la última generación | Charles Bukowski

 Pese a lo autorreferencial en su ficción, y pese a que se trata de un autor más conocido por sus novelas y cuentos, Charles Bukowski dedicó gran parte de su vida a la poesía, escribiendo y publicando más de veinte libros en el género desde 1959 hasta el día de su muerte. A diferencia de la atmósfera que prevalecía aún como corolario de la influencia de la Nueva Crítica, y la convergencia posterior de la Escuela de Nueva York (John Ashbery y Frank O’Hara, entre otros), es decir, de una poesía llena de giros, revisión y trabajo; Bukowski planteaba que los poemas “tenían que salir de la misma forma que sale un vómito a la mañana luego de una borrachera”.

El siguiente poema, incluido originalmente en la colección War All the Time, Bukowski se refiere a la Generación Perdida (Lost Generation), conformada por autores a los que admiraba mucho, como Ezra Pound, Ernest Hemingway, James Joyce y H.D., entre muchos otros.

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la última generación

era mucho más fácil ser un genio en los años veinte, había
sólo 3 o 4 revistas literarias y si te metías en ellas
4 o 5 veces podrías terminar en el salón de Gertie
posiblemente podrías encontrarte con Picasso para tomar una copa de vino, o
tal vez sólo con Miró.

y sí, si enviabas tus cosas con matasellos desde París
las posibilidades de publicación eran mucho mejores.
la mayoría de los escritores terminaban sus manuscritos con la
palabra «París» y la fecha.

y con un mecenas había tiempo para
escribir, comer, beber y conducir a Italia, y a veces
a Grecia.
era bueno ser fotografiado con otros de tu especie,
era bueno verse arreglado, enigmático y delgado.
las fotos tomadas en la playa eran geniales.

y sí, podrías escribir cartas a los otros 15
o 20
quejándote de esto o de aquello.

podrías recibir una carta de Ezra o de Hem; A Ezra le gustaba
dar indicaciones y a Hem le gustaba practicar sus escritos
en las cartas cuando no podía hacer lo otro.

era un gran juego romántico en aquel entonces, lleno de la furia del
descubrimiento.

ahora,
ahora somos muchos, cientos de revistas literarias,
cientos de imprentas, miles de títulos.

¿quién va a sobrevivir de todo este estiércol?
resulta casi impropio preguntarlo.

vuelvo, leo los libros sobre la vida de estos chicos
y chicas de los años veinte.
si ellos fueron la Generación Perdida, ¿entonces cómo nos llamarías?
aquí sentados, entre las ojivas con nuestras máquinas de escribir
con tacto eléctrico.

¿la Última Generación?

preferiría estar Perdido a ser el Último, pero leo estos libros sobre
ellos
y siento generosidad y dulzura

mientras leo sobre el suicido de Harry Crosby en su habitación de hotel
con su puta
eso me parece tan real como el grifo que ahora gotea
en el lavabo de mi baño.

me gusta leer sobre ellos: Joyce ciego y merodeando
por las librerías como una tarántula, decían.
Dos Passos con su noticiero recortado usando una cinta de
mecanografiar rosa.
D.H. Caliente y cabreado, H.D. siendo lo suficientemente inteligente para usar
sus iniciales, que parecían mucho más literarias que Hilda Doolittle.

G. B. Shaw, establecido desde hace mucho tiempo, tan noble
y tonto como la realeza, carne y cerebro convertidos en mármol. un
aburrimiento.

