El Gólem de Borges | Víctor Toledo (ensayo)

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EL GÓLEM DE BORGES

Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de ‘rosa’ está la rosa
y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.
Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo
«esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga.»
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. ‘¿Cómo’ (se dijo)
‘pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?’

‘¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?’

En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

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Borges considera este su mejor poema, coincidía con su mejor amigo Adolfo Bioy Casares, el poema fue escrito en 1958 y está estructurado musicalmente en estrofas de endecasílabos con la rima cara a este gran poeta pero sobre todo narrador: ABBA, o sea una cuarteta, acentuados generalmente en sílabas intermedias y pares (4, 6, 10), abundan los versos heroicos (2, 6, 10) de ritmo llano, equilibrado y uniforme, y sáficos (ritmo lento, sosegado). Así el poema que canta, cuenta y reflexiona equilibradamente según la “humilde” visión borgeana de inclinación negativa.

Es un poema “patético y humorístico” dijo, y en su ironía suprema sobre el mundo y la creación, sobre Dios y el Ser: refleja –da a entender- el error del Dios al crear al hombre, éste al Gólem y por tanto el poeta al poema, el poema es un texto imperfecto como la creación, es un Gólem (arquetipo de imperfectura), según esta argumentación.

Así nos recuerda el fracaso de la ciencia con Frankestein, que sería un Gólem moderno contra el positivismo y la ciencia o la crítica heideggeriana contra la enajenación de la tecnología. Pero sobre todo nos trae a la memoria la aversión de Borges a la reproducción humana hasta en los espejos, él no tuvo hijos y no creía en Dios, aunque aceptaba o gustaba de la idea divina natural de Spinoza, su filósofo favorito que, por otra parte, tampoco decía nada nuevo aunque su argumentación fuera brillante y conocedora profunda, tanto de la mística judía como de la ciencia y las matemáticas.

Sin embargo, su poema no tiene errores, menos errores graves o catastróficos como para causar una inundación en estas páginas y en la ciudad. Ni destrozos en la orografía de la ortografía o viceversa.

Estructuralmente digamos que es casi perfecto, el ritmo endecasílabo arroja una narración llena de suspenso como un redondo cuento, no me atrevo a decir que es absolutamente perfecto porque contiene, a mi modo de ver, una leve falla rítmica cacofónica: 

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,

Esta repetición hace sorda la estrofa y la tropieza mentalmente, le resta imaginación o recurso lingüístico, no funciona positivamente, aunque se entiende la idea de desvanecer aún más el sentido vago de la historia. Por el contrario, tiene magníficos versos sinestésicos:

o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.

Los acentos en las vocales fuertes, hacen que el verso gire en las volutas huecas de la genuflexión zalamera del Gólem, caen los acentos golpeando la segunda, la sexta y la décima sílaba, dando un gran equilibrio redondo al verso, redondeando, girando dinámicamente, su sonido. Igualmente, la primera estrofa es magistral:

Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de ‘rosa’ está la rosa
y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’.

Y todo el Nilo en el hilo dorado de estos versos (que recuerdan “La muerte de Narciso” de Lezama Lima: Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo), desde una perspectiva cabalística, desde la imagen, igualmente de su Aleph. Y la segunda estrofa sintetiza perfectamente la mística cabalística del Zohar:

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Ahora, más que de los griegos, el origen de la palabra como creadora del universo viene de los egipcios, de su poderosa magia demiúrgica. Los misterios de Osiris dan lugar al hermetismo (del sacerdote Hermes) y esto al orfismo (Orfeo es el gran mago griego), así al platonismo, al pitagorismo y todo esto al cabalismo.

En estas cosmovisiones, la materia no es necesariamente mala, sólo se debe espiritualizar a través del verso mágico y la escritura, la Cábala, su gematría, etc. tienen su raíz en la misteriosa y profunda mística egipcia.

Por un lado se comprende la ironía borgiana acerca del hombre y de la creación, estaba muy cerca la segunda guerra mundial, la terrible catástrofe judía, de la que al parecer su Dios ni se inmutó (los relatos de Isacc Bashevis Singer frecuentan constantemente esta ironía en grandes y hondas discusiones filosóficas y teológicas), y posteriormente llegó la dictadura argentina que Borges apoyó (el poema fue escrito en 1958 y el golpe militar se dio en 1962).

