–). Esta religiσn tendrνa que ser, sin lugar a dudas, estιtica, fundada en la poesνa, puesto que ιsta estα llamada a superar a todas las formas de gobierno y religiσn positiva. Sobre esta funciσn escatolσgica de la poesνa Hφlderlin escribirα diez aρos mαs tarde en su poema Andenken: Was bleibet aber, stiften die Dichter (Mas, lo que queda, es fundado por los poetas).

¿Se deben revelar estos secretos? ¿Qué efectos sociales tendrían en la protestante Alemania de la época tales propuestas para el desarrollo de una religión estética? Hegel oscila entre la revelación de estos postulados y su reserva. Eleusis está escrito en clave, sus imágenes muestran la problemática para aquel que quiera desentrañarla, pero también la ocultan para que el secreto eleusino siga bien reservado al interior del templo. Templo que cada uno guarda en lo más interior de sí.

Este fragmento del poema Eleusis fue extraído de la página de los Archivos Manuscritos de Hegel

(link: https://hoelderlinturm.digital/aus-dem-archiv-geholt/band-01-eleusis/ )

Eleusis (versos finales)

Es trugen geizig deine Söhne, Göttin,

nicht deine Ehr’ auf Gaß’ und Markt, verwahrten sie

im innern Heiligthum der Brust –

drum lebtest du auf ihrem Munde nicht,

ihr Leben ehrte dich, in ihren Tathen lebst du noch.

Auch diese Nacht, vernahm ich, heilge Gottheit dich,

dich offenbahrt oft mir auch deiner Kinder Leben,

dich ahnd’ ich oft als Seele ihrer Taten!

Du bist der hohe Sinn, der treue Glauben

der, eine Gottheit, wenn auch alles untergeht, nicht wankt.

Eleusis (versos finales)

Puesto que tus hijos, Diosa, no revelaron

por calles y plazas tu honor, sino que mezquinos

en el santuario de su pecho lo guardaban.

Por eso no vivías tú en su boca.

Te honraban con su vida. Aún vives en sus hechos.

¡También en esta noche te he escuchado, sacra deidad,

a ti, que me revelas la vida de tus niños;

a ti, que a menudo presiento que eres el alma de sus actos!

Eres el elevado pensamiento, la fe verdadera,

de una deidad que no se desmorona aunque todo se hunda.