Trobar clus: “La Edad Media: Castillos, mercaderes & poetas”

COLUMNA_JUAN-04
Podría decirse que el tercer tomo titulado “Castillos, mercaderes y poetas” (cuya atención se deposita entre los siglos XII y XIV, Baja Edad Media) resulta el más interesante en lo que respecta al desarrollo de la historia literaria. Ya desde los últimos años del siglo XII comienza el primer movimiento poético y cultural de la Europa Moderna: la lírica de los trovadores.

Este extenso y admirable trabajo, coordinado por Umberto Eco en colaboración con medievalistas expertos, reúne en cuatro tomos todas las esferas de un periodo histórico que abarcó más de un milenio.

Podría decirse que el tercer tomo titulado “Castillos, mercaderes y poetas” (cuya atención se deposita entre los siglos XII y XIV, Baja Edad Media) resulta el más interesante en lo que respecta al desarrollo de la historia literaria. Ya desde los últimos años del siglo XII comienza el primer movimiento poético y cultural de la Europa Moderna: la lírica de los trovadores. La explicación, además de estética, es en primera instancia estructural. El crecimiento de las ciudades, con el éxito de la clase mercantil, y el nacimiento de municipios y repúblicas marítimas son causa de la necesidad de una memoria compartida en la que se pueda apoyar la identidad de las comunidades ciudadanas. Dicho de otro modo, son los municipios los que se imponen como protagonistas culturales y autónomos por encima de los antiguos centros de poder, que solo escribían en latín. Porque si algo caracteriza a este período, tanto en las esferas de traducción, enciclopedismo, creación lírica y narrativa, es la irrupción de las lenguas vulgares.

Procedente de las cortes meridionales de Francia, la lírica de los trovadores en lengua vulgar occitana se impuso en Inglaterra, Suiza y Alemania, así como en el oeste de la península ibérica y al sur de Italia. Si bien las temáticas religiosas o de amor cortés implicaban para este tipo de lírica una continuidad con la tradición (Horacio, Ovidio y Virgilio), el tratamiento directo de la experiencia no puede desviarse de los hechos reales: los trovadores escriben sobre lo que viven, escriben sobre lo que ven. Y esto es algo muy propio de una estructura del sentir de una época que se percibe de forma similar en el campo narrativo entre los siglos XIII y XIV, verificable en una corriente decididamente real (Renart, Boccaccio, Chaucer) hasta en el teatro que, a partir del siglo XIII, hace un uso cada vez más frecuente de las lenguas vulgares, introduciendo además reproducciones más realistas, ambientadas en lugares profanos como la taberna.  

El recorrido literario que realiza el libro es realmente minucioso y en ningún momento estos ejes conductivos desaparecen. Así, retrata la vida y obra de Petrarca, como también la de los primeros trovadores italianos, uno de ellos Sordello, poeta que forjó sus versos en occitano.  

Uno de los capítulos que mejor ilustra el traspaso del modelo trovadoresco a la lengua vernácula en Italia, escrito por Guiseppe Ledda, muestra cómo se forjaron los cimentos de la gran obra literaria de la época, La divina comedia. Dante resultaría inexplicable sin pasar por la Escuela Poética Siciliana, donde poesía y música se separan en búsqueda de una “lengua vulgar ilustre” (escuela liderada por Giacomo de Lentini, inventor del soneto), de igual forma que los modos sículos toscanos (representados por Guittone de Arezzo, rimador que se acerca a las experiencias provenzales del trobar clus, estilo artificioso, rebuscado y oscuro, cuyo máximo representante es Arnaut Daniel) desplazaron sus esfuerzos lingüísticos al dialecto municipal del área toscana.  

Si bien Dante opta por forjar su máxima obra en lengua vulgar, no hay que pasar por alto su propia búsqueda estética “ilustre” que combinaba rasgos locales regulados por el latín, enriquecidos y ennoblecidos además con provenzalismos y galicismos de la tradición literaria.  

Este volumen, que incluye numerosos mapas y obras artísticas de la época, no deja de realizar analogías, incluso entre la historia de las artes visuales y la literatura: “Dante y Giotto, pilares del Medievo en el que el artista se afirma como personaje histórico, como una visión precisa de la religión y del mundo; y, en ámbitos más específicos, con una concepción renovada y subjetiva del espacio, de la naturaleza, de los sentimientos”. 



La Edad Media, III. Castillos, mercaderes y poetas / coord. de Umberto Eco. Traducción de José Andrés Ancona Quiroz, México : FCE, 993 p. | por Juan Arabia | Texto originalmente publicado en Revista Ñ (“De paseo por la Edad Media con Umberto Eco”, 2020-12-12)