Pero el Gólem de Borges no coincide completamente, ni mucho menos en esencia, con el Gólem de la mística judía ni con su proposición salvadora o filosofía de Dios. Podemos entender que es la relectura creativa de Borges a partir de la leyenda popular del Gólem, y de la desvirtuación que hace Meyrink a partir de su famosa novela del mismo nombre “terrible”, pero está hablando de otro Gólem (o sólo de un fragmento menor de éste, aunque también importante pues señala el cuidado extremo que se ha de tener en la creación, la importancia del detalle, “Dios está en los detalles”, diría el gran arquitecto Le Corbusier). Un Gólem que por otra parte ya había reconfigurado en el imaginario irónico romántico Goethe (una pequeña falla tanto en el hechizo como en el poema es catastrófico, “la poesía es la más inocente y la más peligrosa de las ocupaciones, pero sólo poéticamente se puede vivir aquí en la tierra” diría Hölderlin, el poema del gran clásico Goethe tiene el mismo argumento de la leyenda del gran rabino Löw (Judá León, uno de los creadores de un Gólem), cuya estatua salvó a Praga de la destrucción de los nazis temerosos de su magia y conservó intacta su judería. El León además es el símbolo de Israel, por lo que la leyenda está llena de simbologías y despliegues sugerentes.

“El aprendiz de hechicero”, de Goethe (traducción Carlos Domingo) 

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EL APRENDIZ DE HECHICERO 

Hoy el viejo Gran Maestro

Hechicero se ha marchado 

Y su espíritu encantado 

Vivirá al arbitrio nuestro. 

Su palabra y ciencia 

Yo sé y su artificio, 

Obre su potencia 

Magia con mi auspicio. 

“Sea ondeante 

gran camino  

que a destino al agua llame 

y en torrentes abundantes 

al estanque se derrame!”.

 ¡Vieja escoba, sin demora 

Toma tu traje harapiento! 

Siempre has sido sierva, ahora 

Cumplirás mi mandamiento! 

En dos pies enhiesta,

 Surja una cabeza, 

Con el pote presta 

Tu trabajo empieza! 

“Sea ondeante gran camino 

que a destino 

al agua llame 

y en torrentes abundantes 

al estanque se derrame!”. 

Ved, ya corre orilla abajo, 

Ya en el río está realmente,

Y cual rayo en su trabajo 

Aquí está con su torrente, 

¡Por el tobo henchido 

va por vez segunda!

¡Todo llena el ruido 

del agua que inunda! 

¡Ya! ¡No tanto! 

¡Para! ¡Quieto! 

¡Ya tu objeto 

Has acabado!

Pero veo que… 

¡Oh, que espanto! 

¡La palabra me he olvidado! 

La palabra que sin mora

Ende Lo que es, como antes deja. 

¡Ay, ya corre y trae ahora! 

¡Vuelve a ser la escoba vieja!  

Besen! Siempre nuevos bríos

La vuelven aquí, 

¡Ay! cientos de ríos caen ya sobre mí. 

No, no puedo

Más dejarla; 

Sujetarla

Ya es de urgencia  

¡Su perfidia causa miedo! 

 ¡Que mirada, que apariencia! 

Oh! Tu, engendro del infierno 

¿Inundar la casa intentas? 

Del umbral hacia lo interno 

Corren de aguas las tormentas. 

¡Ah! por más que clame 

No quiere escuchar. 

¡Fuiste escoba infame 

A eso has de tornar! 

¿Fin no espera 

tal exceso? 

Ya te apreso, 

Ya reposa,  

Esta vieja ágil madera

Partirá el hacha filosa. 

Vedla, vuelve ya arrastrada! 

Ved como ahora la aniquilo. 

Pronto, engendro, serás nada; 

¡Cruje y corta el terso filo! 

! ¡Bien! ¡bravo destrozo!

¡deshecha te miro! 

¡ya tengo reposo 

ya libre respiro! 

¡Ay, horror!

De cada parte 

nace aparte  

un nuevo ser 

todas se alzan con vigor 

¡Ayudadme Gran Poder! 

¡Por la sala y la escalera 

Corren todas empapadas 

el torrente se exaspera!

¡Oye Mago mis llamadas!  

¡llega sin demora! 

¡al genio cruel, 

Llamé y no sé ahora, 

Liberarme de él!

“Al rincón 

escoba inquieta 

queda quieta! 

pues lo nuestro 

es llamarte con razón 

por el viejo Gran Maestro”. 

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La creación del Gólem por un rabino que había alcanzado el conocimiento superior y la más alta magia, no era por soberbia, sino por imitar el acto creador de Dios, desplegarlo y así ser como él, ser Él, el fin último de la religión judía. Por otro lado, en ocasiones, era por necesidad, el Gólem salvó a Praga dos veces, una de la furia del emperador Rodolfo II (1572-1612), por una acusación falsa, y otra del exterminio nazi. 

