Paisajes de mi padre | Aeronwy Thomas

Mi madre decía que mi padre no veía nada cuando trabajaba, como no fuera el estuario y las colinas del otro lado. Fue ella quien dispuso que instalaran las dos ventanales en el viejo garaje para habilitarle un lugar de trabajo, según me dijo ella más tarde.

A. T.

Mi padre no se tomaba días de asueto y se ceñía siempre a la rutina del trabajo a no ser que estuviera enfermo o se encontrara fuera de casa, por lo que el día después de Navidad reemprendió el ritual normal.

Por la mañana iba al Brown´s Hotel a beber y hacer el crucigrama o hacía pequeñas apuestas en las carreras de caballos. En una de estas ocasiones escribió una postal a un amigo, que todavía conservo:

Running Water and Nuts / French Bounty and Knuckles / D´Angelo and Chammie / Belby, Belby, Belby / Jackmill and Ambiguity / are some of the camels we have mounted“.

Mientras él apostaba, hablaba, escuchaba y bebía, mi madre y yo órdenábamos el cobertizo. Recuerdo que un día mi madre encendió, como hacía habitualmente, la estufa de parafina en ausencia de mi padre para que el ambiente estuviera caldeado y acogedor cuando iniciara la sesión de la tarde, y me dijo que retirara los dos Penguin de la mesa de cocina que él utilizaba como escritorio. Uno era de Agatha Christie y el otro de Raymond Chandler.

-Escóndelos- me ordenó mi madre, y yo los metí detrás de los libros de la pesada estantería, aunque pensé que diría a mi padre dónde los encontraría.

Mi madre llevaba unas chinchetas y un Picture Post, del que arrancó la página doble central, una reproducción de Bruegel el Viejo, Boda campesina. Ayudé a mi madre a fijar la brillante fotografía en la pared de tablas del cobertizo, junto a los retratos de Walt Whitman y D. H. Lawrence. Mi madre decía que mi padre no veía nada cuando trabajaba, como no fuera el estuario y las colinas del otro lado. Fue ella quien dispuso que instalaran las dos ventanales en el viejo garaje para habilitarle un lugar de trabajo, según me dijo ella más tarde. Él no necesitaba mirar las reproducciones de la pared.

Dylan Thomas con su esposa Caitlin, en 1946. Fotografía: Francis Reiss/Getty Images

La vista le inspiró muchas imágenes verbales “Poema de Octubre”, “Poema en su cumpleaños” “Sobre la colina de Sir John” y el inacabado poema “En el paraíso campestre”.

En los poemas había zarapitos, garzas, halcones, cormoranes y ostreros, pero no la barca de pesca con marea alta, aunque ésta aparece en “Bajo el bosque lácteo”. Mi madre me dijo que yo le era de mucha utilidad porque le aconsejaba en qué sitio del cobertizo debía colocar las ilustraciones. Después de aquel elogio, volví a quererla, incluso más que a mi padre.


Extraído de Aeronwy Thomas, Paisajes de mi padre. Retrato de infancia escrito por la hija de Dylan Thomas. Traducción de Roser Berdagué, Circe, Barcelona, pp. 137-138 | Selección de Juan Arabia, Buenos Aires Poetry, 2021.