Auto-Construcción-Facial (1919) | Mina Loy

Este extraño texto parece haber sido creado por Mina Loy para ofrecer servicios de prosopografía en un intento de generar ingresos. Se trata de uno de varios experimentos empresariales en los que intenta aplicar su conocimiento artístico.

Auto-Construcción-Facial (1919)

La cara es el símbolo más potente de nuestra personalidad. 

El adolescente posee contornos faciales en armonía con la condición su alma. Día a día los nuevos intereses y actividades de la vida moderna prolongan la juventud de nuestras almas, y día a día somos más conscientes de la necesidad de que nuestros rostros expresen esa juventud, por el bien de la lógica psíquica. Diferentes sistemas de belleza cultural han comprometido nuestro derecho inherente no sólo para “ser nosotros mismos” sino también para “vernos como nosotros mismos”, al producir un contorno facial en la mediana edad, que cumpla con la función de una “apariencia bien conservada”. Esta preservación de los músculos parcialmente distorsionados resulta ser, en el mejor de los casos, una mera y agradable parodia de a juventud. Ese sutil elemento del ridículo inherente a la transformación por el paso del tiempo, es la señal del desánimo que marca el camino de la evolución de la personalidad. Porque, ¿cuál es la finalidad de nuestra experiencia de vida, si está privada de una adecuada revelación estética en nuestro rostro? Un músculo distorsionado revela una ausencia fundamental de armonía en la auto-expresión, sin importar lo bien vestidos y arreglados que estén los hombres y las mujeres, cuan exquisitos sean los cuidados del cutis, o qué tan hermosa sea la expresión de los ojos, si la forma original de la cara (símbolo intrínseco de la personalidad) ha sido desdibujada por la transformación muscular, ha perdido el poder de comunicar a otros nuestra verdadera personalidad y toda expresión de sentimientos se ha cubierto de patetismo. Años de interés especializado en fisionomía, como artista, me han llevado al entendimiento del rostro humano, lo que me ha facilitado encontrar el principio básico de la integridad facial, su conservación, y de ser necesaria, su reconstrucción. 

Voy a instruir a los hombres y a las mujeres que sean inteligentes, y por un breve tiempo pacientes, para que se conviertan en amos de su destino facial. Entiendo al cráneo con su cubierta muscular como una esfera cuya superficie puede ser voluntariamente energizada. Y a los fundamentos de la belleza incrustados en las tres zonas inter-conectadas de energía circundante a esta esfera: los centros de control se encuentran en la base y en el punto más alto del cráneo. El control, por medio de la identidad de la voluntad consciente, con estos centros y zonas, puede ser perfectamente logrado con este sistema, que no contempla ningún tipo de higiene cutánea (dejemos el cuidado de la piel a los especialistas) excepto en lo que respecta al estímulo de la circulación que esta induce, de primordial importancia para la conservación de todos los tejidos. Mediante la Auto-Construcción-Facial las uniones de los músculos al hueso son revitalizadas, así como las encías y los originales contornos faciales son permanentemente conservados como una estructura en la que podemos sostenernos sin la ansiedad causada por los estragos del tiempo. Una estructura que la cultura del cutis realza en belleza en lugar de esforzarse por disfrazarla. 

Esto significa el renacimiento para la mujer de sociedad, el actor, la actriz, el hombre de servicio público, para todo aquel que lo desee. La iniciación a esta esotérica ciencia anatómica es cara, pero económica en resultado; por que pone a disposición de los individuos, un principio permanente por la independiente conservación de la belleza que, una vez dominada, se cuenta con un recurso constante y natural.

Auto-Facial-Construction (1919)

The face is our most potent symbol of personality.

The adolescent has facial contours in harmony with the condition of his soul. Day by day the new interests and activities of modern life are prolonging the youth of our souls, and day by day we are becoming more aware of the necessity for our faces to express that youthfulness, for the sake of psychic logic. Different systems of beauty culture have compromised our inherent right not only to “be ourselves” but to “look like ourselves”, by producing a facial contour in middle age, which does duty as a “well ­preserved appearance.” This preservation of partially distorted muscles, is, at best, merely a pleasing parody of youth. That subtle element of the ludicrous inherent in facial transformation by time, is the signpost of discouragement pointing along the path of the evolution of personality. For to what end is our experience of life, if deprived of a fitting esthetic revelation in our faces? One distorted muscle causes a fundamental disharmony in self­-expression, for no matter how well gowned or groomed men or women may be, how exquisitely the complexion is cared for, or how beautiful the expression of the eyes, if the original form of the face (intrinsic symbol of personality) has been effaced in muscular transformation, they have lost the power to communicate their true personalities to others and all expression of sentiment is veiled in pathos. Years of specialized interest in physiognomy as an artist, have brought me to an understanding of the human face, which has made it possible for me to find the basic principle of facial integrity, its conservation, and, when necessary,  reconstruction.

I will instruct men or women who are intelligent ­­and for the briefest period, patient,­ to become masters of their facial destiny. I understand the skull with its muscular sheath, as a sphere whose superficies can be voluntarily energized. And the foundations of beauty as embedded in the three interconnected zones of energy encircling this sphere: the centers of control being at the base of the skull and the highest point of the cranium. Control, through the identity of your conscious will, with these centers and zones, can be perfectly attained through my system, which does not include any form of cutaneous hygiene, (the care of the skin being left to the skin specialists) except in as far as the stimulus to circulation it induces, is of primary importance in the conservation of all the tissues. Through Auto-­Facial-­Construction the attachments of the muscles to the bones are revitalized, as also the gums, and the original facial contours are permanently preserved as a structure which can be relied upon without anxiety as to the ravages of time. A structure which complexion culture enhances in beauty, instead of attempting to disguise.

This means renascence for the society woman, the actor, the actress, the man of public career, for everybody who desires it. The initiation to this esoteric anatomical science is expensive, but economical in result; for it places at the disposal of individuals, a permanent principle for the independent conservation of beauty to which, once it is mastered, they have constant and natural resource.