El Gólem, como un robot moderno (puesto que la luz viene de arriba hacia abajo perdiendo calidad y el Dios oculto es superior al Dios visible) se puede desactivar como un chip, en este caso con la permutación de la palabra clave, que al quitarle una letra a emet (verdad y creación primaria de la vida) se convierte en met, muerte. El error si se da, se puede corregir, la magia es útil, necesaria y buena, salvadora y posible. Es un recurso o un modo de ser como Dios, esencia del hermetismo, del orfismo y de la cábala. Se trata de romper el ciclo de las reencarnaciones para recobrar nuestro estadio divino, es el fin último de estas religiones incluyendo al budismo.

En el fondo el hombre es un Gólem, pero en el sentido bueno, en el desarrollo original de la creación, en un origen prístino, libre de pecado, en la intención más luminosa. Es una visión positiva no negativa como la borgiana. La creación y su despliegue en infinitas creaciones bondadosas, luminosas (no como el oscuro y temible Gólem de Meyrink) le da sentido al mundo, es nuestra misión.

El Gólem es en sí lo amorfo, en perfección, el embrión, como la esencia misma de la creación, su sentido, hemos llegado a colaborar en la creación divina del lado de la luz, para erradicar la oscuridad y el error primigenio que es el mal, en una dialéctica mística, somos parte de Dios así y somos el mismo Dios corrigiéndose perfeccionándose, en movimiento como en la estética de Bergson que considera que mientras el idealismo reina en el alma del artista el realismo se plasma poco a poco en la obra acabada. La obra para él, constituye el material estético de un universo de pura presentación y por tanto vía de acceso a la metafísica, la poética del Gólem va más allá: es el diálogo (con una axiología dialéctica, dinámica, de lo superior a lo inferior, de lo universal a lo particular y viceversa) directo con Dios. El Uni-verso es un solo Verso.

El Gólem por otra parte, independientemente de esta dialéctica que va de lo superior a lo inferior puede ir de lo inferior a lo superior (como el de la mística creadora del Zohar, de lo inferior también surge o lo superior, el matrimonio une la tierra y el cielo y forma la unidad, superando la contradicción de los opuestos como en al árbol de la vida, la arquitectura de las sefirot), por lo tanto puede ser dotado no sólo de habla sino hasta de alma. Aunque la advertencia de no cometer error en tal alta hechicería siempre se dio.

Vemos entonces que el Gólem de los libros sagrados judíos dista mucho en su complejidad del Gólem elemental de Borges. Muy iluminador es el capítulo “La idea del Gólem en sus relaciones telúricas y mágicas” de Sholem en su famoso libro La Cábala y su simbolismo (173-222, S.XXI, México, 2018).

En la magia simpática cabalista, no en la simpática magia del poema de Borges, la creación del Golem es oposición e imitación, Adam fue hecho con la mejor tierra (adama), el Golem nace del más puro limo del río, los dos regresan en su momento a la tierra, todo viene del mismo Nombre de Dios, de su secretas letras, el mismo Origen. Adam, los cuatro elementos, las cuatro direcciones terrestres, “es designado en un determinado momento de su creación como Gólem”, es “lo informe, lo amorfo”. En un Midrás de los siglos II y III Adam es un Gólem cósmico, del tamaño del universo. “Mientras que Adán empequeñeció, partiendo del gigantesco Gólem cósmico hasta transformarse en una figura corriente, este Gólem experimenta quizá una tendencia –según la ley terrestre que lo domina- hacia la primitiva figura de Adán” (220). No hay separación entre la capacidad creadora de Dios y la del justo libre de pecado, pues todo lo creado procede del Nombre de Dios. Nombre secreto sincronizando el micro y macrocosmos. Desde este sentido el hombre es un Gólem carente de habla, sólo el gran rabino, el poeta puro (como profeta traductor de los signos y designios de Dios) puede hablar la lengua de Dios. “El Gólem no es, por tanto, un ser carente de habla por naturaleza [de perfección y de alma], sino únicamente en las condiciones actuales, en las que ni siquiera el alma de los justos puede ser calificada de pura” (210).

Un día  “ibn Gabirol –el famoso poeta y filósofo del s. XI- […] creo una mujer que [amaba y] le servía”. (217). El Gólem, dice Sholem, “en un docto lugar de su volumen”, “puede ser interpretado como símbolo del alma o como símbolo del pueblo judío, y desde ambas perspectivas son formulables afirmaciones importantes” (222).

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Jorge Luis Borges retratado por Daniel Mordzinski.