Huxley paseando por su cerebro con gran júbilo, discutiendo
con Lawrence que la gloria no estaba en el estómago ni en las pelotas,
sino en el cráneo.

y ese patán de Sinclair Lewis saliendo a la luz.

mientras tanto
terminada la revolución, los rusos no fueron liberados y
murieron.
Gorky sin nada por lo que luchar, sentado en una habitación tratando
de encontrar frases para alabar al gobierno.
muchos otros quebrantados por la victoria.

ahora

ahora somos muchos,
pero deberíamos estar agradecidos, porque en cien años
si el mundo no se destruye, piensa cuánto
quedará de todo esto:
nadie realmente capaz de fracasar o tener éxito — sólo
mérito relativo, disminuido aún más por
nuestra superioridad numérica.
todos seremos catalogados y archivados.
está bien . . .

aunque para mí, los años veinte se centraron principalmente en que Hemingway
saliera de la guerra y comenzara a escribir.

todo era tan simple, todo era tan deliciosamente claro

ahora

somos muchos.

Ernie, no tenías idea de lo buenas que habían sido
esas cuatro décadas luego de que te volaras la cabeza
en el jugo de naranja

aunque
te concedo
que no fue tu mejor trabajo.

the last generation

it was much easier to be a genius in the twenties, there were
only 3 or 4 literary magazines and if you got into them
4 or 5 times you could end up in Gertie’s parlor
you could possibly meet Picasso for a glass of wine, or
maybe only Miró.

and yes, if you sent your stuff postmarked from Paris
chances of publication became much better.
most writers bottomed their manuscripts with the
word “Paris” and date.

and with a patron there was time to
write, eat, drink and take drives to Italy and sometimes
Greece.
it was good to be photo’d with others of your kind
it was good to look tidy, enigmatic and thin.
photos taken on the beach were great.

and yes, you could write letters to the 15 or 20
others
bitching about this and than.

you might get a letter from Ezra or from Hem; Erza liked
to give directions and Hem like to practice his writings
in his letters when he couldn’t the other.

it was a romantic grand game then, full of the fury of
discovery.

now
now there are so many of us, hundreds of literary magazines,
hundred of presses, thousands of titles.

who is to survive of all this mulch?
it’s alomost improper to ask.

I go back, I read the books about the lives of the boys
and girls of the twenties.
if they were the Lost Genereration, what would you call us?
sitting here among the warheads with our electric-touch
typewriters?

the Last Generation?

I’d rather be Lost than Last but as I read these books about
them
I feel a gentleness and a generosity

as I read of the suicide of Harry Crosby in his hotel room
with his whore
that seems as real to me as the faucet dripping now
in my bathroom sink.

I like to read about them: Joyces blind and prowling the
bookstores like a tarantula, they said.
Dos Passos with his clipped newscast using a pink type-
writer ribbon.
D.H. Horny and pissed off, H.D. Being smart enough to use
her initials which seemed much more literary tha Hilda
Doolittle.

G. B. Shaw, long established, as noble and
dumb as royalty, flesh and brain turning to marble. A
bore.

Huxley promenading his brain with great glee, arguing
with Lawrence thay it wasn’t in the belly and the balls,
that the glory was in the skull.

and that hick Sinclair Lewis coming to light.

meanwhile
the revolution being over, the Russians were liberated and
dying.
Gorky with nothing to fight for, sitting in a room trying
to find phrases praising the government.
many others broken in victory.

now

now there are so many of us
but we should be grateful, for in a hundred yeaas
if the world is not destroyed, think, how much
there will be left of all of this:
nobody really able to fail or to succeed – just
relative merit, diminished further by
our numerical superiority.
we will all be catalogued and filed.
all right . . .

if you still have doubts of those other golden
times
there were other curious creatures: Richard
Aldington, Teddy Dreiser, F. Scott, Hart Crane, Wyndham
Lewis, the
Black Sun Press.

but to me, the twenties centered mostly on Hemingway
coming out of the war and beginning to type.

it was all so simple, all so deliciously clear

now

there are so many of us.

Ernie, you had no idea how good it had been
four decades later when you blew your brains into
the orange juice

although
I grant you
that was not your best work.

Extraído de Charles BUKOWSKI, The Pleasures of de Damned, Poems 1951-1993, HarperCollins, NY, 2007, pp. 383-386. Traducción de Juan Arabia | Buenos Aires Poetry 2021