Poema conjetural: “El argumento de este poema pertenece a Robert Browning” | Jorge Luis Borges

Durante este diálogo, Scott Sanders, Willis Barnstone, Luis Beltrán, Miguel Enguídanos y Jorge Oclander leen varios poemas de Borges en voz alta. Luego de cada lectura, Borges comenta sus propios textos (Universidad de Indiana, marzo de 1980)


«El argumento de este poema pertenece a Robert Browning. Cuando leemos los monólogos románticos de Browning, podemos seguir los sentimientos de un hombre. Y entonces yo pensé: voy a intentar, siguiendo un hábito que aprendí de Stevenson, voy a hacer como un “sedulous ape” (un simio cuidadoso) e intentaré escribir un poema imitando a Browning. Pero pensé que sería sorprendente escribir lo que el héroe del poema está pensando hasta alcanzar sus últimos momentos, y me acordé de Francisco Narciso de Laprida, el presidente del primer congreso revolucionario de 1816, un antepasado mío que fue asesinado por los gauchos. Entonces me dije: voy a intentar, no recuperar esas cosas, sino imaginar qué puede haber pensado ese hombre al ser derrotado por los bárbaros. Laprida quería que el nuestro fuera un país civilizado. Pero fue derrotado, perseguido por bárbaros. Lo degollaron. Y entonces pensé en el Purgatorio de Dante, y recordé el verso: Fuggendo a piede e sanguinando il piano. Mi italiano es endeble pero creo que es la línea correcta. Así que incluí en mi poema “huyendo a pie y ensangrentando el llano”. Y luego lo publiqué, fue rechazado, lamento decir, por un diario cuyo nombre no tengo razón alguna para recordar aquí, pero fue luego publicado en la revista Sur.

Este no es meramente un poema histórico, sino que cuando lo escribí, sentí que yo estaba expresando lo que todos sentíamos, sentí que yo estaba expresando lo que todos sentíamos, porque en nuestro país había sobrevenido la dictadura,  nosotros todavía creíamos ser París o Madrid o Roma, pero la realidad es que éramos sudamericanos y en la Argentina había un dictador. Así que el poema dice: “Al fin me encuentro con mi destino sudamericano”. 

De manera que escribí este poema. Los versos describen la acción, los jinetes alcanzan al hombre al que perseguían, y el poema concluye con la muerte de éste. Tenemos un último verso, y ese último verso coincide con el último instante en la vida de ese hombre, cuando le cortan la garganta. Entonces, cuando escribí el verso “el íntimo cuchillo en la garganta” supe que había llegado al final, que ese era el último que debía escribir, ya que inmediatamente después, Laprida dejó de existir. Acaso encontró su camino hacia otro mundo —eso no podemos saberlo—, pero el poema tiene, creo, una cierta fuerza trágica, ya que termina cuando ese hombre muere. El último verso del poema coincide con su último pensamiento en la tierra. Ambas cosas —el poema y la vida del protagonista— concluyen al mismo tiempo.»

Poema conjetural

El doctor Francisco Laprida,
asesinado el día 22 de setiembre de 1829 por los montoneros de Aldao,
piensa antes de morir:

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.

Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me acecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca,
con jinetes, con belfos y con lanzas.

Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes,
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.

Pisan mis pies las sombras de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos
se ciernen sobre mí… Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.


Extraído de Jorge Luis Borges, Borges: el misterio esencialConversaciones en universidades de los Estados Unidos (Willis Barnstone ed.). Traducción de Martín Hadis, Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Sudamericana, 2021, pp. 125-127