Sátira XV, vv. 131-147 | Juvenal

Juvenal (Decimo Iunius Iuvenalis) nace un 10 de Junio del 55 y muere entre el 135 y 140. Estudió retórica y elocuencia bajo Domiciano, Nerva y Trajano hasta poco después del año 100. Se cree que fue exiliado en el período de Domiciano. Parece haber estado lejos de la vida política en su estancia en Roma. Compuso 16 sátiras, divididas (quizás por él mismo) en cinco libros: el segundo consiste únicamente en la larga sátira 6a, contra las mujeres. Los fragmentos descubiertos en 1899 en la biblioteca Bodleian de Oxford pertenecen a la sexta sátira, cuya autenticidad es, sin embargo, cuestionada por algunos estudiosos. Las sátiras ciertamente no pudieron publicarse mientras vivió Domiciano, es decir, hasta el año 90: probablemente vieron la luz entre 101 y 132. La aversión de Juvenal a todas las formas de tiranía e injusticia lo llevó a dirigir su sátira sobre todo contra los aristócratas y los ricos, contra los libertos que habían llegado al poder y contra todos los extranjeros en general, especialmente contra los griegos y los orientales. Pero la mayoría de los personajes víctimas de sus flechas estaban muertos cuando las escribió. Las sátiras de Juvenal están llenas violencia, invectiva y declamación, huellas que indican la influencia de Lucilius, Horatius y Martialis y los estudios de la retórica. Su lenguaje es rico en imágenes con cierto color arcaico, con un uso extenso de helenismos. No tuvo muchos admiradores en principio por sus arcaísmos y por el progresivo oscurecimiento de la conciencia moral pagana. Alcanzó su fama en el último período del Imperio, cuando la poesía latina volvió a sus grandes modelos. Durante la Edad Media fue uno de los más leídos, incluso en las escuelas, especialmente por sus frases morales (algunas de ellas se convirtieron en modismos habituales incluso en la actualidad: panem et circenses; hoc volo, sic iubeo; quis custodiet ipsos custodes?). Dante lo situó en el Limbo con los más grandes poetas y Petrarca lo menciona muy a menudo. El humanismo divulgó ampliamente su obra. En el siglo XVII los poetas satíricos italianos se inspiraron en su vehemencia y también Alfieri en sus Sátiras.

Sátira XV, vv. 131-147

[…]
La naturaleza confiesa haber dado
al género humano corazones blandísimos,
porque nos entregó las lágrimas.
Esta es nuestra parte óptima: el sentimiento.
Por ello, incita a llorar por la miseria
de un amigo caído como reo en un juicio,
ante un pupilo que denuncia a su tutor,
cuyo rostro se desagua en lágrimas,
dejando inciertos sus cabellos de niña.
Lloramos cuando el imperio de la naturaleza
nos hace hallar el funeral de una virgen
o cuando la tierra sepulta a un niño
demasiado pequeño para el fuego de la pira.
¿Quién es tan digno y bueno para creer que,
cual Ceres, no hay desgracia para sí?
Esto nos separa de las bestias mudas,
y, por ende, tuvimos la suerte de ser capaces
de tener el ingenio de las divinidades,
aptos para inventar y ejercitar las artes,
recibimos el sentimiento desde el castillo de los cielos,
del que carecen cuyos rostros miran a la tierra.
[…]

Satira XV, vv. 131-147

[…]
mollissima corda
humano generi dare se natura fatetur,
quae lacrimas dedit. haec nostri pars optima sensus.
plorare ergo iubet causam dicentis amici
squaloremque rei, pupillum ad iura vocantem
circumscriptorem, cuius manantia fletu
ora puellares faciunt incerta capilli.
naturae imperio gemimus, cum funus adultae
uirginis occurrit uel terra clauditur infans
et minor igne rogi. quis enim bonus et face dignus
arcana, qualem Cereris uolt esse sacerdos,
ulla aliena sibi credit mala? separat hoc nos
a grege mutorum, atque ideo uenerabile soli
sortiti ingenium diuinorumque capaces
atque exercendis pariendisque artibus apti
sensum a caelesti demissum traximus arce,
cuius egent prona et terram spectantia.
[…]


Extraído de Decimo Giunio Giovenale. Satire. Biblioteca Universal Rizzoli, Italia, 1976 | Traducción de Mario Chávez Carmona | Buenos Aires Poetry, 2021